Opinión
OPINIÓN POR JESÚS MARÍA LÓPEZ DE URIBE
La Crónica (de León) hizo Historia 
El cierre de La Crónica de León, un periódico que en manos de Óscar Campillo pasó del cierre a casi superar a su competidor, el Diario, marca el fin de una época en la ciudad; dejando una serie de hitos en el periodismo provincial y en la Historia Leonesa
30/07/2013
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Historia(s) de León
Quién iba a decirme a mí que iba a hablar de mi historia dentro de la Historia del Periodismo leonés, de la Historia de León. Aunque sabía desde hace meses la extrema y complicada situación de La Crónica de León, llega el momento de despedir al periódico que me vio nacer como periodista. Y pese a que durante meses creía que tal y como estaban las cosas era lo mejor para sus trabajadores, porque podían dejarles sin cobrar hasta diciembre, hoy se me hace muy cuesta arriba seguir pensando eso. Quizás es lo que tiene hablar desde fuera del periódico y del periodismo como tal. Quizás es que ahora se me vienen todos los recuerdos que pasé en esa fantástica redacción que conocí del 92 al 98. Y más bien es que, aunque hace muchos años que no hablo con ellos en profundidad, mucha gente a la que quiero y tengo aprecio se queda sin empleo después de ser “maltratados” durante un par de años por la difícil situación que ha vivido la empresa.

“La Crónica cierra en seis meses, te lo digo yo”. Durante estos dos últimos años he oído repetidamente esa frase de muchos agoreros. Por el camino cerró 'El Mundo de León' cuando nadie lo esperaba. También lo he oído del 'Diario de León', mi otra casa periodística con el ABC, del que fui corresponsal. Casualmente, de lo que me vanaglorio, durante tres meses de 1998 trabajé en los tres periódicos a la vez: sustituyendo a Pilar Casado -otra gran protagonista del periodismo leonés que nos dejó hace años por el cáncer que le descubrieron cuando la sustituí- en Provincia en el Diario; iniciando un suplemento de lo que entonces eran Nuevas Tecnologías en La Crónica; y como corresponsal en León del diario de los Luca de Tena. Posiblemente sea el único periodista que haya trabajado en el 'Diario' y 'La Crónica' a la vez.

Y cómo no sentirse triste por un periódico que aún con los defectos que tenía (no en el papel ni en la redacción, sino en la rotativa y en aquel local de redacción de la plaza de Toros que yo llamaba “el tren correo” porque tenía las estanterías sobre las mesas) hizo cosas tan enormes como casi superar al Diario de León bajo la batuta de Óscar Campillo, que lo recogió muerto, más muerto que hoy. Óscar, uno de los mejores directores que conoceré en mi vida.

Precisamente, gracias a Óscar Campillo, comencé mi camino periodístico. Bueno, eso no es cierto; dio la casualidad de que mi padre, que en paz descanse y que murió justo cuando me quedé en La Crónica -aún recuerdo con emoción que tras el funeral lo único que veía más allá de mis amigos y mi familia al salir de la iglesia era la cara compungida de mis compañeros de La Crónica y de Óscar-, conocía a la mujer de entonces de Campillo de las clases de inglés de la Escuela de Idiomas. Pues la convenció para que yo fuera a entrevistarme con Óscar en las vacaciones de Semana Santa. Vaya plan: odiaba la carrera y en cuarto llevaba todo suspenso porque no me había presentado a un examen. Le dije: “Es que no me gusta la carrera” y Óscar me contestó: “Puede ser, pero vienes, pruebas y luego decides. Te vienes el 24 de junio y empiezas”. Me dio tanta vergüenza ir a las prácticas con todas suspensas, tras comprometerse mi padre por mí, que me presenté en 40 días a 16 exámenes y los aprobé todos. 

Así que el 24 de junio de 1992, día de San Juan -con la resaca propia de un chaval de 24 años que había salido la noche anterior-, me planté a las 12 de la mañana en aquella redacción vieja de 'La Crónica' donde no había nadie (en aquellos tiempos los días de fiesta no se trabajaba por la mañana) y allí pasé mi primera resaca (y no la última) en aquella redacción junto a José Ramón Bajo (al que llamábamos 'Jota'), el que hoy es director de 'Gente en León', que de aquellas era subdirector. Según llegó Campillo me preguntó sorprendido que qué hacía allí... y yo le contesté que me había dicho que fuera ese día. Con su particular sorpresa de despistado, porque no se dio cuenta del día, me dijo que volviera por la tarde. Y esa tarde, por primera vez en mi vida escribí una columna para un periódico. 

Año 1992.  Expo de Sevilla. Nota de Pabecal (Pabellón de Castilla y León) y frase mítica de 'Jota': “Toma ésto y cáscate una paja mental”. Sí, así de directo. Yo que era nuevo, y tímido (y de aquellas casi del Opus), me quedé blanco y compuse la media columna en aquella estación de trabajo VMS/VAX de fósforo verde que me fascinó desde el primer día (y que 'hackeé' dos años después) para sentirme orgulloso por firmar “Uribe” (mi firma corta) en un periódico. Con los años sé que para arreglar aquella nota de la Junta había que 'cascarse' una buena (y hoy también, qué quieren que les diga). 

Ese año comencé en Local. Mi primer reportaje. “Viva la gente” que actuaba en las fiestas. Aquella noche me quedé fascinado por el periodismo. Era joven. Un niñín. En este artículo de Javier Calvo sobre La Crónica, en la foto de redacción (la quinta), me pueden vislumbrar ahí -el primero a la izquierda- tres años después en la sección de Comarcas junto a Daniel Álvarez y Juan Daniel Rodríguez cubriendo nuestros papeles con paraguas porque había goteras. Justo antes de que llegaran las estanterías que colocaron entre las mesas y que configuraron el “vagón correo”.

Luego pasé a Deportes. Para cubrir las olimpiadas de Barcelona 92 (es decir, editar agencias una detrás de otra) con un jefe y unos compañeros que nunca olvidaré. Valbuena, que gritaba como un poseso, que escribía de baloncesto; Roberto Fernández, el pelirrojo siempre sonriente; y el jefe de Deportes (¡Oh, sorpresa!) el divertido, sonriente, comprensivo y siempre, siempre al teléfono Javier Calvo (sí, el mismo director de este Digital; que sigue siempre, siempre al teléfono). Al final de verano estuve dos semanas en Comarcas.

Ese año ya estaba enganchado. Tanto, que cuando llegué al año siguiente y me dijo Óscar Campillo que me pasaba a Comarcas me llevé un disgusto porque yo quería seguir en Deportes. Primera frase de Javi Calvo que recordaré siempre: “No Uri, mucho mejor para ti Comarcas”. Qué razón tenía. Eso sí, menuda 'engatada'. Juanjo Valverde, el jefe de Comarcas entonces (que luego fue jefe de prensa de Victorino Alonso) se casaba y Josu Rodríguez (jefe de prensa de Amilivia hoy en el Consejo Económico y Social), se iban de vacaciones a la vez. ¿Resultado? Yo, nuevo casi del todo, me tuve que encargar de coordinar Comarcas todo un mes. El mismo año que entró José Javier Porras Valenzuela (el hoy representante sindical que no ha podido hacer nada por evitar el cierre) a mi vida. Y lo conseguí, vamos, que lo conseguimos. Salíamos. Salía el periódico (y sin encontrar a “Fernando sin Par”). Increíble pero cierto. 

Bueno, un día no, que se nos inundó el periódico y no pudimos salir. Reventó una tubería de la traída del agua y yo, con los pantalones 'arremangaos' intentaba que no entrara el agua en la rotativa poniendo planchas de impresión para desviarla. No pudo ser. Eso sí, al día siguiente Fotomecánica pasó a llamarse 'Fotonáutica'. Qué grandes Laura, Nitro, Fernando, JuanCar, los gemelos y todos los demás. Gente divertida. Mucho. Grandes de verdad. Llamaban a los de redacción “tristes”, y tenían todo el derecho a hacerlo junto -por supuesto- al chistero: Lolo.

Al tercer año de prácticas, con Dani Álvarez de la Torre (el hoy director que le ha echado todas las narices posibles para sacar el periódico y a sus compañeros adelante) ya como trabajador en Comarcas y el fichaje de Porras... lo logramos de nuevo, pero esta vez casi superándonos a nosotros mismos (y las discusiones con Pablo Rodríguez Lago, el que ha sido director del Diario y hoy lo es de El Mundo de Castilla y León, sobre qué páginas de la edición del Bierzo tenían que ir en León) porque salimos todos, repito, todos los días de fiesta. De ahí lo de las demás resacas en redacción.

Aquella redacción de prácticos JASP (“Junio, Agosto y Septiembre Puteados”) con nombres absolutamente increíbles: José Javier Porras, Carmen Perrino, Estrella Casquete, Daniel Cerdá y otros tantos que parecía que aquél periódico estaba escrito en verano por una redacción de chiste, fue también una experiencia cañera. Pero más lo fue el quedarme cinco meses sin cobrar (el año 94 la cosa estaba jodida, jodida y luego estar dos años más como “adjunto al redactor” (chiste particular que entenderán Eva Suárez 'Dolcetriz' y Carlos J. Domínguez @junta_letras junto a Marián García). Sin embargo, allí aprendí a hacer periodismo con Daniel Álvarez y Juan Daniel Rodríguez, los comarqueros; frente a nosotros Eva Suárez (hoy 'Dolcetriz), Ángela Domínguez (hoy directora del Diario de Soria), Violeta Rodríguez Oria (hoy en prensa de la Ciuden), Anabel Domínguez (que fue la primera jefa de Prensa de Manuel Martínez en San Andrés del Rabanedo), las chicas de Local. 

Y esos horarios, hasta la una de la mañana muchos días. O la hora surrealista de las diez y media de la noche en la que o nos reíamos o nos echábamos a llorar tras 12 horas después de la reunión de mañana. Y la gente de Economía como Valverde, Joaquín Sánchez Torńe (hoy director del Diario), La de Cultura, Fulgencio Fernández, Ana Ustáriz (hoy en prensa de la Universidad de León); los corresponsales como Polo Fuertes...

O el suplemento de Campo con Dani Álvarez (el mejor periodista y más honesto y serio a la hora de trabajar que he conocido y del que aprendí mano a mano durante esos años cómo se debía centrar uno en el rigor más que en la 'objetividad'), en el que silueteamos una vaca con sus cuernos y todo en la portada. Lo que nos reíamos con los silueteados y lo que cabreábamos a los maquetistas. Lo que aprendí de Agricultura y Ganadería. Yo, que mi familia era de Logroño y lo que único que conocía de León era la línea de Feve hasta La Vecilla. Yo, que cuando me pusieron en Comarcas reconocí que no sabía dónde estaba La Bañeza (bueno, a Astorga sí había ido una vez).

Y un domingo me tocó salir corriendo desde una manifestación contra el CTR provincial en Rioseco de Tapia a un pueblo cerca de Cistierna donde a un vecino “le dio una luna”. Me tocó ver la matanza de Herreros de Rueda. O cuando estaba un 22 de diciembre en Maraña disfrutando con la gente que le había tocado el tercer premio de la Lotería de Navidad junto a Marían García y Mauricio Peña, un fotero mítico, y nos quedamos helados en el viaducto de Riaño cuando encendió la radio y escuchamos dos palabras “atentado, León”. El día que mataron a Cortizo me tocó escribir en una redacción frenética, nerviosa, golpeada por la realidad etarra y sin posibilidad de llamar por teléfono, un maravilloso artículo de cómo le había tocado la lotería a unas personas. A la mi Marian, -que hoy sufre el cierre tras pasar por Economía, Provincia y escribir la mejor columna que he visto en mi vida sobre una novata con un ordenador en aquel suplemento de Tecnología que hice en el 98-, también. No sé qué fue más surrealista, si lo de Herreros de Luna, con cuatro muertos -y entre ellos un Guardia Civil que yo conocía- o lo del reportaje de la Lotería el día de Cortizo. No sé si logré expresar la alegría de los premiados en aquel momento. Realmente no me acuerdo de ese artículo.

Y otras tantas noticias. Otras tantas anécdotas. Esos fotógrafos que cuando les dió por ir en moto, nos llevaban de “paquete” y no queríamos volver a ir con ellos (Cundi, Secundino Pérez, no te perdonaré ese paseo por la Ronda Este jamás). Desde el mítico Mauricio (que dejó el 'Diario' para apostar por 'La Crónica') hasta M. Marcos, Cundi, mi querido y larguirucho López (“Lopi” para los colegas, que hoy está en Siria haciendo fotáncanas). Y, como guiño del destino, ese Jesús F. Salvadores, otro monstruo de la fotografía en el 'Diario de León' ahora (y con el que compartí los cinco años que estuve allí tras 'La Crónica') contarles que sus primeras fotos en un periódico leonés fueron en 'La Crónica'. Cosa de Dani, que trajo las fotos “de un chaval de un pueblo de al lado del mío”, y mía al hacer un reportaje en el Dominical con fotos enlutadas (con marco negro) de una matanza de un cerdo, aprovechando que yo, al fin, había visto una matanza en Puebla de Lillo.

Y el reportaje de los Palomares, el primero que hice en un dominical. O el de Riello, que Ángela Dominguez quiso que escribiera en pequeños cachitos y del que aprendí que era el municipio con más pueblos de toda Europa (con Ponferrada justo detrás, oigan) y del que me quedó la anécdota del pueblo de Valbueno, donde vivía un sólo habitante y en el cartel, al que le taparon las letras con pintura ponía “1 bueno”.Y la gente, esa gente que conocí y con la que compartí mis años de inocente periodismo.

Y la nueva redacción del Polígono X, que también, aunque fuera cuando 'L@ Cronica de las Nuevas Tecnologías' pasó a llamarse 'El Busc@dor' porque José Luis Prusén (hoy director de 'La Rioja') confió en mí y aceptó que hiciera ese suplemento aún trabajando en Provincia en el Diario. Por cierto, qué manía teníamos con la arroba en aquellos años de la burbuja 'puntocom' (sí, hemos vivido otras burbujas económicas aunque no nos acordemos).

Demasiados recuerdos en mis cinco años allí. Demasiados para no emocionarse. Y encima, con la reciente falta de Norberto, el fotógrafo del Diario, siento que en 2013 se me mueren muchas más cosas que el periodismo aquel del que descreí. Se me muere parte de mi ADN en lo que hago hoy gracias a lo que aprendí allí. Se me muere, se nos muere, parte de la Historia de León. 

Perdonen este 'testamento', y nunca peor dicho, pero hay tantas cosas que contar que como ya no se harán en su papel necesito escribir algunas aquí. El cierre de 'La Crónica' me duele. Y mi forma de asumir el luto es contándoles lo buenísima que fue para León y que lo seguirá siendo en la memoria de todos los leoneses. En menos de una semana todos la echaremos de menos.

Jesús María López de Uribe

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