Una velada casi revolucionaria con Nigel Farage

Una velada casi revolucionaria con Nigel Farage

El último mitin de la campaña del Partido del 'brexit' coincide con el colapso del voto a los grandes partidos, según los sondeos

IÑIGO GURRUCHAGALondres

El último plan de Theresa May naufragaba tras ser botado. El último sondeo decía que el Partido del Brexit (BP) cosechará el 37% de los votos en las elecciones europeas, los laboristas, 13% y los conservadores, 7%. Y en el epicentro de tal terremoto subía al escenario Ann Widdecombe. Que su presencia sea acompañada por guitarras de rock and roll a todo volumen es cómico, pero el primer acto del último mitin de la campaña del BP provoca desasosiego, porque la voz de esta septuagenaria con largo historial oscila constantemente entre los registros de barítono y de soprano.

En su biografía también hay oscilaciones chocantes. Fue persistente en su oposición al aborto y en su defensa de la restauración de la pena de muerte, apoyó al más europeísta de los conservadores, Kenneth Clarke, como aspirante a líder del partido y se ha unido ahora a Nigel Farage. La apodaban 'Doris Karloff', porque sus maneras y formas de vestir recordaban al actor inglés que encarnó a Frankestein, Boris Karloff, pero se convirtió en celebridad en un programa de televisión de famosos que compiten bailando como parejas de un profesional.

Abandonó entonces ropajes oscuros y un peinado de tazón invertido. Luce ahora una melena plateada, un vestido azul celeste. «Nunca en mis 55 años en el Partido Conservador», dice, «había participado en una campaña con la energía y compromiso de esta». Las circunstancias son estas, según Widdecombe: «Una nación que quiere marcharse de la Unión Europea (UE) y un Parlamento que quiere quedarse. Y tenemos que mostrarles quién es el jefe».

El BP avanza en la cresta de la ola de la polarización de la política británica, tras tres años de ímpetu, ineptitud y parálisis del Gobierno y del Parlamento desde el referéndum de 2016. Widdecombe pide disculpas póstumas a Anthony Eden, que guió al país al desastre de Suez en 1956 y al sentimiento británico de decadencia, por haber afirmado que May era la peor primera ministra desde Eden. «Ella es mucho peor», sentencia.

La sacudida del sistema se refleja en el telón de fondo del escenario: 'Change Politics For Good' (Cambiar la política para siempre)». Pero este último acto en la gira del BP por las regiones del país no congrega multitudes. Hay quizás 500 personas sentadas- coste de la entrada, 2.75 euros- y unas 200 en pie. Es un mitin para la televisión o internet, con cada asistente portando un pequeño cartel pidiendo el voto, que agitan puestos en pie al oír frases rotundas.

Tras Widdecombe habla el invitado especial, el expresidente checo Vaclav Klaus, que contenta al público proclamando que «el 'brexit' significa el Partido del Brexit» y llega el momento del «político más influyente en este país desde la Segunda Guerra Mundial», según el presentador. Farage sube al estrado coreado por sus hinchas: «¡Nigel! ¡Nigel! ¡Nigel!». Algunos rivales lo han descrito, más modestamente, como el mejor orador de la política británica actual. Su discurso, como el de algunos humoristas, es una sucesión de frases sin nudo argumental.

Revolución

«¡Uau!», exclama, impresionado aparentemente por el tamaño de la audiencia o la medida puesta en escena que se ha repetido en las últimas semanas. «¡Uau! Creamos este partido hace cinco semanas y media». Es realmente extraordinario, pero inspectores de la Comisión Electoral habían pasado siete horas en la sede del partido analizando sus cuentas. «Tenemos cuatro contables profesionales, no somos estúpidos», dice, como explicación de que no hubiesen encontrado nada ilegal.

Lanza perlas a los buscadores de emociones. Críticas a la BBC; a Gordon Brown por llamar la atención sobre las finanzas del BP cuando él vendió oro de las reservas a precio de ganga; a David Cameron- «¿Os acordáis de David Cameron?»- y a Barack Obama, por promover el primero 'proyecto del miedo' o afirmar el americano que Reino Unido estaría en la cola de países aspirantes a firmar un tratado comercial con Estados Unidos si votaba por la marcha de la UE. A May, porque es no solo peor que Eden: «Es la peor jefe de Gobierno de la historia británica».

Confiesa «el mayor error« de su vida política: «Creí que, como prometieron, harían el 'brexit' el 29 de marzo». Pero la decepción le ha obligado a ponerse «en pie para luchar por un país libre e independiente», para evitar la «rendición de May a los matones no elegidos de Bruselas, que ha humillado» a su nación. Está convencido de que los partidarios de la segunda consulta la perderían.

«Pero el voto por el Partido del 'brexit' es mucho más que marcharse de la UE», advierte Farage. «Es sobre la democracia. Alguien tiene que romper, nosotros, el sistema de los dos partidos, eliminar la Cámara de los Lores». El BP no ha presentado un programa electoral, pero tiene «el único mensaje claro: marcharse de la UE con o sin acuerdo el 31 de octubre». Ha logrado que «el 'establishment' esté aterrorizado».

En el psicodrama de la cuarta votación sobre el Acuerdo de Retirada que la primera ministra persigue ahora a pesar de que de nuevo tiene poca probabilidad de éxito, el potencial de la última promesa de Farage no parece una simple proclama para cerrar con vítores un mitin y salir a la templada noche londinense: «Los votos serán para cambiar fundamentalmente el sistema, para emprender una revolución política pacífica».

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