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REPORTAJE
Matavenero: 25 años en la aldea más 'hippie'
Hace 25 años el movimiento Arcoíris "resucitó" con sus "guerreros" a los pueblos de Matavenero y Poibueno, abandonados durante varias décadas
Una de las casas, con placa solar y las mangueras que les proveen de agua. (Foto: Quinito)
Una de las casas, con placa solar y las mangueras que les proveen de agua. (Foto: Quinito)
Vanesa Silván / elbierzonoticias.com
27/07/2014 (20:18 horas)
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 Un cuarto de siglo está a punto de cumplir la ecoaldea de Matavenero, un pueblo abandonado en los años 60 y que “resucitó” el 27 de septiembre de 1989 con la llegada de los primeros colonizadores “hippies”, como se les llamaba -y se les sigue llamando- en las localidades del entorno. Una vida en comunidad y con un modelo social que, después de 25 años, está consolidado y demuestra ser una vía alternativa a falta de una revolución global que cambie el sistema desde de su base.

Este pequeño pueblo está ubicado en un apartado valle de la comarca, en el municipio de Torre del Bierzo, al que sólo se puede acceder a pie a través de un sendero desde San Facundo o en vehículo por una pista forestal desde el Alto de El Redondal o desde Foncebadón y durante décadas permaneció abandonado, cubierto por la maleza y las zarzas y siendo pasto de las llamas en varias ocasiones en los años 70 y 80. 

Y es que sus antiguos habitantes fueron dejando atrás sus hogares en busca de un porvenir en otros pueblos y ciudades de la zona, otros emigraron a Madrid y otros al extranjero. Los difíciles accesos y los continuos problemas con el abastecimiento del agua, acompañados de los largos y duros inviernos a una altitud de 1.000 metros fueron algunos de los factores que empujaron al éxodo masivo de sus habitantes durante los años 60. Poco a poco, Matavenero fue cayendo en el olvido.

Hicieron falta más de veinte años para que volviera a la vida gracias a una iniciativa del movimiento Arcoíris -surgido en los Estados Unidos a partir del legendario festival de Woodstock del 1971-, que arrancó en 1987 con la visita a varios pueblos de la comarca del Bierzo y la celebración de un encuentro en el Campo de Santiago, entre las localidades leonesas de Fasgar y de Colinas del Campo, para debatir cuál sería finalmente el lugar de asentamiento de la nueva ecoaldea.

Henning Bethge, uno de los impulsores de la ecoaldea, con Jeff Blossom, en Matavenero en 1993. (Foto: www.tierramor.org)

El lugar elegido

Y el lugar elegido fue Matavenero. Según recoge el libro 'Los Guerreros del Arco Iris' de Alberto Ruz Buenfil, en marzo del 1990 “las tribus ibéricas y un grupo selecto de guerreros y guerreras de Alemania, Suiza, Italia y Escandinavia” se dieron cita en ese pueblo para celebrar “la formal fundación de un nuevo pueblo ecológico europeo”, aunque “un pequeño grupo de pioneros había vivido allí desde septiembre del año anterior”

“Con sus tipis y tiendas de campaña, abriendo caminos y brechas entre las zarzales, explorando el valle y conociendo las bellas montañas y los largos y duros inviernos, intentando rescatar lo que se podía de las construcciones antiguas, todas hechas ruinas después de más que 25 años de abandono”, cuenta Ruz Buenfil, que explica que también contaron con la colaboración de representantes de la ciudad libre de Cristiania en Copenhague (Dinamarca). 

Durante una semana “de fiesta y trabajo colectivo” reconstruyeron el edificio de la escuela y el canal de más de dos kilómetros de largo, que antiguamente también había servido para abastecer al pueblo con agua de riego. Su población creció mucho en esos primeros años, contando con el respaldo de lo antiguos habitantes, del Ayuntamiento de Torre del Bierzo y de la Diputación de León, que dio el visto bueno al nuevo asentamiento. Así, se desarrollaron las estructuras básicas con una tienda, la escuela, sala de eventos, cafetería, huertas y viviendas, sin suministro eléctrico ni agua corriente ni alcantarillado.

“El valle de Matavenero se fue transformando en los años siguientes en una de las manifestaciones más inspiradoras de movimiento del Arcoíris de Europa, no solo por su ubicación en las altas montañas, sin vías de acceso de vehículos, sino también por su diversidad en nacionalidades, credos y estilos de vida y por la perseverancia, capacidad de trabajo y organización en lo práctico, las que hicieron de este lugar un ejemplo vivo de cómo crear y sustentar una eco-aldea planetaria”, añade Ruz.

Entrada a la casa que alberga la escuela, la biblioteca y la tienda. (Foto: Quinito)

Una ducha y aseo para su uso comunitario. (Foto: Quinito)

Un 'compost toilet'. (Foto: Quinito)

La evolución

La ecoaldea está formada por los núcleos de Matavenero y Poibueno, a los que se llega siguiendo una senda marcada por un arcoíris pintado en piedras a lo largo del camino, y cuenta con reconocimiento legal desde 1994 constituyéndose como Junta Vecinal, la primera re-fundada en la región. La recuperación de éste órgano local les ha permitido no depender del Ayuntamiento de Torre del Bierzo y gestionar ellos mismos sus tierras, sus aprovechamientos forestales y el dinero que ahora les llega periódicamente con la instalación de varios aerogeneradores de energía eólica en sus terrenos comunales.

Los primeros nuevos habitantes de Matavenero, provenientes principalmente de Alemania, vivieron durante algún tiempo en tipis y tiendas de campaña hasta que empezaron a recuperar poco a poco las viejas casas de piedra con construcciones cada vez más sofisticadas que emplean materiales de la zona (madera,pizarra,…) y placas de energía solar para su abastecimiento eléctrico.

Una de las casas, con placa solar y las mangueras que les proveen de agua. (Foto: Quinito)

Los tipos de construcciones en Matavenero son diversos y eclécticos. (Foto: Quinito)

Un 'tipi', la tienda que originariamente utilizaban los indios norteamericanos como vivienda. (Foto: Quinito)

Otro de los logros de la nueva comunidad fue la limpieza y recuperación de los antiguos canales que proveían de agua al pueblo desde los arroyos de montaña y la instalación de una compleja red de mangueras que la llevan hasta cada uno de los hogares. Así, las instalaciones comunes se han completado con el paso de los años con el Green-Hall (almacén de herramientas y material de construcción), una oficina que cuenta con teléfono y acceso a internet vía satélite, dos salones de actos, el Doom (una gran carpa para todo tipo de celebraciones) o el restaurante de Karl, llamado El Chiringuito.

Las condiciones de vida en la ecoaldea no son fáciles y son muchos los que a lo largo de estos veinte años han abandonado el proyecto, muchas veces empujados por la necesidad otras veces preocupados porque sus hijos tuvieran una formación académica. El pueblo continúa recibiendo numerosas visitas de turistas y curiosos, una de las últimas la del aventurero Jesús Calleja, también algunos peregrinos que desvían por unos kilómetros sus pasos una vez pasado Foncebadón para conocer esta ecoaldea, así como muchas personas que pasan algunas temporadas del año viviendo allí, especialmente en los meses de verano.

El doom, lugar de encuentros, reuniones y celebraciones. (Foto: Quinito)

Habitantes de Matavenero. (Foto: Quinito)

Reparto de las tareas comunitarias. (Foto: Quinito)

Cooperación y convivencia

La solidaridad, cooperación y la reciprocidad marcan el carácter de las relaciones entre sus miembros con la realización de trabajos comunitarios, las ayudas entre vecinos y la celebración de encuentros, rituales y actividades que ayudan a reforzar el vínculo de unión y sentimiento de pertenencia. Así, tienen un sistema de toma de decisiones basado órganos asamblearios en los que participan todos y, aunque tal vez no haya una ley escrita, Matavenero tiene también sus normas y reglas de funcionamiento para garantizar la convivencia entre todos sus miembros.

“Si estas de visita o quieres quedarte unos días con nosotros, nos gustaría informarte de algunos acuerdos a los que hemos llegado después de convivir desde 1989. Información para conocernos mejor y unas pautas para la convivencia en los días que estés con nosotros”, recoge un tríptico informativo. Las principales indicaciones hacen referencia al lugar donde puedes acampar o quedarte a dormir si decides pasar unos días en el pueblo, cómo funciona la cocina común, qué agua se puede beber o la utilización de los 'compost toilet' -es un sistema de letrinas, ubicados en varios puntos del pueblo, y cuyos residuos serán utilizados después como abonos-.

Un tríptico con información sobre consejos para pasar unos días en Matavenero. 

“Cuando la oscuridad se haga más densa, cuando la Tierra clame de desesperación, cuando plantas y animales sean despreciados y pisoteados por el hombre, vendrán por el Oeste … se les verá llegar. Los Guerreros del Arco Iris. Que traerán la Luz, el Conocimiento y el Amor al resto de sus semejantes. Enarbolando el símbolo de la Conexión y el Anclaje con el Verdadero Amor”, decía la profecía de una nativa de la tribu Cree llamada Ojos de Fuego.

Detalle de una de las casas, con el rostro de un indio. (Foto: Quinito)

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