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La añoranza perdida de los bares y hoteles de León
'Aquella hostelería de León (capital) (1752-1985)' se convierte en un libro fundamental recupera la memoria de 230 años de la hostelería leonesa
Imgen del Bar Universal, un clásico de la historia de la capital.
Imgen del Bar Universal, un clásico de la historia de la capital.
Juan Luis Puente López
28/11/2013 (18:40 horas)
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Estaba por escribir una historia semejante. Y al final se ha hecho. Aquella hostelería de León (capital) (1752-1985) de Roberto Cubillo de la Puente, publicado por Ediciones Lobo Sapiens, que este jueves se presenta en León, es un ejercicio magistral de memoria documental y fotográfica capaz de interesar a todos los leoneses. Anécdotas, curiosidades, datos, testimonios e imágenes de cada época relacionada con los establecimientos hosteleros y hoteleros conforman un libro único en el panorama bibliográfico leonés.

Mal que nos pese, el pasado cuartelero de esta ciudad siempre ha arrojado superávit de bares, respecto a librerías y centros culturales, aunque parece ser que la tónica nacional siempre ha sido igual: en 1894 se contabilizaban en España 90.000 tabernas y 24.529 escuelas. De cualquier forma, y como recoge en el prólogo Miguel Cordero del Campillo, andaban sueltos los vientos de la mala fama de León cuando se compuso esta coplilla: “León, ciudad bravía / que, entre antiguas y modernas, / cuenta trescientas tabernas / y una sola librería”. En León, la literatura, el arte y la filosofía del día a día se han creado en tascas, tabernas, cantinas, figones mesones con comidas y sin ellas, bares, cafeterías y restaurantes (por orden de categoría en su feligresía).

Para los visitantes que afluyen actualmente a la que, en su día, se denominó “La bella desconocida”, la Catedral está muy bien, San Isidoro no tanto, San Marcos espectacular y el Musac hace un nudo en el estómago, pero la mejor jugada está en tapear y comer en León. La liturgia es siempre la misma: llegada a la ciudad; visita rápida a sus monumentos “porque siempre tenemos prisa” y a tomar algo por el Barrio Húmedo, bautizado así por Máximo Cayón Waldaliso, monumento número uno de la ciudad y apreciadísimo yacimiento de arqueología gastronómica donde se dirimen y establecen vínculos culturales, políticos, sociales e incluso algún encantamiento amoroso.

Esta ciudad es como es y no hay que darle más vueltas. Cualquier tipo de evento tiene su colofón ante una buena mesa de algún establecimiento hostelero donde el leonés contempla el futuro con benevolencia. Y no olvidemos que, desde siempre, una buena parte de parroquianos se alimenta de las “tapitas y tapotas” que, con profusión, se suelen ofertar con la consumición, de tal manera que muchos cuando llegan a casa tienen el buche lleno y “que coma su santa parienta” (algunos hay que no tienen problema en seguir haciendo un hueco en el estómago).

Varios anuncios de bares de época recogidos en el libro.

Y la historia de este mundo del comer y beber donde se fraguan conspiraciones, se vende la catedral o se pone a parir al clero desde hace más de cien años, ya tiene un documento de primera mano en un libro excepcional: Aquella hostelería de León (capital) (1752-1985) que Roberto Cubillo de la Puente presenta hoy en León. Ya solo la portada lo dice todo. Una foto en color, tomada en un luminoso mediodía de verano, del que fue un establecimiento emblemático en esta ciudad: el restaurante, sala de fiestas y bar Universal.

La editorial leonesa Lobo Sapiens y su director, José Antonio Martínez Reñones, ha apostado por un trabajo que con toda seguridad va a marcar un hito. Roberto Cubillo es leonés, Doctor en Veterinaria y especialista en la problemática de los alimentos destinados a la nutrición humana. Su excelente libro sobre los arrieros leoneses publicado en 2006 es el germen de este trabajo sensacional que le ha llevado a recoger datos durante veinte años.

Los bares de León , sus dueños y empleados son reliquia de la memoria. Ahí esta una buena parte del León que perdimos. Y con su recuerdo se fueron tantos personajes relacionados con ese mundo (estoy pensando en la foto incluida en el libro por Roberto Cubillo, con una parte de la plantilla del restaurante Universal en donde se ve a Enrique Méndez, propietario más tarde del Bar Venecia). La mayoría de lo que nos cuenta el Dr. Cubillo se ha esfumado en el olvido y este libro pretende recobrar su memoria. De finales del siglo XIX y principios del siglo XX, datan el Hotel Inglés, el París, el León de Oro, lo mismo que Casa Benito, Casa Luisón, el Bar Azul (donde se sirvió por primera vez Coca-Cola en 1930) o tres tascas míticas como El Polvos, El Ruedo y El Nalgas.

Bar Nalgas, a la derecha, en la misma ubicación que tiene actualmente.

Contaba el escritor Antonio Muñoz Molina que un día charlando con Fernando Fernán Gómez le preguntó al gran actor qué sentía cuando paseaba por el Madrid de su juventud. Fernán Gómez con su habitual tono medio enfadado le respondió: “Nada, no siento nada. La mayoría de los lugares ya no existen”. Lo mismo sucede en León. Mucha gente que vuelve, después de no tantos años de ausencia, se han encontrado como perdidos ante la imposibilidad de la memoria de anclarse a un lugar conocido. ¿Qué fue del Bar Central, el Exprés, el Rox, el Dos de Mayo (recientemente cerrado), la Casa Llanos, el Bar Zara o el Flor?

Y sin embargo, algunos establecimientos han mantenido el rumbo a través de los años. El Dr. Cubillo relaciona en un apéndice los que tienen más de treinta años de existencia y continúan en el mismo lugar e idéntico nombre: el decano de todos, el Victoria fundado en 1887 y, con 102 años de existencia, el Bar Nalgas de la calle Jacinto Benavente. Luego están los que han pasado la venerable ancianidad de los ochenta y aún se mantienen vivos contra viento y marea: el Bar Benito y Casa Luisón (1915), el Bar Plus Ultra (1917) o el Besugo (1926).

No olvida el autor relacionar y comentar el mundo del hospedaje en León. En 1751 se contabilizaban ocho establecimientos de este tipo, frecuentados en su mayor parte por arrieros y en 1953, León capital tenía 9 hoteles y 19 pensiones, escribe el Dr. Cubillo. Hasta 1964 no se abriría el Hotel Conde Luna y, un año después, abrirían sus puertas el Hostal de San Marcos y el Hotel Riosol.

Aquella hostelería de León (capital) (1752-1985) de Roberto Cubillo de la Puente, publicado por Ediciones Lobo Sapiens, es un volumen excelentemente editado con 261 páginas en papel couché brillante de formato folio y un magnífico soporte fotográfico de enorme valor documental. Sin duda un libro ideal para regalar en estas fiestas próximas.

José Antonio Martínez Reñones, ediciones Lobo Sapiens, y Roberto Cubillo (derecha), con su libro.

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