Castilla y León
CASTILLA Y LEÓN
La monologuista abulense Sara Escudero asegura que cuando eres mujer "el público te sitúa dos escalones por debajo"
La joven natural de Arenas de San Pedro ganó ayer el V Concurso de Monólogos de El Club de la Comedia, un premio que espera que dé un espaldarazo a su carrera
Ical
18/12/2011 (11:49 horas)
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La abulense Sara Escudero, natural de Arenas de San Pedro, se alzó el pasado domingo con el primer premio del V Concurso de Monólogos organizado por El Club de la Comedia con una historia sobre cómo a los 30 años una mujer busca su príncipe azul, un premio que confía en que sea un espaldarazo para su carrera profesional, sobre todo desde el punto de vista de la promoción, como le ha pasado a ganadores de ediciones anteriores como Luis Piedrahita, Quequé o Eva Hache, que se han convertido en rostros habituales de la comedia televisiva.

Cuando se supo entre los finalistas, explicó en declaraciones a la agencia Ical que sólo pudo exclamar “¡Madre mía!” y tras ser investida con la banda y la corona de ganadora, al más puro estilo Miss, agradeció el veredicto del jurado “de pecho no, porque no puedo, pero sí de corazón”, ya que el tamaño de sus pechos es un tema sobre el que suele ironizar.

Escudero estudió tres años Medicina en Salamanca, aunque la comedia había estado en su cabeza desde que era pequeña. Una vez vencido el miedo a vivir de una profesión como el teatro, estudió dos años en una escuela de Madrid mientras trabajaba como camarera en una discoteca los fines de semana. Fue ahí donde encontró su verdadera vocación, la de monologuista, mientras relataba a sus compañeros las anécdotas que ocurrían cada noche. “Entonces pudo más el gusanillo de la comedia que el de la interpretación y fue la mejor decisión que he tomado en mi vida después de dejar Medicina”, aseguró a Ical.

Pero antes de subir al escenario de El Club de la Comedia, lo ha hecho en otros de lugares recónditos y peculiares. A lo largo de los cinco años que lleva en el mundillo de los monólogos, Sara Escudero ha actuado sobre una mesa de billar, sobre una plataforma de gogó o en un tablao casi improvisado en medio de la plaza de un remoto pueblo. De todo se aprende.

La abulense recuerda entre risas su actuación sobre una mesa de billar cuando tan sólo tenía a sus espaldas cinco bolos. “Fue en una discoteca de un pueblo de Guadalajara y después de un viaje por una horrible carretera me encontré con un aforo de 14 personas. En situaciones así le echas un valor que sale de la inocencia y de las ganas”, comenta.

Otra escena pintoresca es la que protagonizó hace dos años cuando fue contratada por una peña para actuar en las fiestas de un pueblo de Cáceres. En un escenario “montado con cuatro tablas”, recuerda Escudero, “un ebrio alcalde me presentó, como pudo, ante un público compuesto en su mayoría por matrimonios que bailaban en la plaza y que al pararse la música y empezar yo el monólogo, un señor, también con alguna copa de más, me dijo que me callara, que para despelotarse no hacía falta hablar tanto”.

Empatizar con el público es un requisito imprescindible para el éxito de un monólogo. “No basta la anécdota, el chascarrillo, es necesario universalizarlo y transformarlo con técnica, una técnica basada en dos variables: dolor y verdad. Todo lo que duele y es verdad hace gracia”, explica la cómica.

Asimismo, comenta que es el público el que va marcando el ritmo del monólogo, lo que permite improvisar, eso sí, sobre un texto pensado, escrito y probado mucho antes. Eso otorga al monologuista seguridad sobre el escenario y, aunque Sara Escudero asegura que nunca ha sentido miedo escénico, plantarse ante ‘el respetable’ implica cierto nervio que viene dado por el respeto.

Y no siempre el público lo pone fácil. “Al ser chica siempre te ponen más trabas en los directos y te sitúan dos escalones por debajo. Si sale un hombre al escenario, la predisposición es diferente y una mujer tiene que hacer un esfuerzo mayor para ganárselo”, lamenta la joven.

Algo que ocurre sobre todo con los espectadores masculinos. Para muestra, un botón. Cuenta Sara Escudero que tras una actuación en Valencia se le acercaron dos hombres de mediana edad y le pidieron perdón. “¿Por qué?”, preguntó ella. “Porque al verte subir al escenario hemos dicho: una chica, ya nos podemos ir y, sin embargo, hacía mucho tiempo que no nos reíamos como hoy”.

Por desgracia, dice Sara, aún queda entre muchos el pensamiento de que la comedia es cosa de hombres. Y precisamente para cambiar esto, han nacido cómicos como ella. “Ser cómico es más que una profesión, es una manera de vivir y de ver la vida, y ahora mismo no concibo hacerlo de otra manera”, sentencia Sara, a quien se podrá ver en la próxima temporada del programa televisivo de monólogos.

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