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El tiempo de 'matar judíos'
Una de las tradiciones paganas de la Semana Santa en León lleva a los "fieles" a disfrutar de un brebaje a base de vino, fruta, azúcar y canela llamado limonada
Canela, fruta, vino, azúcar, agua... algunos de los ingredientes de la limonada.
Canela, fruta, vino, azúcar, agua... algunos de los ingredientes de la limonada.
V. Silván
24/03/2013 (17:18 horas)
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Llega la Semana Santa en la provincia de León y con ella, aunque parezca lo contrario, la “incruenta” tradición de “matar judíos”. No es una incitación a la violencia ni un manifiesto antisemita, sólo es una de las principales costumbres paganas que acompaña a estas celebraciones y  cuyo origen, no del todo claro, se remonta siglos atrás y se pierde entre los enfrentamientos de cristianos y judíos que marcaron el Medievo leonés.

Esta tradición lleva a sus “fieles” en otra procesión, de bar en bar, para “matar judíos” a tragos de limonada, un brebaje elaborado especialmente para esta época del año y cuya receta tiene como ingredientes básicos vino, azúcar, fruta y canela. “La limonada y la expresión de ‘matar judíos’ ha existido prácticamente siempre, desde la Edad Moderna y toda la Contemporánea ”, defiende la historiadora y cronista de la ciudad de León, Margarita Torres.

Según sus estudios, su origen está en los asaltos a finales del siglo XII a las juderías de la ciudad de León, entonces en la zona de Puente Castro, por parte de los reyes Alfonso VIII Castilla y Pedro II de Aragón. El ataque obligó a los judíos que lograron huir a instalarse en la ciudad, en el entorno de lo que hoy es barrio de Santa Ana y la plaza de San Martín. “Fue un asalto muy duro, con muchos muertos y sangre, fue muy impactante aunque después trajo mucha tranquilidad durante ciento y bastantes años”, narra la experta en Historia Medieval.

Así, Torres sitúa un nuevo enfrentamiento entre ambos colectivos a mediados del siglo XV. “Había un cristiano que se llamaba Suero de Quiñones y que debía mucho dinero a un prestamista judío que vivía en la ciudad y  como no se le ocurrió otra forma de no pagar su deuda animó a que, como había pasado en el resto de España, había que acabar con todos los judíos porque eran culpables de la muerte de Jesús, matarlos a todos y vengar la sangre de Cristo”, explica.

Entonces Suero de Quiñones y un grupo de amigos entraron en la judería, en la zona del barrio Húmedo actual, “y mataron a mucha gente, incluido el prestamista, para después ir a celebrar su muerte bebiéndose unos vinos”. “Era el día de Jueves a Viernes Santo y de ahí viene la costumbre de matar judíos”, afirma Torres, que apunta que los asaltos están documentados históricamente, lo mismo que el ataque de Suero de Quiñones y “la sospecha de haberlo hecho por ahorrarse el dinero del préstamo e irse de vinos, que lo que dicen los textos es que valoraron tan poco el crimen que habían cometido que fueron a festejarlo”.

Esta es una explicación documentada al origen de esta expresión, del que existen variadas versiones. Algunas apuntan también a los ataques  a los judíos en Semana Santa y que las autoridades, para evitarlos, decidieron permitir una suave bebida alcohólica en las tabernas del camino, para que se emborracharan y desistieran de sus intenciones. Otras dicen que la limonada evocaba a una de las siete palabras que pronunció Jesucristo en su pasión, "Tengo sed", e incluso otras la vinculan a la transmisión oral de la expresión  "Limonada que trasiego, judío que pulverizo".

La limonada, una 'explosiva' mezcla de vino, agua, limón, canela... (Foto: César Sánchez)

La receta de Palmira

En la elaboración de la limonada “cada maestrillo tiene su librillo” y es habitual que las recetas, con sus secretos en medidas e ingredientes, vayan pasando de padres a hijos. Una buena limonada es dulce, con presencia del sabor de las frutas y macerada lo suficiente para que no deje un “regusto” amargo y áspero. La más habitual hoy en día es la que se elabora con vino tinto, aunque tradicionalmente se hacía con clarete y, en los últimos años, también es posible encontrar en muchos bares limonada de vino blanco.

Una de esas limonadas con tradición es la que elaboran en casa de Ángel Luengo, en Ponferrada, con la receta de su abuela, la señora Palmira, que se encargó de enseñarla a su hija y sus nietos. “Realmente es una receta familiar, porque la hija y la nieta de la hermana de mi abuela Palmira la hacen también más o menos igual”, explica.

Su elaboración lleva tiempo y requiere paciencia. La receta de Palmira para diez litros de vino –en este caso clarete- requiere de un kilo de naranjas, de las que sólo se añade la piel, un kilo y medio de limones cortados en trozos, dos botes de canela en rama, un paquete de higos, otro de uvas pasas y “más o menos” un kilo “y pico” de azúcar.

Tradicional ronda de limonada de Semana Santa en Ponferrada. (Foto: César Sánchez)

El secreto está en no echar todo el azúcar al principio sino echar unos 750 gramos el primer día de elaboración e ir añadiendo un poco más todos los días hasta que tenga “el punto” justo.  “Se mezcla todo y después se deja reposar un par de días tapado con un trapo de gasa para que respire, se remueve y se prueba todos los días y se le va echando un poco más de azúcar hasta que esté a nuestro gusto, así nunca nos pasamos”, precisa Ángel.

Al final, el brebaje debe estar en reposo entre ocho o diez días para que la fruta suelte todo su sabor en maceración con el vino y el azúcar. El paso siguiente en su preparación es colarlo  y embotellarlo para que esté listo para el Domingo de Ramos y empezar la Semana Santa como manda la tradición, “matando judíos” con un trago de la más rica de las limonadas.

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