«No entiendo que el que me atropelló se diera a la fuga, me da una rabia horrible»

Jesús Antonio Ochoa vuelve a la rotonda de la LE-20 donde fue atropellado el pasado sábado mientras iba en bicicleta. Además de las lesiones, duele la injusticia ante la impunidad con la que actuó el conductor fugado

Jesús Antonio, en la rotonda donde fue atropellado. / Sandra Santos
NACHO BARRIO Villaobispo de las Regueras

Jesús Antonio entra en el coche con dificultad. Con el brazo escayolado cualquier rutina diaria se convierte en un reto. Con calma se pone el cinturón en el asiento de atrás y se prepara para volver al lugar donde, en apenas un segundo injusto, cambió su vida.

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A lomos de su bicicleta, el joven de 25 años salió de casa con el objetivo de hacer una pequeña ruta de tarde. Pasaban las dos de la tarde cuando entró en la rotonda de la LE-20 a la altura de Villaobispo de las Regueras. Señalizó sus intenciones y, cuando se encontraba tomando la curva, un coche que entraba procedente de La Granja le embistió con fuerza tirándole de la bici unos metros más allá. Él se quedó tirado en el suelo. El conductor se fugó.

«Creo que me golpeó un Ópel azul, pero con el impacto no pude reaccionar rápido. Se formó un gran lío y el resto de conductores me auxiliaron y me llevaron a la acera», recuerda Jesús Antonio Ochoa en la rotonda. Aquellos minutos se quedaron grabados a fuego. «Una señora gritó y fue la primera que llamó al 112, pero estuve esperando cerca de veinte minutos a los agentes y a la ambulancia».

Cuenta el rosario de heridas de carrerilla. «Tengo rota la cúpula radial, diversas quemaduras por la pierna, por el glúteo y por el hombro, donde tengo un poco de dislocación. También me golpee la cabeza pero menos mal que llevaba casco, aunque ahora tengo que tomar pastillas para dormir porque no aguanto el dolor», confiesa Jesús Antonio.

Pero aunque duelen, hay algo que supera a las heridas: la rabia. «El conductor que me atropelló no hizo ni el amago de detenerse, con el peligro de dejarme en medio de la rotonda donde me quedé tirado con la bici. Es una vergüenza y me da una rabia horrible».

El accidente frustra un verano prometedor. El joven tendrá que estar de baja, está a la expectativa de ver cómo hace una entrevista de trabajo prevista para el jueves y da por perdidos los planes con los que exprimir lo que queda de calor. «Me toca estar en reposo y no puedo hacer casi nada. Mi hermana me ayuda, pero no puede estar todo el día pendiente de mí», lamenta Jesús Antonio.

De fondo, una realidad. La impunidad que flota en el ambiente cuando ocurren accidentes de tráfico con ciclistas implicados. «Falta muchísima conciencia, la mayor parte de los ciclistas hacemos las cosas bien. Dicen que el ciclismo es un deporte de riesgo cuando no lo es, el riesgo lo provocan los coches».

Ahora, tras la pesadilla vivida, toca esperar a que la Guardia Civil pueda dar con el conductor fugado. Un objetivo en el que el joven pone de su parte preguntando a todos aquellos que pudieron ver algo, aunque el optimismo pasa por momentos complicados. «En este país si no te matan no pasa nada». Tampoco ayudan las cámaras cercanas, ya que según explica «la Policía dice que están apagadas. Nos dicen que están para cuidarnos pero están apagadas, es una vergüenza.»

Reposo para curar las heridas de la piel y los huesos, que no hará cicatrizar una indignación que tiene razones desde el sábado a las 14:00.

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