Putin repite su ritual televisivo anual de pasarse más de cuatro horas respondiendo a preguntas

Vladímir Putin. /Reuters
Vladímir Putin. / Reuters

En esta ocasión se ha centrado en dar consuelo a los rusos ante los numerosos problemas que les abruman

RAFAEL M. MAÑUECOCorresponsal en Moscú (Rusia)

El presidente ruso, Vladímir Putin, esta vez en una actitud de afabilidad más acentuada de lo habitual y con una calculada proximidad hacia los televidentes, se ha pasado este jueves cuatro horas y 10 minutos respondiendo a las 85 preguntas de todo tipo que le hicieron sus conciudadanos desde todos los confines del enorme país que es Rusia.

Ya desde el principio de la comparecencia afloraron los principales problemas que preocupan hoy día a los rusos: los bajos salarios, la deficiente asistencia médica, las insuficientes ayudas a las familias numerosas, las hipotecas, los vertederos de basura, los abusos del funcionariado, la corrupción, los temores de que el Gobierno ruso termine aislando Internet del resto del mundo y una larga lista de problemas que Putin lleva años prometiendo que se resolverán, pero que siguen sin solución.

Se trata de la decimoséptima vez que el actual presidente ruso organiza este evento de masas ante las cámaras en los casi 20 años que lleva al frente del país. Como ya es costumbre la «Línea directa con el presidente», así se llama el programa, va precedida de una aparatoso operativo en el canal público ruso «Rossiya-1», en cuyo estudio ha tenido lugar la emisión, y en las demás cadenas que lo han ofrecido, prácticamente todas las principales.

Días antes, se va informando de forma machacona sobre el número de preguntas que van llegando al centro de control a través de las redes sociales, por SMS o en llamadas telefónicas directas. Hoy, según los organizadores, se llegaron a un millón ochocientas mil preguntas. Los informativos llevaban también desde días atrás un recuadro en la pantalla con un contador indicando el tiempo que faltaba hasta el comienzo de la «Línea directa con Vladímir Vladímirovich Putin».

Él apareció en antena a las 12,06 horas, seis minutos más tarde de lo previsto, pero el «programa especial», con opiniones de todo tipo de personajes de la vida pública rusa, comenzó ya desde por la mañana. En el estudio estaban los jóvenes «voluntarios» que iban recogiendo en sus ordenadores las preguntas, las presentadoras de más relieve del canal y algunos de los personajes más conocidos dentro y fuera del país, como el famosísimo director de orquesta, Valeri Guérgiev o el entrenador de la selección rusa de fútbol, Stanislav Cherchésov.

Una de las presentadoras anunció varias veces que «desde el extranjero» se estaban llevando a cabo «ciberataques» con la intención de obstaculizar la marcha del programa, pero «sin éxito». Lo cierto es que esos supuestos intentos de sabotear a Putin no causaron ninguna anomalía ni se reflejaron de ninguna manera en la comparecencia.

El primer mandatario ruso, como hace siempre, dio una de cal y otra de arena: por un lado admitió que la situación económica del país ha empeorado, pero dijo que es algo pasajero y que pronto habrá una recuperación. A la pregunta sobre si las sanciones internacionales por el papel de Rusia en Ucrania están teniendo algo que ver con ese parón económico se fue por las ramas y le echó la culpa a la «situación global». «Nos ha afectado más que nada la caída de los precios de las materias primas» que Rusia exporta.

Unos segundos después, uno de los paneles colocados en el estudio con los mensajes enviados por los televidentes preguntaba «¿qué vamos a hacer cuando se nos acabe el petróleo?». En otro se criticaban las «líneas directas» de Putin señalando que «estamos hartos de este show». Hubo incluso quien le preguntó al jefe del Kremlin «¿cuándo piensa irse?».

Ninguna de estos asuntos tuvo respuesta de Putin, aunque él a veces miraba las pantallas. Una de ellas vio la pregunta «¿a dónde nos va a llevar esta banda de patriotas de Rusia Unida?», en referencia al partido del presidente y principal formación política del país.

«Esperen, deseo responder a eso, no vayan a pensar que quiero soslayar las cuestiones de índole política», declaró y salió en defensa de Rusia Unida diciendo que «son políticos con una gran madurez». «No voy a llamar banda a quienes en los años 90 dirigieron el país (...) pero quiero subrayar que en aquella época hundieron la esfera social, la industria, el sistema defensivo y el Ejército. Llevaron el país a la guerra civil con derramamiento de sangre en el Cáucaso y pusieron a Rusia al borde de la desintegración y la pérdida de su soberanía«.

Según algunos expertos, con estos argumentos, el presidente ruso pretende dar a entender que las cosas no son ahora todo lo satisfactorias que se pudiera esperar porque se arrastra el legado de la época de Borís Yeltsin, aunque de aquello hayan pasado ya 20 años. Las presentadoras subrayaron, por otro lado, que la «Línea directa» tiene su principal efecto en el hecho de que, cuando los ciudadanos le comunican a Putin los problemas en su ciudad o aldea, de sanidad, educación o dejadez de las autoridades locales, se resuelven de inmediato. Parece como una lotería, si es que no está todo trucado, pero el que logra ponerse en contacto con el presidente consigue resolver alguna deficiencia.

Putin se repitió en sus ataques contra Estados Unidos por sus amenazas a Irán u su política de «contención» hacia Rusia y China, le leyó otra vez la cartilla al nuevo presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, por no querer hablar con los rebeldes separatistas de Donetsk y Lugansk, negó que Rusia haya tenido nada que ver con el derribo del vuelo MH17 y calificó de «disparate total» que Kiev siga acusando a Rusia de estar ocupando militarmente el este de Ucrania. Cree que las relaciones con Occidente tardarán mucho en recomponerse.