Se crea un frente occidental de apoyo al exmarine acusado de espionaje en Rusia

Paul Whelan./
Paul Whelan.

Reino Unido, Canadá y Estados Unidos presionan a Moscú para lograr la liberación de Paul Whelan, preso desde el 28 de diciembre

RAFAEL M. MAÑUECOCorresponsal. Moscú

El caso del exmarine norteamericano Paul Whelan amenaza con convertirse en un nuevo motivo de discordia y enfrentamiento entre Rusia y Occidente como lo están siendo la crisis de Ucrania, el envenenamiento de los Skripal en Salisbury o la batalla naval de Kerch (el estrecho que separa el mar Negro del mar de Azov). Lo de Whelan parecía un caso habitual de espionaje, pero en su defensa han salido ya no solo EE UU, sino también Reino Unido y Canadá, países cuya nacionalidad posee el antiguo militar estadounidense. Al parecer, sería también ciudadano irlandés.

Whelan fue arrestado el pasado 28 de diciembre en Moscú, en la habitación que ocupaba en el Hotel Metropol, e imputado formalmente el jueves por espionaje, delito que puede suponerle hasta 20 años de cárcel. Él se ha declarado inocente, pero por el momento permanecerá en prisión preventiva. El embajador estadounidense en Moscú, Jon Huntsman, ha podido ya visitarle mientras desde Washington exigen explicaciones a las autoridades rusas. Reino Unido demanda también acceso consular al detenido.

Muchos observadores sospechan que el objetivo de Moscú consiste en canjear al exmarine por María Bútina, una joven rusa detenida en julio del año pasado en EE UU, donde se encontraba con una beca de estudios, y acusada de «conspiración» y de haber actuado ilegalmente como «agente al servicio de un gobierno extranjero». Ella se reconoció culpable de ambos delitos en diciembre, tras alcanzar un acuerdo con la Fiscalía.

El ministro de Exteriores británico, Jeremy Hunt, alertó el viernes a Rusia de que «no aceptamos que las personas sean utilizadas como peones en un juego de ajedrez diplomático». «Estamos muy preocupados por Whelan y su familia», aseguró. La portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, María Zajárova, anunció que «se está ya trabajando en un calendario de visitas consulares» para que funcionarios de la legación británica en Moscú puedan reunirse con él.

En mitad de esta controversia sale ahora a la luz que en EE UU ha sido arrestado un ciudadano ruso, Dmitri Makarenko, por blanqueo de dinero y contrabando de equipos para uso militar. La detención se produjo el pasado 29 de diciembre en las Islas Marianas, un día después de la de Whelan en Moscú, y agentes del FBI le han trasladado ya a Florida.

Pero Moscú niega que Whelan pueda ser canjeado por Dmitri Makarenko o María Bútina. El viceministro de Exteriores ruso, Serguéi Riabkov, declaró este sábado a la agencia Interfax que, en cuanto a la posibilidad de un intercambio, «aquí no hay ni puede haber relación alguna con las circunstancias en las que se encuentran algunos ciudadanos estadounidenses, y, naturalmente, rusos en EE UU».

Según Riabkov, el asunto de Whelan «es muy serio, se trata de actividades de espionaje que violan las leyes rusas». Sin embargo, el viceministro ruso estimó que Bútina «fue víctima de acusaciones infundadas y la presión psicológica ejercida sobre ella la llevó a aceptar un pacto» con la Fiscalía estadounidense. En diciembre, el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, llamó a esas presiones «torturas».

Información confidencial

Entre tanto, la prensa rusa continúa dando detalles en relación con Whelan, nacido en Ottawa (Canadá) hace 48 años y nacionalizado estadounidense. Según la agencia de noticias Rosbalt, el exinfante de Marina recibió de un desconocido el 28 de diciembre en su habitación del Metropol un dispositivo USB con información confidencial de miembros de un organismo ruso secreto. Cinco minutos después, aparecieron agentes del FSB (antiguo KGB) y le detuvieron «con las manos en la masa», informaron entonces los servicios de inteligencia rusos.

Fuentes de la investigación sostienen que el exmarine llevaba años contactando con personas que conocía en las redes sociales rusas.

 

Fotos