Reportajes
REPORTAJE
Un golpe maestro contra el cáncer
Investigadores salmantinos y sevillanos demuestran la eficacia antitumoral del Aprepitant, un medicamento usado habitualmente para las náuseas
Y.R.T.
13/02/2011 (11:39 horas)
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La lucha contra el cáncer se libra en los laboratorios y centros de investigación de todo el mundo y son muchos los científicos que sueñan con encontrar una respuesta con la que se evite el sufrimiento de los pacientes. Cada pequeño paso, descubrimiento o avance abre las puertas a la esperanza o al menos contribuye a seguir avanzando en nuevos métodos con los que alargar la calidad de vida de las personas que padecen cáncer.

Como cualquier otro grupo de investigación, el que forman el científico del Instituto de Neurociencias de Castilla y León, Rafael Coveñas y el doctor Miguel Muñoz del Hospital Virgen del Rocio de Sevilla, trabaja para encontrar “el golpe maestro” que consiga paliar los efectos de una enfermedad que supone una de las principales causas de mortalidad del mundo, y no se conforman con menos.

Coveñas asegura que lo que esperan tras sus investigaciones es conseguir que “el tumor pare o que desaparezca” y los resultados que arrojan las primeras investigaciones realizadas con células tumorales en cultivo de laboratorio han sido muy positivos, aunque reconoce que aún quedan años por delante para realizar los ensayos clínicos que confirmen la eficacia o no de este medicamento.

La colaboración entre ambos investigadores se remonta al año 1984, cuando comenzaron a trabajar sobre neuropéptidos, que son pequeñas moléculas que se encuentran en el organismo y que han descubierto aceleran el proceso tumoral, incrementando la actividad mitogénica, es decir, el proceso por el cual se dividen las células.

Investigación pionera

En concreto, probaron por primera vez que las células tumorales “expresaban” más receptores NK1, neuroquinina 1, que las células normales y junto con la sustancia P, que es un neuropéptido que se libera a partir de las terminaciones nerviosas por lo que llega a cualquier parte del sistema nervioso central y periférico, se producen una serie de funciones biológicas, entre ellas el desarrollo del tumor, por lo que el siguiente paso que se plantearon fue el de “bloquear esa acción”.

Para conseguirlo utilizaron los antagonistas de los receptores NK1, concretamente usaron tres, entre ellos Aprepitant, un medicamento aprobado y que se utiliza clínicamente para controlar las náuseas.

Al tener las células tumorales en cultivo, pudieron conocer la velocidad a la que crecen en un proceso normal, lo compararon con los resultados obtenidos al añadir concentraciones de la sustancia P, constatando que la actividad micogénica crecía. Después añadieron al proceso la sustancia P con el antagonista, Aprepitant y se demostró que el ritmo de división celular era menor.

Este científico además destaca que eso era lo que esperaban tras el ensayo, pero se encontraron además con una importante “sorpresa” y es que cuando se fue aumentando la dosis del antagonista, la célula tumoral entraba en un proceso de muerte programada, llamada apoptosis, logrando así matar “a todas las células tumorales”. Aunque confiesa que desconocen el porque de esta reacción, el hecho es que “de alguna forma, el antagonista que se une a este receptor produce ese mecanismo que lleva a la apoptosis”.

Los receptores NK1, una nueva diana terapéutica

En cuanto a la selección de ese medicamento en concreto, Coveñas explica que lo eligieron por ser un antagonista NK1 que estaba aprobado por las diferentes agencias de medicamentos, se utilizaba ya en clínica y había pasado ya los test requeridos para que no hubiera toxicidad. Además, confiesa que han estudiado otros dos, algunos con más efecto que otros, debido a que se unen “más fácilmente” a los receptores NK1.

En el momento en que esto se confirme en modelos animales, añade, se despejaría todo para que se aplicase en el hombre, en un ensayo clínico con el que esperan confirmar las hipótesis obtenidas hasta el momento.

En este sentido, destaca que lo que si tienen claro, es que “en el futuro, el receptor NK1 puede ser una “buena y adecuada” diana terapéutica, ya que hay que administrar tres veces más cantidad del antagonista para producir el mismo efecto de apoptosis en las células sanas que en las tumorales.

Según recuerda, la utilización de la quimioterapia contra el cáncer provoca la muerte también de células sanas, porque “no hay una diana” y sin embargo con este tratamiento aunque se van a eliminar también células no cancerígenas, estaría “muy dirigido” hacia las dañinas en el organismo, debido a que “sobreexpresan más NK1” y ese receptor es “vital para su desarrollo”.

Asimismo, estos antagonistas “también bloquearían o reducirían considerablemente la posibilidad de metástasis de la célula tumoral”, porque también se ha visto que esa migración puede estar motivada por la sustancia P, y por tanto solucionaría la dificultad que existe para extirpar quirurgicamente tumores que ya se han extendido por el organismo. Este medicamento se administra por vía oral, a través de una pastilla, y este equipo de investigadores cree que “en principio serviría para todo tipo de tumores”.

A la espera del ensayo clínico

En el año 2003 comenzaron las investigaciones en esta línea de estudio en concreto, primero con células in vitro y después con muestras humanas procedentes de 40 pacientes del hospital Virgen del Rocía de Sevilla y todas las pruebas confirmaban lo que se había visto previamente en cultivo.

Por eso el siguiente paso es demostrar estos resultados en modelos animales y paralelamente están realizando ya todos los trámites burocráticos para que se lleve a cabo un ensayo clínico. Para llegar a este punto, afirma, aún faltan varios años, porque hay “problemas de permisos adecuados, comités de ética y financiación”. Coveñas apunta que precisamente están solicitando inversión al Ministerio de Ciencia e Innovación y por otro lado a la Junta de Andalucía.

La ampliación de los resultados obtenidos por el equipo formado por Coveñas, Miguel Muñoz, Marisa Rosso y Ana González, saldrán publicados este año en la revista científica ‘Current drug targets’.    
 
 

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