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Historias con nombre propio

leonoticias presenta cinco historias de superación protagonizadas por perros que viven en la Protectora de Animales de León

'Chiquito' en la Protectora de Animales de León. / I.Santos
ANA GONZÁLEZLeón

Se dice que es el mejor amigo del hombre, ese compañero fiel, leal y desinteresado que siempre está a su lado y al que muchos consideran uno más de la familia. Aun así, son muchas las ocasiones en las que la única recompensa que se le ofrece a ese amigo tan sincero es el maltrato y el abandono.

Para conmemorar el Día Mundial del Perro que se celebra cada 21 de julio, leonoticias se ha trasladado a la casa de todos estos juguetes rotos que buscan una segunda oportunidad en una familia de verdad en la Protectora de Animales de León.

  • 1

CONGO

Estar con Congo es estar con la alegría y la energía en forma de perro. Bien lo sabe su cuidadora Bárbara, que se enamoró de él la primera vez que le vio.«Fue un flechazo desde que lo pasee en invierno, cuando se puso a jugar con mi gorro», recuerda la voluntaria mientras juega en el patio con Congo y rememora la tarde que pasaron en el parque de San Francisco, donde se convirtió en el mejor juguete de los niños.

Niños y gente activa es precisamente el tipo de dueños que buscan desde la protectora para Congo, ya que «es como un cachorro y solo quiere jugar y jugar y es ideal para niños y gente a la que le guste hacer deporte». Ya ha vivido una adopción fallida precisamente porque fue a un piso y «con toda su energía en un apartamento se vuelve loco».

La historia de Congo es como la de tantos otros perros que acaban abandonados por las calles de León. «Le dejaron atado a una farola en la Serna», señala Bárbara mientras Congo no para de interrumpir la charla reclamando atención. «Es que es muy juguetón», le excusa su cuidadora, con el deseo de que pronto encuentre una casa y una familia que comparta tardes de juegos con él.

Congo, el perro juguetón.
Congo, el perro juguetón. / A.G.
  • 2

CHIQUITO

Se llama Chiquito, pero su nombre no hace honor a su tamaño. Este mastín leonés de 70 kilos con una historia muy peculiar vive una vida de «abuelete» a sus diez años. Apodado el «transexual» es macho, pero vive en el patio de las hembras por una operación grave que sufrió hace un año y medio y por la que perdió el pene. «Un día por la mañana llegó la trabajadora y le notó que andaba encobrado y con dolor, por lo que fuimos a urgencias al veterinario por la noche. Se le había fracturado el pene y hubo que operarle de urgencia y amputárselo y se le hizo un apaño para que pudiese mear por si solín», relata Sara, una de las trabajadoras.

Chiquito llegó a la protectora hace unos cinco años caminando solo, sin chip ni ninguna identificación. Tras una adopción fallida porque «se escapaba de la finca donde vivía constantemente», volvió a la protectora, donde vive desde entonces.

Al problema que padece, hay que sumarle la artrosis típica de la edad, pero Sara reconoce que, «a pesar de lo grave de la operación y de que no nos daban muchas esperanzas, ha aguantado como un campeón y nosotros intentamos darle, con los recursos que tenemos, la mejor vida posible».

Chiquito junto con su cuidadora Sara.
Chiquito junto con su cuidadora Sara. / A.G
  • 3

NALA

Nala no conoce otra vida que no sea en la protectora. Hace siete años, cuando solo era una cachorra, la abandonaron junto con sus cuatro hermanos, que ya han sido adoptados, en el rastro de León y desde entonces vive en la protectora. «No entendemos cómo sigue aquí porque es un amor», se lamenta Sara, aunque resalta que «se lleva muy bien con todas sus compañeras y, aunque es un poco tímida, a los cinco minutos de estar con cualquiera es un cielo».

Nala, hembra mestiza con rasgos de pastor alemán, recuerda con miedo su pasado al ver cualquier tipo de cuerda o correa, aunque el pánico es momentáneo y lo supera cuando le muestran un poco de cariño y confianza.

Sus siete años echan atrás a muchas familias que visitan la protectora en busca de un perro para adoptar, pero como recuerda Sara, entre caricias y mimos «al final la edad solo es un número».

Nala en el patio jugando.
Nala en el patio jugando. / A.G
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POLI

Hace un año y medio la Protectora de León recibió una llamada tan triste como inaudita. La Policía Local había recibido el aviso de una vecina que alertaba de que un perro llevaba varios días en un piso encerrado con su dueño que acababa de fallecer. Ante la trágica situación, una de las voluntarias del centro se acercó al domicilio porque el animal no quería salir de allí, y no dejaba a nadie acercarse a él: tenía miedo.

Ese perro es Poli, un pastor alemán de 11 años que ahora vive en la Protectora de León, donde poco a poco, ha ido cogiendo confianza con sus cuidadores, aunque le cuesta socializar con el resto de perros. «No es muy sociable con perros y gatos, pero sí con la gente», asegura Sara, que apunta que «cuando coge confianza es muy bueno».

A sus 11 años Poli sufre problemas de cadera «como buen pastor alemán» y tiene el estómago delicado, por lo que toma una dieta especial, aunque «su debilidad son las salchichas y por ellas hace lo que sea», comentan entre risas Sara y Ana, otra de las responsables del centro.

El «abuelete», como le llaman cariñosamente en el centro, es un perro «de sofá, manta y paseito», por lo que desde la protectora buscan «una acogida indefinida o un adoptante que entienda que es un perro mayor que solo quiere dormir y que le den de comer».

Poli en el patio de la protectora.
Poli en el patio de la protectora. / A.G
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CORAL

Coral recibe visitas desde su pequeña caseta en el patio de hembras de la Protectora de León tumbada sobre un colchón y arropada con una manta. A Coral no le gustan mucho las visitas, porque los humanos han hecho que sienta temor a cualquier persona que se le acerque. «Al principio no quería salir, no había manera de sacarla y no interactuaba con el resto de perros del patio», apunta Sara, destacando que «aunque parezca mentira ha avanzado muchísimo».

La mastina llegó a la protectora hace un año acompañada de un montón de cachorros y 'Rubio', que también sigue en el centro. Procedían de Canalejas, lugar al que se desplazaron los trabajadores de la protectora tras una llamada del Ayuntamiento de Villaquilambre, alertando de que había «unos cuantos mastines que viven de forma semisalvaje».

Aunque el miedo que le produce la presencia de desconocidos le paraliza en un principio, sus cuidadores aseguran que «en cuando tiene un poco de confianza cambia la cara de pánico y da gusto ver cómo va avanzando poco a poco».

Apodada «la mastina trepadora» por su afición a saltar muros, busca unos dueños responsables que sepan respetar y entender su miedo y que sean capaces de darle la confianza que necesita para que vuelva a ser ella misma.

Coral en su caseta en la Protectora de León.
Coral en su caseta en la Protectora de León. / A.G