Cultura
CULTURA
Cuando Santa Marina la Real se llenó de estremecimiento musical
La iglesia de la capital leonesa acogió un concierto homenaje por la inauguración del nuevo órgano de la Catedral de León
Juan Luis P. López
21/09/2013 (12:26 horas)
Vote 
Resultado 4.5 puntos4.5 puntos4.5 puntos4.5 puntos4.5 puntos (13 votos)
  Preparar para imprimir  Enviar por correo
Reconozco que estuve a punto de darme la vuelta cuando llegué a eso de las ocho y veinte a Santa Marina la Real el pasado miércoles 18 de septiembre. El gentío guardaba una cola irregular extendiéndose más allá de la iglesia. ¿Me habría equivocado? ¿No sería aquí el concierto del relamido Pablo Alborán? Pues no. Se avecinaba una sesión musical en toda regla, a base de un repertorio de piezas al órgano barroco, unos solos de violoncelo y la actuación del grupo CantArte, fundado en enero de 2013 y dirigido por el organista Guillermo A. Ares. Casi nada.

El concierto, organizado por la Plataforma Leonesa Pro Órgano Catedral era homenaje y celebración. Al fin se ha conseguido el flamante órgano para la Catedral de León. Y la mejor forma de congratularse es con música.¡Qué menos!

Gusta este público de barrio. Se le supone no adicto a conciertos de auditorio con corbata y programa en mano. Allí había de todo. Por eso, nada más comenzar, los registros del órgano construido por Pedro Echevarría en 1749 igualaron sensibilidades y dejaron al personal flotando en sus asientos, a modo de aperitivo ante lo que vendría después. Con un silencio ejemplar transcurrieron, posteriormente, los lamentos del celo que la gran violoncelista Georgina Sánchez dejó temblando en el aire. Tres obras compuestas por la propia intérprete y una más de un compositor italiano dejaron claras la excelente técnica y expresividad de esta vallisoletana.

Bellísimos también los Siete versos de 1º tono para Salve Regina, del catalán Francisco Andreu, maestro de capilla en la Catedral de Astorga de cuyo archivo musical procede la partitura. Los versículos del canto de la Salve, en la “casi voz humana” naciendo como un latido de las cuerdas del violoncelo de Georgina Sánchez se alternan con las variaciones organísticas en las hábiles manos de Guillermo A. Ares.

La segunda parte fue un auténtico festival de exaltación musical. El repertorio era complejo: polifonías medievales, un canto del Codex Calistinus, una cantiga de Santa María, el introito de la Misa de difuntos de Cristóbal de Morales y algunas piezas de compositores contemporáneos, uno italiano y otro gallego. Pero Guillermo se reservó para el comienzo una gran sorpresa. Las luces del templo se apagaron. El coro CantArte irrumpió en la iglesia desde atrás, con pequeñas velas en sus manos y paso rítmico marcado por un pandero medieval, cantando el Media Vita del Liber Hymnorum, una antífona medieval con arreglos actuales.

La gente no se creía lo que estaba viendo. En una iglesia abarrotada, donde muchos aguantaron estoicamente de pie la primera parte del concierto, parece como si hubiera sobrevenido un tiempo distinto que eliminaba todo cansancio o cualquier incomodidad.

Sentado en el escalón de un confesionario tuve que levantarme a toda prisa, para ver si aquello era verdad no fuera que estuviera soñando y Morfeo me hubiera transportado a otra dimensión.

El resto de la velada resultó cada vez más fascinante. Guillermo distribuyó a a sus jóvenes cantantes de forma completamente anárquica, mezclados por entre las filas de bancos donde un público asombrado participaba de forma carnal y directa de un canto sublime. Y llegó el descubrimiento. Una pieza magistral, una joya polifónica, un prodigio de sensibilidad. Así es O Sacrum Convivium del italiano Luigi Molfino, fallecido en julio del pasado año. El grupo CantArte nos dejó sugestionados. Aquellas cadencias ascendieron en el silencio de la iglesia de Santa Marina como una oración de esencia musical.

El coro CantArte volvío a agruparse; luego, separaban sus efectivos y corría Guillermo el atril para la popa de la iglesia mientras la gente gozaba de un estremecimiento nuevo, algo diferente a las mandangas televisivas al uso. Todos aplaudían de forma frenética. Aquellos minutos desbordaban arte y pasión musical.

No hubo programa de mano. Ni falta que hace. Guillermo explicaba las obras que se iban a interpretar y explicó que, con la versión que iban a ofrecer de una de las Cantigas de Santa María, compuesta por Alfonso X el Sabio hace algo más de 750 años, daría por concluido el concierto y ojalá sirviera como tranquilizante para pasar una buena noche.

¡Vaya con la música y sus poderes curativos! Salimos nuevos. Bebimos la noche leonesa de septiembre con codicia, aún enmudecidos por lo que acabábamos de escuchar. ¡Creo que hacía mucho tiempo que no disfrutaba tanto en un concierto! Gracias, Georgina Sánchez; gracias Coro CantArte; gracias, Guillermo. Tenéis un mundo por delante de música y admiración.
 

  Preparar para imprimir  Enviar por correo
Vote 
Resultado 4.5 puntos4.5 puntos4.5 puntos4.5 puntos4.5 puntos (13 votos)