LAS PAREDES HABLAN
OPINIÓN POR DANIEL LAZO
¿Donde está el límite?
Ayer leía en la red un artículo de un periodista, al cual no voy a entrar a valorar...
04/10/2012
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...en el que, con muy poco atino y bastante torpeza, casi demonizaba el deporte de aventura (entre otros) y a quienes lo practican.

Todo venía a cuento por el desafortunado fallecimiento de una mujer de 38 años en la ultramaratón de montaña “Cavalls del Vent” disputada en fechas muy recientes. Casi nos dice este caballero, que es mejor atiborrarse a beber en la barra de cualquier bar que practicar modalidades deportivas con un cierto riesgo implícito en las mismas y que, esta pobre mujer, incluso se había buscado ella misma su trágico final.

Lo primero de todo es que debemos  basarnos en el respeto mutuo de unos y otros. A mí me parece muy bien que este señor disfrute de la comida y la bebida en abundancia y que le proporcionen gran felicidad, pero también debería respetar que  otras personas encuentren la felicidad en otros placeres como pueda ser practicar deporte de aventura, bailar claqué o hacer encaje de bolillos.

Aunque como siempre digo, hasta de lo malo se aprende, y de la cantidad de barrabasadas que dice este hombre podemos extraer, entre líneas, algo que pienso nos puede afectar y hacernos reflexionar. Slogan como el del título, “Where is the limit” o “Correr o morir” popularizados por grandes de nuestros deportistas como Josef Ajram o Killian Jornet, están motivando a muchos deportistas a, precisamente eso, buscar sus límites. Es muy positivo que gracias a estos campeones mucha gente se enganche al deporte y disfrutemos de una sociedad con una salud deportiva envidiable – lejos de aquellos años en los que a los que corríamos casi se nos miraba como a bichos raros, y más si cabe, cuando lo hacíamos bajo la lluvia o la nieve – donde el deporte pasa a formar parte del estilo de vida de las personas. Pese a que a alguno le cueste creerlo, de esta manera también se puede ser feliz… incluso es compatible con otros placeres como el culinario, si, si… oiga usted.

Lo que no debemos de perder de vista es que los grandes deportistas de los que hablaba son profesionales, es decir, cuentan con patrocinadores, medios materiales y equipos humanos detrás suyo que les permiten afrontar sus retos en las mejores condiciones posibles y con los riesgos muy minimizados y, aún así, todos sabemos que en ocasiones han tenido sustos en forma de desfallecimientos, deshidrataciones…

Creo que nuestro límite reside en nuestro sentido común, el cual, siempre nos va a decir para lo que estamos preparados y para lo que no. Es fácilmente entendible que para correr triatlón la progresión correcta es hacer distancias intermedias antes de afrontar un “Ironman” por ejemplo. Así no todo vale, o no debería valer, si queremos no cometer errores en nuestra práctica deportiva. No es lo mismo correr en ruta que hacerlo en montaña, correr en pista o afrontar un triatlón. Cada cosa necesita su entrenamiento específico y seguir una progresión en las cargas para afrontar retos, cada vez, de mayor magnitud en las mejores condiciones para no sufrir accidentes ni lesiones asociadas a una práctica osada o alocada. Con esto quiero decir que es muy bonito afrontar retos que pongan a prueba nuestros límites pero debemos de hacerlo cuando nuestro cuerpo este preparado para ello y no correr cada fin de semana lo que haya –sin importar la disciplina ni la distancia- porque si, porque todo vale.

Sin duda, antes de desafiar a nuestro cuerpo buscando sus límites a través de retos extremos, tendremos que haber entrenado de modo adecuado en un proceso que, en ocasiones, se puede alargar incluso años.
La falta de preparación puede llevarnos a sufrimientos de gran envergadura que, en muchas ocasiones, han llevado a quienes lo padecen a coger manía a la carrera en cuestión. Mientras que una carrera bien preparada en la que llegamos al final sufriendo pero con sensación de fuerza y de  que el trabajo está bien hecho, nos motivará enormemente para seguir entrenando con miras al siguiente desafío.

También es evidente que el deporte competitivo y el deporte extremo “no son saludables” en el sentido que, muchos entrenamientos y competiciones, constituyen agresiones a nuestro organismo que pueden desembocar – no siempre- en un envejecimiento y degeneración prematuros de nuestras estructuras y sistemas corporales. Pero este es un peaje que, los que hemos escogido un estilo de vida deportivo, estamos dispuestos a pagar.

Respetemos que cada cual escoja el camino que más feliz le haga pero, elijamos el que elijamos, recorrámoslo esquivando – en lo posible - los obstáculos que puedan provocarnos grandes caídas.

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