Castilla y León
CASTILLA Y LEÓN
Alerta campesina por los topillos
La proliferación de topillos en la Moraña preocupa a sus agricultores que exigen medidas contundentes para controlar la plaga y evitar que se extienda
E. Rodríguez
15/12/2013 (11:52 horas)
Vote 
Resultado 4.3 puntos4.3 puntos4.3 puntos4.3 puntos4.3 puntos (3 votos)
  Preparar para imprimir  Enviar por correo
En la comarca abulense de la Moraña se han disparado todas las alarmas ante la proliferación en sus tierras del topillo campesino. Los agricultores vienen alertando en las últimas semanas de una presencia anormal de estos roedores, por ahora, en cunetas y lindes aunque temen que si se les sigue dejando que campen a sus anchas no tardarán en entrar en las parcelas sembradas mientras se reproducen a un ritmo vertiginoso.

Y es que la sombra de la plaga que hace seis años asoló el campo morañego planea sobre los agricultores que advierten de que si no se acaba con los topillos ahora cuando empiecen a suavizarse las temperaturas y llegue la época de cría, la epidemia será inevitable.

A las afueras de Mamblas, la familia de Emmanuel Rodríguez examina una parcela de alfalfa, hasta el momento, el cultivo más dañado puesto que se trata de tierra sin labrar donde los topillos se mueven con absoluta libertad. En la parcela pueden atisbarse gran cantidad de huras (los agujeros de las madrigueras) por las que si se introduce agua no tardan en salir los roedores, a pesar del letargo que pueden tener en una gélida mañana de diciembre.

Las últimas semanas han estado marcadas por fuertes heladas y, sin embargo, los topillos sobreviven así que Roque Francisco, el padre de Emmanuel, no muestra demasiada confianza en que los hielos acaben con ellos. “Las madrigueras están a 50 ó 60 centímetros bajo tierra por lo que el hielo no los mata, como mucho frena un poco su reproducción”, vaticina, al tiempo que asevera que desde que comenzó el frío ya han criado “dos o tres veces”. Según el alcalde de Mamblas, el también agricultor, Francisco Javier Rodero, cada pareja pare al año entre diez y 12 veces. En total, cada pareja tiene entre 70 y 80 crías al año.

Rodero comparte la extrema preocupación de sus vecinos por que se acabe repitiendo la plaga de 2007 cuyas consecuencias fueron desastrosas. Por el momento, ha solicitado a la Junta de Castilla y León permiso para realizar quemas en las cunetas y están a la espera de que se les conceda. Aún así, lamenta que estas quemas, a estas alturas, “no tienen sentido” debido a la dificultad de prender zonas donde ya hay hierba verde y mucha humedad. Los agricultores coinciden con él en que las quemas debían haberse realizado desde mediados de septiembre, que fue cuando se empezó a percibir que la presencia de topillos era superior a otros años; circunstancia para la que ninguno tiene explicación.

La mayoría apunta a la autorización del uso de veneno para acabar con los topillos, medida siempre polémica por el perjuicio que puede ocasionar en la fauna, pero la única que contemplan como realmente eficaz. También reclaman la limpieza de caminos y cunetas, que están ya “invadidas”, para impedir que el roedor entre en las fincas.

Imagen de un topillo en el campo de Ávila. (Foto: M. Martín)

Pero mientras esperan soluciones más contundentes, no les queda más remedio que enfrentarse a los topillos sin más ayuda que la de una bomba de agua que les obliga a salir de la madriguera. Cuenta Emmanuel que en los últimos días han peinado su finca de alfalfa, de unas ocho hectáreas, de donde salieron “más de 250 topillos”. Su tío, Jesús Rodríguez, dice haber encontrado en la suya, de siete hectáreas, “más de 300”.

La familia Rodríguez vive fundamentalmente de la alfalfa. Por eso temen que cuando llegue el momento de empacar, si sigue habiendo topillos, éstos se cuelen en las pacas y dificulten su venta. “En la plaga de 2007 nadie quería nada que viniera de Castilla y León”, advierte su padre. Aunque Emmanuel lleva años ayudándole, por primera vez lo hace como profesional y no oculta cierta decepción ante la amenaza que se ciñe sobre la futura cosecha. A sus 23 años se muestra convencido de que su vida está en Mamblas, en el campo, aunque lamenta la “desilusión” que le causa esta situación.

Daños

Hasta el momento, son las parcelas de alfalfa las más perjudicadas por los topillos. Así lo corrobora Luis Corona, de Horcajo de las Torres, que insiste en que el número de roedores que se atisba este año supera al de anteriores y es síntoma inequívoco de una futura plaga. Así que teme que se repita el episodio de hace seis años cuando tuvo que levantar toda la alfalfa nueva que había sembrado dos años antes, cuando el cultivo necesita cinco. “Fue catastrófico”, recuerda, al igual que la cosecha de cereal que se echó a perder.

Los agricultores de Horcajo de las Torres advierten también de que las quemas de cunetas a estas alturas son ineficaces. En tal sentido, Miguel Corrales reclama la vuelta a la quema de rastrojos con la que, sostiene, “se acaba con el 90 por ciento de los topillos y otras especies perjudiciales para los cultivos”. Él defiende que “quemar una parcela de paja no hace daño a nadie”, mientras relata que la patata tardía que él ha recogido también ha sido mordida por los topillos, al igual que la remolacha.

A la remolacha la ha salvado, según Raúl Fernández, que el topillo ha llegado cuando la planta ya era grande, por lo que los daños han sido menores y solo aparece un poco roída. De ello también da fe desde Mamblas su alcalde, que muestra las mordeduras que presenta buena parte de la remolacha.

A tiempo

Los agricultores de la Moraña insisten en que la situación es para preocuparse, pero se está a tiempo de frenar lo que puede en convertirse en epidemia de cara a la próxima primavera. Siempre hay topillos, pero el número que se atisba este año ha disparado una alarma que, exigen, sea escuchada por la Junta de Castilla y León para evitar consecuencias mayores.

Si las temperaturas bajo cero a las que están sometidas desde hace semanas las tierras morañegas no han logrado acabar con ellos, si no se producen lluvias abundantes que inunden cunetas –otra forma de que mueran, dice Roque Rodríguez-, si los depredadores naturales tampoco se atisban como solución y si la quema de lindes y cunetas se antoja totalmente inútil, los hombres del campo exigen otras soluciones. ¿La más considerada? Colocar veneno en las madrigueras.

Mientras tanto seguirán luchando contra el topillo campesino como puedan, lamentando estar atados de pies y manos para poder defender sus futuras cosechas de trigo, cebada, colza, girasol o alfalfa porque el topillo, dicen, es “como un volcán: arrasa con todo, se lo come todo”. La alarma ha saltado y a medida que avanza el tiempo se hace más urgente detenerla.

  Preparar para imprimir  Enviar por correo
Vote 
Resultado 4.3 puntos4.3 puntos4.3 puntos4.3 puntos4.3 puntos (3 votos)