Reportajes
REPORTAJE
El otoño pinta el Valle de Laciana  
La llegada del otoño provoca que los árboles que salpican la Reserva de la Biosfera cambien de color una zona donde destaca por la presencia del urogallo o el oso pardo
R.A.G.
10/10/2011 (00:39 horas)
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La llegada del otoño provoca que los diversos árboles de hoja caduca que salpican la Reserva de la Biosfera del Valle de Laciana cambien de color. En esta estación, entre el casi omnipresente verde veraniego aparecen los tonos rojizos que adoptan los cerezos, los parduzcos de los robles o los amarillentos de los abedules en los que habita, entre otras, un ave tan emblemática como el urogallo cantábrico. Poco a poco, las especies caducifolias irán desprendiéndose de su follaje hasta la llegada del blanco y largo invierno de esta zona del noroeste leonés.

Encuadrada en el municipio leonés de Villablino, la Reserva de la Biosfera acoge bosques mixtos que ocupan algo más del 15 por ciento de su territorio, con especies de ribera como los sauces, los alisos, los avellanos y los chopos, las cuales cohabitan con robledales atlánticos, abedules o hayas, estas últimas las más occidentales de las existentes en la Cordillera Cantábrica. Entre ellos, se encuentran otras como el tejo, que cuenta con algunos ejemplares milenarios en la zona, ha destacado Óscar Liñán, técnico de este ayuntamiento lacianiego responsable de este espacio.

Las grandes extensiones de bosques caducifolios hacen que el paisaje presente un aspecto muy distinto en las diferentes estaciones del año, y mientras en invierno los árboles se encuentran sin hojas y cubiertos de nieve, en primavera éstas brotan y predomina el color verde. En otoño, estas hojas adquieren diferentes tonos, según la especie vegetal, lo que hace que el entorno tenga durante unas semanas una rica variedad de colores, previamente a la caída del frío.

En estos bosques caducifolios vive el urogallo cantábrico, singular ave que se distribuye por diversos puntos de la Cordillera Cantábrica y que cuenta con un proyecto europeo Life+ para su recuperación. Promover actuaciones de restauración y mejora del hábitat de este animal en las Zonas de Especial Protección para Aves (ZEPA) en las que habita, reducir el impacto que causan los predadores y otros herbívoros sobre la especie, la puesta en marcha de un programa de cría en cautividad, reforzar sus poblaciones con ejemplares criados de esta forma o lograr compatibilizar los usos tradicionales en esta zona montañosa con la conservación de esta especie son algunos de los objetivos de este proyecto.

Además de por la importante presencia de esta especie del tejo, otro de los aspectos que la Unesco valoró para conceder el título de Reserva de la Biosfera al Valle de Laciana es el que acoge poblaciones de oso pardo, un animal amenazado en la Península Ibérica cuya reproducción en esta zona leonesa ha sido detectada de forma frecuente en las últimas décadas, según se asegura desde el Consistorio de Villablino. El oso pardo cuenta en Castilla y León con un plan de recuperación.

Las brañas

Entre estas actividades tradicionales que se realizan en el Valle de Laciana se encuentra la ganadería. En las cotas más altas, en los puertos de montaña, se distribuyen los pastos, que tradicionalmente han sido aprovechados desde la primavera y hasta aproximadamente estas fechas otoñales por el ganado vacuno autóctono o por el bovino procedente de otros puntos de España. Al conjunto de estos espacios apartados de los pueblos y a las edificaciones que surgieron en ellos se les llama brañas, ha afirmado el técnico, que a su vez las ha definido como un auténtico valor medioambiental y cultural de la Reserva del Valle de Laciana.

"Aparte de tener esas zonas de pastos, las brañas eran una especie de pequeños pueblos de verano. En invierno los ganaderos vivían abajo, en los pueblos, y en el verano tenían los chozos y los corrales en estas zonas y allí pasaban los días que estuvieran con el ganado. Ahí se daban tradiciones culturales de bailes o reuniones como los calechos", ha aseverado.

Aunque se siguen utilizando estas construcciones para guardar el ganado o la hierba, muchas de ellas se utilizan hoy sólo sólo como "residencia de verano". "Sigue habiendo mucho ganado, pero la gente que lo sube allí vive en los pueblos Se siguen aprovechando los pastos, la hierba se sigue guardando en las cabanas, las vacas siguen pastando en los prados y demás, pero no es ya lo mismo que se hacía en su tiempo", ha apuntado.

Como alternativa a la ganadería y a la característica minería de la zona, desde hace unos años en crisis, se encuentra la estación de esquí de Leitariegos, la cual atrae al 90 por ciento de los turistas que cada año pasan por la Reserva de la Biosfera del Valle de Laciana, ha concretado.
 

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