Cambio de «tablero» y mismo resultado en el eterno debate de las Cabezadas

Ceremonia de las Cabezadas.

leonoticias ofrece la ceremonia en la que el pueblo y el cabildo vuelven a protagonizar una discusión que dura ya siglos para intentar alcanzar un acuerdo sobre el foro u oferta de la ofrenda a San Isidoro

r.f.
R.F.León

Con el cambio de escenario, al pasar del claustro de San Isidoro al atrio de la basílica como telón de fondo, de nuevo, el pueblo de León y el Cabildo harán gala de su dialéctica para intentar alcanzar un acuerdo –hasta la fecha imposible- en la tradicional ceremonia de las Cabezadas.

Un eterno debate que ya dura siglos y que este domingo han protagonizado Pedro Llamas, en representación del Ayuntamiento, y José Luis Olivares, en nombre del Cabildo, y que leonoticias ha querido ofrecer.

La batalla dialéctica

Lo primero que ha tenido en cuenta el síndico ha sido ese «cambio de tablero de juego» y, aunque el cabildo jugaba 'en casa' la zona donde se celebraba este año es zona de limpieza y ornamento que cuida el pueblo de León.

El representante de San Isidoro justificó este cambio por las obras y recordó que ya son 40 generaciones las que han pasado por ahí para cumplir con el foro y entregar un cirio de un arroba bien pulido y dos hachas de cera.

Pedro Llamas, en nombre de la ciudad, ha recordado la película de 'Forest Gump' porque con el clero, «como con los bombones, no sabes lo que te vas a encontrar... aunque el licor usted lo lleva» y ha criticado la falta de apoyo del cabildo a la Capital Española de la Gastronomía porque «tienen una barrica de vino de más de mil años y no nos dieron ni a probar».

José Luis Olivares, por el cabildo isidoriano, recordó estos tiempos de elecciones y de esperanza para que lleguen tiempos nuevos, aunque muchos de ellos puedan repetirse, como el gesto del pueblo de León con su ofrenda «obligada» a San Isidoro por su milagro de 1158.

En la última réplica, el síndico hizo entrega al debatiente de un bastón y ha narrado «el milagro de Pedro Llamas», un sueño en el que se quemaba San Isidoro, «y quedaba peor que Notre Dame» y al día siguiente quedaba reconstruida. Una amenaza que el cabildo no ha dejado pasar porque «me ha entrado miedo y todo con la amenaza» y reconocía que el cirio no era para que ardiera el templo sino para que arda el corazón del pueblo de León en el interior de la basílica.

Acontecimiento original

La ceremonia de las Cabezadas conmemora el agradecimiento del pueblo leonés por la rogativa de lluvia en el año 1158, cuando la sequía acuciaba al campo. Los hechos se remontan al año 1158, cuando los leoneses decidieron sacar en procesión a los restos de San Isidoro como rogativa de lluvias, pero en Trobajo del Camino comenzó a llover de tal forma que quienes portaban al santo no pudieron con él y tuvieron que dejarlo en el suelo.

Entonces, la reina Doña Sancha permaneció tres días y tres noches orando y en ayuno, hasta que aparecieron cuatro niños que consiguieron portar de nuevo al santo y devolverle a su templo leonés, por lo que se ofrecieron un cirio y dos hachas de vela.

En agradecimiento por este y otros milagros que sucedieron después, la ciudad, representada por su Ayuntamiento, acude voluntariamente cada año a la Basílica de San Isidoro para ofrecer un cirio de una arroba y dos hachas de cera.