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Dos años y un gracias eterno

Agustín Risueño celebra dos años de 'A Cuchillo' agradeciendo a los clientes la confianza depositida | El maestro jamonero ofrece diferentes productos ibéricos, destacando el jamón cortado a mano como el más destacado

Productos de A Cuchillo. / Noelia Brandón
RUBÉN FARIÑASLeón

Pocos han sido los leoneses y visitantes que todavía no lo han descubierto… y catado. Se hace complicado pasar por la Calle Cervantes y no detener o girar la mirada hacia su escaparate.

A Cuchillo está de aniversario y de enhorabuena. Dos años celebran los instrumentos de este maestro jamonero.

Agustín Risueño y su negocio soplan las velas agradeciendo a sus clientes el mero gesto de haber cruzado su puerta. Nacido en Ciudad Rodrigo, Risueño ha vivido desde siempre vinculado al mundo del jamón. «Me salieron los dientes entre dehesas», asegura.

Recalaba en León hace 26 años, se considera un leonés más y aquí sus gentes han podido disfrutar de su destreza con los cuchillos. «Es una ciudad donde quiero impulsar la calidad, el servicio y el buen precio del jamón».

Su local es un ya un referente del tapeo y la gastronomía de la capital leonesa. Por ello, no quiere otra cosa que agradecer a aquellos que han cruzado la puerta de A Cuchillo y han querido conocer parte de su obra.

«Solo puedo dar las gracias a los clientes; y si alguien no ha estado satisfecho pido disculpas; seguiremos trabajando», asegura entre alguno de los muchos bocadillos que prepara y dando los últimos recortes a una de sus piezas.

Salir a tomarse unos cortos, o unos chatos, y hacer parada y fonda en su tienda pasa a ser una tradición leonesa. La clave del éxito de estos dos años reside aquí: «En mi naturalidad. He conseguido hacerme un hueco en León; soy una persona cercana que me rodeo de buenos profesionales», entre ellos sus empleados Gus y Mónica.

A Cuchillo ofrece jamón de León de calidad, con 24 meses, cortado a cuchillo o por piezas enteras. Pero aquí no acaba la oferta. Agustín Risueño también tiene cecina, morcilla o quesos.

La Calle Cervantes cuenta desde hace dos años con un rincón de sabor, olor y sensaciones que las manos de Risueño han entregado a una ciudad a la que Agustín solo tiene cosas que agradecer.

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