El 'hogar' centenario de las semillas en León

El banco de semillas del Coto Escolar es el único de la Comunidad, junto al de Salamanca, dedicado a la conservación y preservación de las simientes | Gracias a un convenio con la Universidad de León que actualmente está parado, las semillas se congelan en las cámaras frigoríficas durante 100 años

Banco de semillas de León en el Coto Escolar. / S.Santos
Ana gonzález
ANA GONZÁLEZCoto Escolar, León

En una pequeña cabaña del Coto Escolar se esconde un tesoro de incalculable valor: el banco de semillas de León. Único en la provincia y de los pocos que hay en Castilla y León, nació en 2010 con la intención de convertirse en un referente en la conservación y preservación de semillas locales.

Teresa Santamarta, directora del Coto Escolar, apunta que todo surgió «a raíz de un premio que se concedió a la Concejalía de Medioambiente del Ayuntamiento de León sobre germoplasma». Desde 2010, el banco de semillas o germoplasma, como se denomina en el argot científico, cumple la función de conservar semillas que están casi extintas o que por algún motivo concreto vale la pena preservar.

El espacio, que se alimenta con placas solares, se divide en dos aulas; una destinada a las unidades didácticas que oferta el coto, en la que los niños aprenden a seleccionar, pesar y registrar las semillas, y otra en la que se trabaja realmente con las semillas como objeto de estudio.

Un convenio en 'stand-by'

Aquí es donde entra en juego la Universidad de León, que gracias a un convenio que se espera en los próximos años «implementar de forma real», como señala Estrella Alfaro, profesora del departamento de Botánica, se encarga de introducir las semillas, protegidas con algodones y sin rastro de humedad, en las cámaras frigoríficas que las conservan hasta 100 años.

Pero no todo es tan idílico: el banco lleva dos años sin funcionar de forma real, ya que no hay personal cualificado que trabaje de forma continuada en el banco. «El trabajo no es continuado porque no hay personal, pero la intención desde la Universidad y desde el propio Coto es que más pronto que tarde podamos rescatar el convenio y que funcione al 100%», apunta Marta Eva García González, profesora de botánica y responsable del herbario.

Cómo funciona el banco de semillas

En un banco de semillas o germoplasma se guardan las semillas en unas condiciones muy especiales de temperatura y luz para que sean viables durante muchos años. Especialmente se conversan las semillas o el material genético de especies amenazadas con el objetivo principal de:

- Conservación de semillas de especies y variedades

- Realización de estudios sobre biología reproductiva

- Identificación de las variedades genéticas

- Propagación 'in vitro' de especies amenazadas

- Reservorio de material genético vivo

El banco de semillas del coto escolar cuenta con una zona de conservación que alberga especies y una zona de trabajo donde se realizan talleres de germinación y divulgación de biodiversidad.

El más grande que hay en la tierra está en el Ártico, en una montaña de la isla noruega de Spitzbergen, cerca del Polo Norte, y hay casi un millón de paquetes de especies de semillas de todo el mundo.

Un primer contacto con la botánica

Hasta que la situación se resuelva, los niños que acuden al Coto tienen el 'control' del banco. Gracias a las unidades didácticas que se ponen en marcha cada verano, los pequeños tienen la posibilidad de tener un primer contacto con la botánica.

El trabajo de los niños en el aula es metódico y pautado por parte de los monitores que, como explica Cristina Álvarez, les enseñan a trabajar «como si estuvieran en un laboratorio de verdad». Para empezar, los 'pequeños científicos' tienen que rellenar una ficha para registrar y contar las semillas con las que trabajan. Después, las pesan en unas básculas científicas y las preparan para que se proceda a congelarlas y conservarlas en las cámaras frigoríficas.

«Las semillas se meten en silicagel, un producto indicador de humedad», explica la monitora. Entre algodones superpuestos al producto químico se protegen las semillas, y si el silicagel no cambia de color en un tiempo, es señal de que no hay humedad. El último paso es meterlas en tarros para su congelación, lo que las permite preservarlas entre 80 y 100 años.

Para los niños la actividad «es única, ya que tienen la posibilidad de trabajar de forma directa con las semillas y tener un primer contacto directo con el mundo de la biología y la química», señala Teresa Santamarta.

Con el deseo que albergan desde la Universidad y el Coto de implementar el espacio de una forma real para llevar a cabo un trabajo científico y de nivel, el banco de semillas permanece como un pequeño secreto escondido en el Coto que alberga el germen de las especies locales más especiales.