Opinión
OPINIÓN POR POLO FUERTES
Plata, Plata, cuántas mentiras sobre tu Vía
Me aburre, me descorazona, me encorajina escribir en defensa de la Vía de la Plata...
25/09/2008
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CON VENTANAS A LA CALLE
...Es como ser acólito de la voz que clama en el desierto, la del alcalde de Astorga, Juan José Alonso Perandones. Y conmigo, otra docena más de periodistas y muchos más ediles. A Mario Amilivia, siendo alcalde de León, se la metieron torcida los asturianos de Tinín Areces, y a Paco Fernández, a la sazón corregidor de la capital de la provincia, se la han clavado cuadrada los mismos asturianos, Turespaña, los andaluces, extremeños y los tontoselhaba de los castellanos-leoneses.

La Red de Ciudades de la Ruta de la Plata (o como quiera que se llame) es un invento turístico de hace 30 años, por un empresario cuco de transportes, que hizo de ese nombre su bandera para extender sus líneas por toda España aunque, cuando llegaron malos tiempos, la vendió a la pérfida Albión (léase los ingleses).  Pero está basada sobre una mentira, la carretera Nacional 630 (Gijón-Sevilla), que en algunos trozos (solo trozos) coincide con la verdadera Vía de la Plata, Ruta de la Plata, iter ab Emeritam Asturicam, entre Astorga y Mérida.

Desde hace más de 20 años, estas dos ciudades, con otras cuantas y un sin fin de pueblos intermedios (Zamora, Cáceres, Plasencia, Béjar, Benavente, La Bañeza, entre otros) están reclamando su paternidad, su historia, su cultura, su patrimonio. No hay vuelta de hoja, la Ruta de la Plata que inventó el señor de la empresa Alsa y el patronato de la Red de Ciudades entre Gijón y Sevilla, más que un nombre es un mote. Y hay documentación a favor y menos a favor (alguien ha dicho hace unos años que la Vía de la plata es un lodazal de tránsito de ganado, pues bien, pero entre Mérida y Astorga). Pero en contra, ninguna. Todas se han inventado.

Lo que pasa es que el dinero une voluntades. Pero falsas. Y Paco Fernández, lo mismo que antes otro buen socialista, como es el presidente de Asturias, Vicente Álvarez Areces, se han subido al carro de la mentira, para vender turismo falso, sin historia, sin cultura, sin patrimonio. Aunque tengan otros filones para hacerlo sin falsedades. Y a ese carro se han sumando pueblos de León, Asturias y algunos de Zamora sin encomendarse a Dios ni al diablo.

Hubo un intento de frenazo en este despropósito de la empresa estatal Turespaña, cuando fue secretario general de Turismo el leonés Raimón Martínez Fraile, en el primer Gobierno de Zapatero. Pero se ha vuelto a las andadas. Y los de la Junta de Castilla y León, a tropezar en la misma piedra por estúpida inercia.

Yo sé que Juanjo Perandones, con el resto de alcaldes de la Asociación de Pueblos en Defensa de la Vía de la Plata, van a seguir luchando por lo que les pertenece. Hace unos días en La Bañeza, se inauguraba una representación de un miliario, como símbolo de esta reivindicación. Porque se da la circunstancia de que este camino bimilenario entre Mérida y Astorga está cuajado de yacimientos patrimoniales que lo certifican, como son los miliarios o los restos de mansiones (posadas de parada y descanso), puentes, calzadas, etc. Por donde discurrían carretas y carros romanos, cargados del oro extraído en las Médulas o en otros yacimientos auríferos de las somozas (estribaciones del monte) del Teleno, tanto en lo que ahora es la Maragatería como en la Cabrera.

Por eso, hoy lanzo la idea que no sé si se le habrá ocurrido  a alguien antes, creo que ha llegado el momento de cambiar el topónimo. Vamos a dejar a los asturianos y andaluces de la Red de Ciudades la redundancia de la Vía de la Plata (que no es plata, sino la adaptación de la palabra árabe balata que significa también camino, ruta, calzada) y empecemos a llamarla Vía del Oro. Auténtica. Ya que fue el camino que utilizaron los romanos entre Asturica Augusta, centro neurálgico administrativo y de carga, y Emerita Augusta, el de un primer destino, para seguir después hasta Cádiz, camino de Roma, para transportar el brillante y valioso metal, extraído al monte sagrado Teleno.

A lo peor es la única forma de sacudirnos las hojas de los talonarios turísticos entre Gijón y Sevilla en su apenas centenaria Ruta de la Plata, por la carretera (y casi autovía actual) Nacional 630 y nos dejan a nosotros ese camino del oro bimilenario, auténtico. Tan patente, tan patente, que los árabes no le pusieron apellido, sino solamente balata, camino, a secas. Mecagüental, oye.

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