Al-Qaida comenta la muerte del hijo de Bin Laden

Hamza bin Laden (c). /Efe
Hamza bin Laden (c). / Efe

La noticia añade un aura de confusión a la vida del joven considerado el heredero ideológico de su padre, al que EE UU habría matado ya dos veces

MERCEDES GALLEGOCorresponsal en Nueva York (EE UU)

A los 30 años, Hamza bin Laden había salido dos veces en las páginas del New York Times, ambas para anunciar su muerte en un operativo de EE UU. La primera, en el que costó la vida a su padre y a uno de sus 22 hermanos, Khaled. La segunda, hace apenas dos días, con menos detalles todavía que en la de 2011, que resultó falsa. Ya antes, en 2003, se había anunciado su captura y la de su hermano Saad, ambos supuestamente heridos en Ribat (Afganistán), pero tampoco aquella noticia era realidad.

Así las cosas, la nebulosa con la que se ha difundido estos días su muerte «en algún momento de los primeros dos años del gobierno de Trump» y «en alguna parte de Afganistán», durante un operativo en el que EE UU «habría tenido algún papel», sólo contribuye a su aura. Hasta la inteligencia estadounidense admite, según las fuentes del rotativo neoyorquino, estar sorprendida de no haber captado noticia alguna sobre su muerte en los círculos de Al-Qaida, que suele homenajear a sus mártires. ¿Podría ser esta filtración un anzuelo para provocar la conversación que busca interceptar? El propio Donald Trump, que tanto presume de haber acabado con el Estado Islámico, guardó el miércoles un sospechoso silencio cuando la prensa de la Casa Blanca le preguntó por la noticia, que diese la cadena NBC.

Según un tuit que escribió ayer Thomas Joscelyn, director del Centro para Ley y Antiterrorismo de la Fundación para la Defensa de las Democracias, la noticia ya habría tenido eco en los canales de Telegram relacionados con Al-Qaida, pero esos miembros también esperaban que sus comandantes confirmasen o negasen la información que leían. «Hamza bin Laden ha recibido mucha atención (obviamente) por su parentesco y la decisión de Al-Qaida de ascenderle», explicaba el analista, «pero hay docenas de otros altos mandos de al-Qaeda que son mayormente desconocidos y algunos ciertamente por delante de él en jerarquía», explicaba.

El hijo de bin Laden había sido bautizado en la organización terrorista en 2014 por el sucesor de su padre, Ayman al-Zawahry. Desde entonces había jurado venganza a EE UU por el asesinato de su padre en mensajes grabados en los que prometía «ataques a EEUU y al extranjero», dijo entonces el Departamento de Estado, que le puso en la lista de «terroristas globales». En su cruzada, pedía a los yihadistas del mundo derrocar a la monarquía saudí y liberar al pueblo palestino.

Su padre le describía en una de sus cartas de 2010 como un chico «bueno y muy dulce». Al-Qaida, como «un joven cachorro que llevará adelante la causa». Y Estados Unidos como «una amenaza para la seguridad nacional», por cuya cabeza ofreció en febrero una recompensa de un millón de dólares, sin que esté claro si para entonces ya estaba muerto. El Consejo de Seguridad de la ONU le puso este mismo año en la lista de sancionados.

Su vida era tan confusa como su muerte. Informes sin confirmar le situaban en diversos países, pero las cartas de su padre indicaban que al menos entre 2009 y 2010 vivía en Irán, «posiblemente en contra de su voluntad, retenido por las autoridades chiítas», decía este jueves The New York Times. Otros informes le ubicaban viviendo cómodamente en una villa de lujo de ese país con sus dos esposas y su hermana, y algunos mas negaban todo lo anterior y decían que en enero operaba en la intersección de Pakistán, Afganistán e Irán.

Si en algo parecen coincidir todos es en que era el heredero ideológico de su padre, educado para seguirle en la causa y presentado como la voz de la nueva generación, previsiblemente destinado para ocupar altos mandos como el del hombre al que tanto admiró y tan poco disfrutó. «Mi querido padre, me separaron de ti cuando era muy niño, ni siquiera había cumplido los 13, pero ahora soy mayor y he alcanzado la madurez», le escribió a los 20 años, cuando le pidió unirse «a las legiones de myahidines» que había visto marchar.