Sin Rastro en Siria
SIN RASTRO EN SIRIA
El error del guía al narrar su viaje a través de Internet
Los servicios de inteligencia creen que los tres periodistas, fueron secuestrados al sur de Alepo pero sólo hay sospechas sobre quiénes los capturaron
Melchor Sáinz-Pardo
10/08/2015 (11:53 horas)
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Les estaban esperando. «Desaparecieron a las pocas horas de entrar en Siria desde el sur de Turquía», apuntan responsables de los servicios de Inteligencia Exterior consultados , que, aunque siguen empleando el término 'desaparecidos', reconocen que la única hipótesis con la que trabaja el Gobierno es que los reporteros Antonio Pampliega, el extremeño Ángel Sastre y el fotógrafo José Manuel López fueron secuestrados en algún momento del 11 o 12 de julio en la zona vieja de Alepo por combatientes no sirios.

Tanto los mandos de Inteligencia como los responsables de Exteriores apuntan a la posibilidad de que los captores de los tres españoles, que viajaban juntos, fueran alertados de forma inconsciente por el guía de la expedición y amigo de los periodistas, el sirio Usama Ajjan, quien ya había sido cicerone y chófer de los reporteros en varios viajes a Oriente Medio.

Ajjan, del que Exteriores tampoco tiene noticia alguna desde hace diez días, colgó en su muro de Facebook el pasado 11 de julio cuatro fotografías con «sus amigos españoles», entre ellas un selfi con los informadores en una furgoneta ya en territorio sirio, al poco de pasar la frontera, y de una cena en un lugar indeterminado.

Las últimas informaciones confirmadas al 100% en el departamento que dirige José Manuel García Margallo es que los tres españoles y Ajjan pernoctaron la noche del 10 de julio antes de llegar a Alepo en Yisr al-Shugur, un pueblo situado a una hora en coche del punto fronterizo con Turquía más cercano, Yayladagi Sinir Kapisi, que los españoles habría atravesado solo horas antes.

Luego Pampliega, Sastre y López se dirigíeron a hacer un reportaje en la ciudad de Alepo, devastada por la guerra interina que asola el país desde hace cuatro años y bombardeada por las tropas de Bashar al-Asad, que 'en principio' está controlada por el Ejército sirio.

«En principio», insisten los responsables de seguridad exterior, porque precisamente en esa área operan la mayor parte de los grupos armados y facciones involucradas en el conflicto, especialmente células del Estado Islámico (aunque no es una zona bajo su influencia absoluta) y brigadas del Frente Jabhat al-Nusra, la franquicia siria de Al-Qaida, a su vez enfrentada con el Estado Islámico.

Pero la situación es más compleja –explican en Exteriores- porque en las cercanías de Alepo «pululan milicianos de otras facciones menores», "pseudoterroristas" o "simplemente bandoleras" como Ahrar ash Sham, Liwa al Islam o las Brigadas de Al Tawhid.

Uno de estos grupos, según las informaciones facilitadas por el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, fue el que interceptó la furgoneta en la que viajaban los tres españoles y su guía en la zona de Al Maadi, en la parte vieja de Alepo.

Sin datos concretos

El observatorio insiste en que el secuestro fue el 11 de julio, aunque la fecha no ha sido confirmada por los servicios de inteligencia, que creen que el rapto fue al día siguiente. Sea como fuere, los asaltantes no eran sirios y vestían ropas afganas, lo que apunta a combatientes extranjeros.

Los servicios de inteligencia admiten sin ambages no saber «por el momento» quién puede estar detrás de la desaparición de los tres reporteros ‘freelance’ españoles. Fuentes del caso insisten en que no hay diplomáticos occidentales en un radio de varios cientos de kilómetros de Yisr al-Shugur, que no hay contactos con el régimen de Bashar al-Asad y que las informaciones de ‘antenas’ propias, medios de comunicación árabes y redes sociales sobre la suerte de los periodistas «son muy contradictorias».

Sin duda,la peor de las hipótesis es que Pampliega, Sastre y López hayan sido secuestrados por terroristas del Estado Islámico y trasladados a las zonas de Siria o Irak bajo su control directo. Tesis que abonaría el hecho de que los captores sean extranjeros.

Los activistas del Daesh ya han demostrado por activa y por pasiva que consideran a los periodistas occidentales como espías y se niegan siquiera a negociar rescates. Menos extrema sería la situación si los informadores estuvieran en manos de Frente Jabhat al-Nusra o de cualquiera de las otras facciones, con las que al menos se pueden entablar contactos indirectos para negociar las condiciones de la liberación. 

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