Los ultranacionalistas ganan las elecciones legislativas en Polonia, según los sondeos

El líder del PiS, Jaroslaw Kaczynski./EFE
El líder del PiS, Jaroslaw Kaczynski. / EFE

El partido Ley y Justicia de Jaroslaw Kaczynski obtendría el 43,6% de los votos (239 diputados), lo que le permitirá gobernar en solitario

MARÍA MOLINOSBerlín

El ultraconservador y nacionalista Ley y Justicia (PiS) habría vuelto a ganar a ganar holgadamente las elecciones de hoy en Polonia. Ley y Justicia habría obtenido el 43,6% de los votos, mientras que la alianza liberal de centro-derecha Coalición Ciudadana (KO), fue la segunda fuerza más votada con un 27,4% de los sufragios, y la coalición de izquierdas quedó en tercer lugar con el 11,9% de los apoyos. El Partido Campesino (PSL) fue la cuarta fuerza más votada con un 9,6%, y la fuerza populista Confederación queda en quinto lugar con el 6,4%.

La receta del PiS se basa en combinar las políticas que gustan a sus votantes incondicionales, del cerrojazo a la inmigración musulmana a la toma de la judicatura pasando por las invectivas contra el colectivo LGTBI, con medidas sociales para ganarse a la amplia clase baja, aprovechando la buena situación económica.

Los comicios tienen una lectura más allá de las fronteras polacas. Un buen resultado del PiS es un espaldarazo al gobierno al que la Comisión Europea (CE) ha abierto una investigación por amenazar el Estado de derecho y los principios fundamentales de la UE, un paso inédito. Las urnas envalentonarán a los euroescépticos en Varsovia, que es el referente de Europa oriental, algo que seguirá lastrando la capacidad operativa de la Unión.

«A pesar de las intensas críticas nacionales e internacionales, el partido sigue siendo popular porque es fiable en las cuestiones socio-económicas, que son las que más importan al electorado», asegura Aleks Szczerbiak, profesor de Política y Estudios Europeos Contemporáneos de la Universidad de Sussex. Con un crecimiento económico de entre el 2,9% y el 5,1% en los últimos cuatro años, el Ejecutivo ha aprovechado para volcarse en la política social. La medida más popular es el programa «500 plus»: 500 zlotys mensuales (116 euros) a todas las familias con hijos. Y el PiS quiere más. En esta campaña ha prometido doblar el salario mínimo para 2023 e introducir una extra anual para jubilados y pensionistas, pescando voto en los caladeros más vulnerables.

Pero esto es sólo una parte del fenómeno PiS. El partido ha alentado un «giro cultural a la derecha», sustentado en un «conservadurismo social» previo, y ha azuzado una «reivindicación nacional frente a las tendencias culturales occidentales», según Stanley Bill, profesor de Estudios Polacos de la Universidad de Cambridge. Szczerbiak habla directamente de una «cruzada moral» del Gobierno en defensa del «modelo tradicional de familia, la identidad nacional polaca y los valores cristianos». Esto molesta en parte de su electorado -aunque muchos miran hacia otro lado porque necesitan las ayudas sociales-, pero gusta a los de su núcleo duro de votantes, ultraconservador, católico y nacionalista.

Bloqueo comunitario

En su haber está su tajante negativa a acoger peticionarios de asilo bajo un sistema de reparto, algo que ha bloqueado hasta ahora cualquier solución comunitaria. Varsovia ha alegado que eran musulmanes y atizado el miedo al terrorismo islamista en su país. También ha cargado contra quienes se han manifestado en Polonia en marchas del Orgullo, e incluso justificado a quienes han agredido a activistas LGTBI.

No obstante, su acción más polarizadora ha sido la reforma del poder judicial, politizando la justicia y aumentando la influencia del Ejecutivo sobre el Supremo y el Constitucional. Esto le ha valido el inédito paso de la CE de abrirle un expediente por socavar los principios de la Unión, proceso que podría culminar en la suspensión del derecho de voto de Varsovia en Bruselas. Está previsto que este otoño el Tribunal de Justicia de la UE falle sobre el impacto de las reformas legales en la independencia judicial.

«El PiS ha capturado partes del Estado en una escala sin precedentes y atacado la independencia judicial. Será difícil reparar estos serios daños», valora Bill. Otros alertan de que la segunda legislatura será peor. «Culminarán la captura de los tribunales y, lo más importante, seguramente encontrarán alguna forma legal de hacerse con los medios privados mediante requisitos sobre la propiedad. Eso será en buena medida el fin de la democracia constitucional», advierte Wojciech Sadurski, un experto en Derecho Constitucional citado por la Fundación Carnegie.

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