España se borra del baile de sillas para renovar la cúpula de la Unión Europea

España se borra del baile de sillas para renovar la cúpula de la Unión Europea
EFE

Las presidencias de la Comisión, el Consejo, la Eurocámara o el BCE se renovarán en 2019 y los españoles brillan por su ausencia en las quinielas

ADOLFO LORENTE

El candidato del PP europeo para presidir la Comisión Europea será alemán, Manfred Webber. El aspirante socialista, Frans Timmermans, holandés. El liberal, todavía por determinar, quizá sea danesa, la comisaria Margrethe Vestager. 2019 es el año. Llega el gran baile de sillas, el 'plan renove' de una Unión Europea cuyo sanedrín quedará descabezado casi en su totalidad tras las elecciones del 26 de mayo. Llega la hora de la verdad. Se busca presidente de la Comisión, del Consejo, del Parlamento, del Banco Central Europeo, la Alta Representación Exterior... Es el momento de la 'finezza' diplomática, de reivindicarse, de tocar poder. Los escarceos entre Estados miembros y familias políticas han comenzado y España, como ya es rutina desde el estallido de la Gran Recesión hace una década, ni está ni se le espera. Volverá a sucumbir por incomparecencia. A fracasar.

La cuarta potencia del euro sigue boxeando muy por debajo de su peso en el cuadrilátero comunitario ¿Qué es lo que ocurre? «Son ciclos que pasan. Pero sí, España no está atravesando ahora su mejor momento», asegura a este periódico Joaquín Almunia. Él es uno de los grandes nombres españoles en el kilómetro cero, en ese universo llamado Bruselas donde llegó a ser vicepresidente de la Comisión y comisario durante una década, ocupando dos de las carteras más importantes de la institución comunitaria: Economía y Competencia.

«Debemos trabajárnoslo como país. A veces, se peca en exceso de personalismo e incluso de provincialismo, como ocurrió en 2012 con la vacante en el comité ejecutivo del BCE proponiendo candidatos imposibles», lamenta. Aquel año, José Manuel González-Páramo terminó su mandato de ocho años y el Gobierno ya presidido por Mariano Rajoy propuso en balde al jurista Antonio Sáinz de Vicuña, funcionario del BCE. Nota aclaratoria: La leyenda decía que España jamás perdería esta silla, pero cuando vinieron mal dadas, Berlín dejó el acuerdo en papel mojado.

Un momento idóneo

Cuando se habla del rol de España en el sala de operaciones del club de clubes no queda más remedio que recurrir a la nostalgia, al manido «cualquier tiempo pasado fue mejor». Para muestra, Javier Solana, secretario general de la OTAN entre 1994 y 1999, y Alto Representante de la Política Exterior y de Seguridad Común entre 1999 y 2009. También los tres presidentes del Parlamento Europeo que se han tenido desde 1989: Enrique Barón, Jose María Gil-Robles y Josep Borrell, actual ministro de Asuntos Exteriores.

Además de Loyola de Palacio, que fue vicepresidenta de la Comisión y dejó una profunda huella en Bruselas, otra de las grandes figuras fue Manuel Marín, que llegó a ser presidente del Ejecutivo comunitario en funciones después de la renuncia de Jacques Santer y hasta la elección de Romano Prodi. «Quizá la gran oportunidad de presidir la Comisión se perdió a finales de los noventa con Felipe González», recuerda Almunia. Un apunte. Con la excepción de Gil-Robles y De Palacio, todos los grandes nombres eran socialistas.

Europa, sobre todo a raíz del 'brexit', está viviendo momentos de indefinición y «España debería aprovechar el momento para ganar peso». «Ahora, la situación es diferente. El país ya ha salido de la crisis y tres de los grandes países, como son Reino Unido, Italia y Polonia, están desaparecidos, no pintan mucho en Bruselas por diferentes motivos y cuando lo hacen no es precisamente para bien. España, sin hacer prácticamente nada, tiene la oportunidad de pasar de ser una potencia mediana a una grande», asegura Jaume Duch, director general de Comunicación del Parlamento.

Los expresidentes, ni tocar

«Soy optimista. Lo tenemos todo para mejorar porque hay que reconocer que no se puede hacer peor», zanja Ignacio Molina, profesor de Ciencia Política en la UAM e investigador principal del Real Instituto Elcano. «Ojo, no sólo hay que hablar a nivel político, también a nivel técnico, ya que con la marcha de Nadia Calviño al Gobierno hemos perdido peso en las direcciones generales que no se ha recuperado», explica. Según el recuento realizado por este diario, de las 31 direcciones generales de la institución, sólo tres están ocupadas ahora por españoles y una de ellas podría perderse por una próxima jubilación.

Sin embargo, no todo son malas noticias. El pasado febrero, la valenciana Clara Martínez fue nombrada jefa de Gabinete del presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker. Es, sin duda, la española más influyente de la UE. «No voy a entrar a valorar los diferentes aspectos políticos, pero a nivel técnico, los funcionarios españoles siguen gozando de un gran prestigio», asegura.

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