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«El machismo se ha quitado la careta»

El surgimiento de partidos contrarios a la Ley de Violencia de Género centra las reclamaciones del último Lunes Sin Sol en Botines, que reclama un cambio en los hombres «porque son los que cometen los asesinatos»

Concentración frente a Botines de los Lunes Sin Sol. / Inés Santos
N. BARRIO León

Aseguran que no es una lacra pasajera, sino un grave problema de primer nivel existente a lo largo de la historia sufrido por las mujeres. Un lunes más, los colectivos feministas y sociales de la capital, acompañados de algunos rostros de la política local han vuelto a clamar en Botines en otro Lunes Sin Sol contra la violencia machista que en 2019 sigue asesinando. Un problema social cuya solución según algunos de los concentrados pasa por «concienciar a los hombres, que son los que tienen que cambiar, las mujeres son las que lo sufren. Si siguen siendo cómplices, no vamos a resolver el problema», explicaron.

Poniendo el foco sobre los pactos políticos de Andalucia, en los que aseguran que sobrevuela la sombra de derogar la Ley de Violencia de Género, los colectivos denunciaron que algunos partidos «se han quitado la careta». «Ahora están diciendo lo que no se atrevieron a decir, no vamos a permitir que nuestros derechos se negocien, no vamos a dar ni un paso atrás».

La lectura del manifiesto contó con el recuerdo a las víctimas y con una frase de Simone de Beauvoir: «No olvidéis nunca que bastará con una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres se cuestionen. Estos derechos nunca son adquiridos. Deberéis permanecer alerta durante toda vuestra vida».

El manifiesto

«Ante los furibundos ataques a las mujeres y la reacción misógina que estamos viviendo, nos obligan a posponer el manifiesto previsto y hoy tomando como referencia un artículo de Víctor Sánchez, queremos decir los siguiente:

Durante estos últimos días se ha podido ver compartida en las redes sociales una muy famosa frase de Simone de Beauvoir que dice lo siguiente:

«No olvidéis nunca que bastará con una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres se cuestionen. Estos derechos nunca son adquiridos. Deberéis permanecer alerta durante toda vuestra vida»

Y la verdad, es que si hubiera dicho esta frase hace muy poquitas horas, o muy poquitos días, lo habría literalmente «clavado». Si hay algo que ha dejado al descubierto las negociaciones entre los partidos de la (extrema) derecha para formar el Gobierno Andaluz, es que los derechos de las mujeres, en cualquier momento, pueden verse amenazados, cuestionados e incluso retirados, a poco que el patriarcado más rancio, machista, misógino, racista y homófobo, se ponga las pilas.

Independientemente de que sean objetivos aparentemente pretendidos, o se consideren meros postureos, lo que vienen a dejar claro los avances de determinados posicionamientos políticos que se comienzan a entrever y a vislumbrar en el horizonte político nacional es lo siguiente:

No se trata solo de derogar la Ley de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género o de tumbar la Ley de igualdad efectiva entre mujeres y hombres.

Se trata de dejar bien a las claras, que los derechos «universales y humanos» de las mujeres no son ni mucho menos indiscutibles, ni por supuesto, adquiridos. Se trata de derechos en el mejor de los casos, usufructuados, pero no en plena propiedad.

Y por si no nos ha quedado meridianamente claro, para los «innombrables» y para quienes pactan y gobiernan con sus votos, estos derechos inalienables de las mujeres están, en importancia, por detrás (en su particular lista de prioridades) de los que ellos consideran «derechos» de la tauromaquia, de la caza, de las festividades de la Semana Santa, del folclore, del flamenco, y ¡¡¡hasta de la artesanía!!!. Ver para creer. Hasta este nivel de desfachatez llega su particular abanico ideológico.

De poco vale que la comunidad internacional considere las diferentes violencias sufridas por las mujeres como una pandemia de carácter mundial (según la ONU «… Al menos una de cada tres mujeres ha sufrido en algún momento de su vida violencia física o sexual, principalmente por parte de su pareja…»).

Que la Igualdad de Género sea uno de los principales Objetivos de Desarrollo Sostenible para un ya demasiado cercano 2030 (también, promovidos por las Naciones Unidas como meta para la consecución de una sociedad más equilibrada, igualitaria, ecológica y equitativa).

Que la Ley de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género aprobada en 2004 por unanimidad de todos los grupos parlamentarios, haya sido mencionada por ONU Mujeres, World Future Council y Unión Interparlamentaria como una de las mejores leyes y políticas del mundo que persiguen poner fin a la violencia ejercida contra las mujeres y las niñas y que el movimiento feminista exige ampliar a otras violencias que sufrimos las mujeres, como ya hizo Andalucía en 2018 para adaptarse al Convenio de Estambul, de obligado cumplimiento para el Estado español

Que sea una Ley avalada y consolidada en todos sus artículos por el Tribunal Constitucional (máximo órgano español que ejerce la función de supremo intérprete de la Constitución) y ratificada hace bien poquito por el Tribunal Supremo.

Que desde el año 2003 y según datos del Observatorio de Violencia Doméstica y de Género se han contabilizado 976 hombres que han asesinado a 976 mujeres con las que tenían relación de pareja o expareja, así como un total de 27 menores, utilizados por sus propios padres (hombres) con el único propósito de destruir a las madres (mujeres) en vida, sin necesidad de utilizar un arma. (Datos que desean ocultar e invisibilizar, cueste lo que cueste)

Que el año pasado se hayan registrado más de 166.000 denuncias por violencia contra las mujeres por motivos de género.

Que probablemente sea una cifra extremadamente corta si atendemos a que las denuncias llevadas a cabo solo corresponden a un más que exiguo 15-20% de los casos reales de violencia de género que pueden estar presentes en nuestra sociedad (con lo cual es muy probable que estemos en cifras anuales de alrededor de 600.000 casos de violencia contra las mujeres por motivos de género, solo en nuestro país).

Que las víctimas mortales de violencia de género sean solo la punta de un iceberg de una violencia estructural machista que busca la dominación, la subordinación y el control de los hombres sobre las mujeres, en todas las esferas tanto del ámbito público (acceso al trabajo, brecha salarial, techo de cristal, suelo pegajoso, feminización de la pobreza, acoso sexual, acoso por razón de sexo, acoso callejero) como del ámbito privado (del que tanto tiempo costó convertir lo «personal en político» y sacar a la luz un problema endémico como era la violencia ejercida del hombre hacia la mujer en las relaciones de pareja dentro del hogar).

La Violencia de Género como la muestra de máxima desigualdad entre hombres y mujeres.

Sin hablar de otros problemas tan dramáticos como el de la prostitución y trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual, de los matrimonios infantiles (que solo afectan a ellas, a las niñas), de la mutilación genital femenina (más de 200 millones de mujeres y niñas en la actualidad, a lo largo de todo el mundo, han sufrido esta práctica), de los crímenes de guerra que tienen a ellas, a las mujeres, como víctimas (a través de violaciones en masa que buscan castigarlas solo a ellas) propiciatorias de crímenes de lesa humanidad.

Ante todos estos argumentos de peso, nada.

Mentiras y datos falsos de individuos, partidos o grupos, todos ellos misóginos que buscan recomponer sus particulares miserias buscando al feminismo como enemigo al que dirigir su frustración.

Cifras y datos falsos que cuesta una enormidad hacer frente (ésa es la victoria pírrica, particular y deleznable que buscan conseguir).

Este es el precio que hay que pagar y el campo de batalla actual donde se desarrolla la guerra «entre sexos» que ellos sí que quieren estimular, apoyar y aprovecharse de él.

Está en juego mantener el estatus del patriarcado o conseguir definitivamente derribarlo.

En un momento clave en donde el feminismo (véase el pasado 8M y sus consecuencias y avances en la sociedad española y mundial) está teniendo un peso trascendental en su particular historia.

Estamos ante el cambio de sociedad más importante al que se enfrenta el mundo desde los tiempos de la Revolución Francesa (curiosamente, los tiempos en los que se inició el Feminismo tal y como lo conocemos hoy en día).

Está en juego la sostenibilidad de la sociedad actual.

La igualdad tal y como la entendemos las personas que reconocemos el sesgo androcentrista, patriarcal, sexista y machista que la historia ha ido acumulando a través de los siglos.

Está en juego la convivencia entre mujeres y hombres a un mismo nivel de igualdad.

Sin cadenas.

Sin desigualdades.

Sin menosprecios, sin violencias y sin discriminaciones por razón de sexo.

Que nadie olvide que el precio de la libertad de las mujeres no va a ser la muerte, ni el de la vida la sumisión».

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