La izquierda demócrata salva la noche

Bernie Sanders./
Bernie Sanders.

"Necesitamos un liderazgo que nos una y nos haga más fuertes. Por eso Clinton debe ser la presidenta de EE UU", ha afirmado el senador Sanders

MERCEDES GALLEGO

Hacía muchas décadas que los delegados del Partido Demócrata no entraban a una convención estremecidos por los gritos de sus bases en contra del candidato del partido. Entonces era 1968 y el vicepresidente Hubert Humphrey se quedó con la nominación que hubiera ganado Robert Kennedy, de no haber sido asesinado. Para que medio siglo después no se repita con Donald Trump una presidencia incluso más nefasta que la de Richard Nixon, los líderes de la izquierda demócrata salvaron la noche con un apoyo rotundo a la candidata del establishment que muchos se niegan a aceptar.

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"¡Ni de coña!" coreaban furiosos los seguidores de Bernie Sanders, contenidos por la policía. "¡DNC, no votaremos por Hillary!".

No eran unos cuantos sino varios miles, pese a que para dificultarles el acceso las autoridades obligaron a todos los que no tuvieran acreditaciones para el recinto de la convención a bajarse del metro una parada antes. A 40 grados, los manifestantes enfilaron el kilómetro y medio que les separaba del Wells Fargo Arena sin perder la energía para gritar a través de la alambrada.

Rusia tacha de «absurdas» las acusaciones de pirateo de emails

El Kremlin ha tachado de "absurdas" las acusaciones de que Rusia pirateó miles de correos electrónicos del Comité Nacional Demócrata (DNC) para favorecer al candidato republicano, Donald Trump.

"Seguimos viendo intentos de utilizar obsesivamente el tema ruso durante la campaña electoral en Estados Unidos", dijo Dmitri Peskov, portavoz del Kremlin, a medios locales.

Ha recordado que "estas absurdas noticias" ya han sido desmentidas por varias fuentes, entre ellas WikiLeaks, cuyo fundador, Julian Assange, dijo que no hay pruebas que refuercen las acusaciones contra Rusia.

Peskov también negó rotundamente que el asesor de Trump para política internacional, Paige Carter, se reuniera recientemente con el jefe de la Administración del Kremlin, Serguéi Ivanov.

Dentro, los delegados de Sanders interrumpieron con abucheos la votación del Comité de Reglas. La presidenta en funciones de la Convención Nacional del Partido Demócrata (DNC) tuvo que utilizar el mazo para pedirles respeto. Ni el propio Sanders logró controlar a los rebeldes. Cuando al final de la noche les dijo que "Hillary Clinton tiene que ser elegida presidente", también fue abucheado.

"Nunca tuvimos control sobre ellos", confesó su esposa Jane Sanders a NBC. "No les dijimos lo que teníamos que hacer, sólo les involucramos en el proceso político".

Anoche, uno tras otro, sindicalistas y políticos de izquierda como los senadores Al Franken, Cory Booker, Elizabeth Warren, el propio Sanders y la primera dama Michelle Obama salieron al escenario para advertir a los que amenazan con no votar en noviembre que "si creéis que podéis cruzaros de brazos y dejar pasar estas elecciones, pensad un momento en los jueces que nombrará Sanders para el Supremo y lo que esto supondrá para las libertades civiles", les hizo reflexionar el socialista.

Como Sanders está lejos de ser el mesiánico redentor contra el que competirá Clinton en noviembre, prefirió argumentar racionalmente los méritos de la candidata "que en esta elección no tiene ni comparación" con su rival.

Entre la ristra de razones que encontraron para pedir el voto por ella, el senador de Oregon Jeff Merkley aseguró que se opone "a malos acuerdos comerciales, incluyendo el Acuerdo Trans Pacífico" (TPP) que creará la mayor zona de libre comercio del mundo.

"¡Y si eso es verdad, ¿por qué no está aquí?", protestaba el delegado de Wisconsin, Ben Carpenter, agitando el libreto con la plataforma que ha aprobado el partido. Los damnificados de la globalización culpan a esos acuerdos comerciales del éxodo de fábricas a países con bajos salarios. El ala neoliberal del partido demócrata continúa las ideas de Bill Clinton de expandir la "competitividad" y desregularizar la industria financiera. Muchos no olvidan que la prosperidad de los 90 desató la avaricia financiera que acabó en la crisis de las hipotecas basura de 2008. Hoy Wall Street se ha recuperado, la clase media no.

Donald Trump y Bernie Sanders han canalizado esas frustraciones con recetas antagónicas. El primero "avivando las llamas del miedo y la intolerancia, enfrentando a vecino con vecino y persuadiéndoles de que el problema son tus propios paisanos estadounidenses que no tienen tu mismo aspecto, no hablan como tú o no son de tu misma religión", explicó la senadora Elizabeth Warren, azote de Wall Street. Por el contrario, la solución de Sanders ha pasado por el sueño de que el pueblo unido puede cambiar cualquier cosa.

"Bernie nos ha despertado y nos ha hecho entender lo que es posible y lo que nos merecemos", dijo la humorista Sarah Silverman, que ayer intentó reconciliar a los sanderistas con la nominación de Clinton. "Mi psicólogo dice que no conseguimos lo que nos merecemos, sino lo que creemos que nos merecemos. Bernie nos ha hecho creer que nos merecemos sanidad y educación para todos, no sólo para la élite".

Cuando la abuchearon desde el parqué por anunciar que votará "orgullosamente" por la ex primera dama, contraatacó: "A los que piensan que esto es 'Bernie o a la mierda', estáis siendo ridículos", les amonestó.

La aplaudieron los seguidores de Clinton, porque al ver cómo metía en vereda a los rebeldes se acercaban al sueño de poner por primera vez a una mujer en la Casa Blanca. Los sanderistas, sin embargo, lloraban frustrados porque temían asistir al último gran discurso del líder que les hizo creer en la revolución. "Una vez más, nada cambiará", resumió acongojado el delegado de Wisconsin.

 

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