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La nieta de Serrat, víctima de acoso en el tren

Luna Serrat. /Instagram
Luna Serrat. / Instagram

Con su relato, la joven Luna quiere ayudar a otras mujeres que hayan pasado por situaciones similares y lo cuenten

EL NORTE

Tal y como recoge un post publicado en su perfil de Instagram, la nieta del cantautor viajó de Huelva a Madrid para descansar durante unos días, pero de descanso nada, el trayecto se convirtió en una aténtica pesadilla. «Os voy a contar desde mi angustia, una de la situaciones más desagradables que he vivido nunca».

Luna relata como su compañeros de viaje, un señor americano «con cara de pocos amigos», la «chequeó de arriba a abajo nada más montarse en el tren y comenzó a beber de una cantimplora que atufaba a alcohol cada vez que la abría». Pero lo peor estaba por llegar, cuando éste le hizo una propuesta fuera de lugar. «El señor se pone a ver '50 sombras de Grey' y me pide que la vea con él, su torpeza con el castellano me sirve de excusa y digo que no le entiendo, me giro y él insiste. En cada escena de sexo, se ríe, me mira, me siento incómoda y a él le gusta». En ese momento, la joven decidió cambiarse de asiento: «Me puse contra la ventana, tapada por mi bolso y chaqueta, lo más alejada que podía de él, sin escuchar música y sin leer por miedo a quedarme dormida». Una actuación que no frenó al hombre, quien seguía escrutándola cada segundo. «Seguía mirándome y gritando en cada escena en la que aparecía la chica en la cama. Me ponía caras y me invitaba a ver la película con él», aunque ella le insistía: «Te he dicho que no».

La nieta de Serrat al ver al revisor del AVE fue en su búsqueda para contárselo, aunque algo se imaginaba ya. «Notó al segundo lo que estaba pasando. Mis lágrimas y mi voz entrecortada lo decía todo. Tenía el rímel corrido. Nada más salir, le vi. Me sonrió. Creo que se burlaba de mí», añadió la joven.

Luna recuerda el momento como el peor vivido: «Ni siquiera me rozó y nunca me había sentido tan desnuda (…) No me pasó nada. Ni me tocó. Sé que el tema es delicado y soy consciente de que no siempre es tan fácil pedir ayuda. Puede resultar exagerado, pero nadie merece una hora de pánico» y añade: «Siento la necesidad de contarlo. No me perdonaría que le pasase a mi hermana pequeña y que, por vergüenza, no me lo dijese o que no sea capaz de reaccionar. Por primera vez, me he sentido víctima y tengo el deber de contaros mi historia».

 

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