Sara Carbonero: «En las cenas con amigos hay tensión y temas que ya no se tocan»

Sara Carbonero: «En las cenas con amigos hay tensión y temas que ya no se tocan»

«Veo a España dividida», dice la periodista de Telecinco

ARANTZA FURUNDARENA

Aparece Sara Carbonero en el Caribe bebiendo agua de coco y al instante por las redes se propagan los beneficios de dicha fruta tropical, que si es rica en potasio, calcio y magnesio, que si ayuda a equilibrar el Ph de la piel y, lo más importante, que 100 gramos solo contienen 18 calorías... Porque la noticia fundamental es que Sara en esa foto está delgadísima. Acostumbrada a seguir cabalgado entre ladridos, la presentadora aclaró el jueves en Madrid que, a pesar de los kilos de menos, sigue comiendo un montón, que hace tiempo que aprendió a ignorar las críticas (sin necesidad de terapia) y que de Alba Carrillo y su novio futbolista no le pregunten porque no piensa decir ni mu.

Relajada, muy simpática y más accesible que antaño (quizás porque la maternidad, como ella dice, le ha enseñado a relativizar), Carbonero se plantó el jueves ante un sembrado de 'alcachofas' para presentar la nueva colección de la marca española de calzado Popa, vestida con un mono blanco de Iro, calzada con unas sandalias en cuyo diseño ha participado y luciendo un bronceado caribeño «que me va a durar muy poco y enseguida se me va a poner ese color cetrino que no es ni una cosa ni otra», según vaticinó.

A sus 35 años, la mujer de Iker Casillas vive un momento particularmente ubicuo. Tras cuatro años de excedencia, se ha incorporado al equipo de 'Deportes Cuatro' para encargarse de las entrevistas, lo que la obliga a viajar de Oporto a Madrid a menudo. La periodista se declara «muy contenta» con el regreso a una redacción «en la que –dice– parece que no ha pasado el tiempo, me he encontrado a todo el mundo en su silla». Pero confiesa que le está costando organizar la agenda. Por un lado, quiere participar en todo el proceso, incluida la edición. Por otro, está empeñada en «no faltar de casa más de un día a la semana». Sus niños, Martín, de cinco años y Lucas, de dos y medio, lo comprenden... Al menos el mayor, al que Sara, que se define como «una madre muy pesada y muy intensa», le ha explicado en detalle la nueva situación.

Tanto ajetreo amenaza con dejarla en los huesos. Pero ella se defiende.»A veces nos volvemos un poco locos con las fotos. Depende mucho del ángulo y la perspectiva... Es verdad que estoy más delgada –concede–, pero es porque tenía que prepararme para la campaña de baño (las fotos en el Caribe con los bikinis de cuya marca es imagen). Y luego el problema o la suerte que tengo yo es que con muy poco deporte que haga se me nota mucho. Pero no tendríamos que hacer tantos comentarios sobre el físico de la gente». Olvida Sara Carbonero que ella no es gente. Es un icono, una 'influencer' de las que posan en Instagram con cualquier trapito y a las pocas horas la prenda se agota.

Carbonero ha encontrado en Oporto, ciudad a donde la condujo el trabajo de su marido (portero del Porto), una existencia plácida y lujosa, con vistas al Atlántico, que se traduce en el 'hashtag' 'slowlife' (vida lenta, vida tranquila) con el que acostumbra a etiquetar las instantáneas familiares que difunde a través de las redes. «Creo que nos quedaremos al menos un año más en Portugal», adelanta. La periodista, que ya tiene decidido su voto para el 28 de abril, lamenta ver a España «tan dividida. Ahora en las cenas con amigos noto tensión. Hay temas que ya no se tocan».

Involucrada en mil y una causas solidarias y publicitarias, Sara asegura que su vida «ya era plena antes de volver a la tele, pero ahora –recalca– lo es todavía más porque me encanta mi profesión». Eso sí, se ha dado un plazo, hasta el verano, para decidir si es capaz de resolver el complicado 'sudoku' que representa ir al trabajo en avión y ser una madre presente. «Hay días que cojo un vuelo a las ocho de la mañana y a las siete de la tarde estoy de vuelta en casa. Me he metido en un jardín», admite.

De momento, el estrés no le ha hecho mella. Al contrario, se confiesa incluso más suelta ante la cámara. «Me he vuelto más kamikaze –informa Sara–; quiero decir, que ahora soy más echada p'alante. Me he quitado un poco de presión, estoy más tranquila en general y creo que eso se nota». Y sobre la foto en la playa que tanto ha dado que hablar, reconoce: «Tendría que haberla supervisado mejor. La subí a las redes con un ojo guiñado, casi no veía por el sol».