Cultura
CINE
Alejandro Suárez Lozano, un leonés 'de cine'
El director leonés es el único representante español en la Sección Oficial de cortometrajes de la Seminci con 'Hidden Soldier', su primer trabajo en solitario
Ical
24/10/2010 (23:57 horas)
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Alejandro Suárez Lozano nació en Baracaldo en 1980 “por casualidad”, pero su sitio estaba en León, donde se trasladó siendo aún muy pequeño y donde creció viendo y admirando la contagiosa pasión de su padre, Julio Suárez, por el cine. Con apenas 18 años, y antes de licenciarse en Publicidad y Relaciones Públicas, ya comenzó a desarrollar sus primeros trabajos en el mundo del cine diseñando ‘storyboards’, y en 2005 codirigió junto a Guillermo Navajo ‘Escorzo’, su primer cortometraje. Tras una temporada en Madrid, acaba de instalarse en Londres y mañana, con pases a las 12.00 y a las 19.00 horas, estrena en el Teatro Calderón de Valladolid ‘Hidden soldier’ (http://www.hidden-soldier.blogspot.com), su primer trabajo en solitario y único cortometraje español que participa en la Sección Oficial de la Seminci.

Han pasado cinco años desde el estreno de ‘Escorzo’. ¿Resulta tan difícil sacar adelante proyectos propios?

Bueno, no realmente. Lo que pasa es que en este periodo he estado inmerso con mi padre en el proyecto de ‘Tritones’ durante más de 3 años, y eso me dejó poco tiempo para pensar y organizar proyectos propios.

En ese periodo ha colaborado con realizadores como Achero Mañas o Daniel Monzón. ¿Qué ha aprendido de ellos?

Me dediqué casi diez años a diseñar ‘storyboards’ para directores como ellos. Fue una experiencia ingente, hacer ‘storyboards’ no es sólo dibujar los planos de la película, es estar en contacto constante con el director, cara a cara. Él te va explicando lo que tiene en la cabeza y tú lo tienes que entender, interpretar y plasmar en el papel para que todo el equipo después sepa lo que tiene que hacer. Vamos, que tienes que saber hacer cine.

Hijo del realizador Julio Suárez, uno de los pioneros del cine leonés, ¿estaba ‘condenado’ a ser director? ¿La pasión por el cine siempre estuvo ahí en su caso?

Yo he vivido rodeado de cine toda mi vida, desde que tengo uso de razón he visto a mi padre escribiendo, filmando y montando en casa. Siempre quería ayudarle y lo mejor es que él me dejaba. Poco a poco aprendía a comunicarme con él a través del cine, cosa que seguimos haciendo actualmente. Después, cuando descubrí que yo también quería hacer mis prácticas con una cámara, con tan sólo 14 años, él fue el primero en apoyarme y ayudarme. Sin duda es de quien más he aprendido.

¿Qué le ha llevado a Londres? ¿Cree que en el futuro podría asentarte de nuevo en León, o rodar cine en Castilla y León es una quimera?

No, no es una quimera para nada. Casi todas las historias que se me ocurren tienen su lugar en la zona en la que crecí, inevitablemente aquellos parajes forman parte de mi imaginario. De hecho mi siguiente proyecto, ya de largometraje, en el que llevo trabajando tiempo, está ambientado en El Bierzo. Lo de Londres ha sido necesario para abrir horizontes, conocer gente, cambiar de cultura y no estancarse, pero sobre todo para aprender y comprender qué es esa entelequia que llamamos mercado internacional o mercado europeo. Creo que podemos hacer un cine más orientado a esos mercados si los conocemos mejor.

¿La Escuela de Cine de Ponferrada fue un espejismo en el desierto? ¿Qué le aportó su paso por allí?

Bueno, esto es gracioso porque todos los medios han dado por hecho que yo estudié en Ponferrada pero no es así. Lo que sí es cierto es que tuve un gran contacto con la primera promoción, la de más proyección, cuando había profesores que provenían del mundo profesional (Carlos Suárez, Daniel Goldstein, etc), cuando llevaban a dar clases maestras a gente como Amenábar. De hecho, quién si estudió allí fue mi compañero y amigo Guillermo Navajo, con quién dirigí ‘Escorzo’, y en esa época sacamos adelante aquel proyecto con ayuda de gran parte de sus alumnos. Muchos de ellos siguen hoy trabajando conmigo.

El equipo técnico de ‘Hidden soldier’ es básicamente leonés. ¿Cómo sobreviven estos profesionales todo el año?

La verdad es que es un mundo muy difícil y más en los momentos que vivimos, pero se van defendiendo. Prácticamente todos tienen una posición profesional más o menos estable, todo lo estable que puede ser dedicándose al cine. Pero creo que les va y les irá muy bien, son todos grandes profesionales.

¿Cómo surgió el proyecto y la historia de ‘Hidden soldier’?

Fue fruto de la obsesión que tenía por la abandonada fábrica azucarera de León. Cada vez que pasaba por allí me preguntaba a mí mismo: “¿Qué podría yo rodar aquí?”. Así hasta que una vez decidí pedir permiso y entrar a verla. Aquel momento fue mágico, de hecho fue como entrar en un gran estudio de Hollywood: me podía imaginar cientos de escenas allí, tiroteos, aviones pasando, ejércitos… como un niño. Así surgió la idea de hacer una película bélica.

Hacer una película bélica y de época, y si encima es un corto, parece una pesadilla a nivel de producción. ¿No temió que fuera irrealizable sin un presupuesto exagerado?

Hacer cine, a nivel de producción, es siempre una pesadilla, en el sentido de que es siempre difícil, hagas lo que hagas. Parte del esfuerzo y el impulso que necesitas para levantar un proyecto es igual en una comedia romántica que en una de guerra, así que nos dijimos: ¡Vamos a hacerlo a lo grande! Además veníamos de una experiencia muy gratificante con el resultado de ‘Tritones’, una película de bajo presupuesto pero con aspecto de algo grande, submarinos, efectos digitales… Sabíamos que podíamos hacerlo bien con los medios que teníamos y nos arriesgamos.

¿No era un reto mayúsculo recrear Normandía en un pueblo de León? ¿Cómo fue el proceso?

Ése era una de los grandes estímulos. Tras descartar la azucarera de León en un momento de crisis total para el proyecto cuando comenzaron las obras de remodelación para el centro de congresos, el verdadero reto era encontrar un lugar similar. Hasta que dimos con Veguellina, otro momento que recuerdo con gran cariño. Nos colamos y descubrimos realmente Normandía en 1944; era incluso mejor que la de León, realmente impresionante. Teniendo esa localización, el resto era cuestión de adornarla con la habilidad de Miguel Riesco (director de Arte); los efectos digitales y 3D de Alex Martín y la presencia del grupo de recreación histórica Grossdeutschland.

Como en ‘Escorzo’, el protagonista es un joven en una situación límite y en un mundo que se desmorona. ¿Hay paralelismo entre ambas historias?

Si, por supuesto. El cine es conflicto. Pablo, el personaje de ‘Escorzo’, se veía en una situación límite: dar el paso definitivo para lograr su sueño de ser actor o dar el paso que la sociedad establece y madurar. Una situación no carente de violencia y que todos vivimos en algún momento de nuestras vidas. En el caso del Soldado Wilson, interpretado por Víctor Clavijo, la situación límite es de vida o muerte: se encuentra rodeado, sin munición y el estrés y la violencia comienzan a hacerle perder la cabeza. En cierto modo su mundo también se desmorona.

Codirigió su primer corto con Guillermo Navajo. ¿Cómo se ha encontrado ahora dirigiendo en solitario?

La experiencia con Guillermo fue genial, teniendo en cuenta que es una de mis mejores amigos. De hecho no he estado completamente sólo en esta batalla; como casi todo en el cine, se logra a base de trabajo en equipo. Mi mano derecha y co-promotor del proyecto como productor Ejecutivo ha sido Juan Ferro, que además colaboró en el guión, y el propio Guillermo Navajo trabajó codo con codo conmigo como ayudante de Dirección. He estado muy bien rodeado.

¿Qué referencias cinematográficas manejó?

Son inevitables las referencias más recientes como la buenísima serie producida por Spielberg ‘Hermanos de sangre’ o la propia ‘Salvar al soldado Ryan’, pero desde un punto de vista psicológico se pueden encontrar referencias a ‘Apocalypse Now’, ‘Platoon’ o ‘La chaqueta metálica’.

‘Hidden soldier’ es una película estrictamente de género. ¿Eso le ha limitado o le ha ayudado?

Me ha ayudado bastante, porque es algo que te da unos códigos a seguir, unas reglas a las que ceñirte. El problema es que a mí me gusta tener el género como base para saltarme después un poco las reglas, para hacerlo un poquito más complicado, más rico.

¿No tiene diálogos? El reto narrativamente y para el protagonista parece mayúsculo.

El cortometraje es pura acción, los diálogos son la respiración del soldado, agitada y nerviosa. Ha sido un reto narrativo y un gran entrenamiento audiovisual. Eliminando uno de los elementos del tablero, los demás tienen que ser mejores para que no se desmorone. En el caso de Víctor Clavijo fue gracioso; el que le conozca sabrá que tiene una gran voz y pensará que hemos desaprovechado esa faceta suya como actor. Nada más lejos de la realidad, pues Víctor es un actorazo y ha hecho un trabajo espectacular, sólo con su cuerpo, expresiones y respiración.

Tengo entendido que el rodaje transcurrió en sólo cuatro días, y que las dificultades técnicas fueron muchas (mal tiempo, algún herido…). ¿Ha sido su pequeño ‘Apocalypse Now’ particular?

Eso es mucho decir. Fue complicado, incómodo, peligroso, pero sólo fueron cuatro días. Si llegamos a estar alguno más puede que hubiera pasado algo peor. La amenaza de un accidente rondaba por cada esquina, era una sensación muy turbadora. Hierros oxidados, trampas, agujeros ocultos, tejados desmoronándose y, como no, la lluvia y el frío. Todo ello con un equipo de unas cuarenta personas corriendo de un lado para otro sin mirar donde pisaba… Uf, sólo de recordarlo se me ponen los pelos de punta. Pero creo que eso también le ha dado algo especial a las imágenes, algo real.

¿Cómo recibió la llamada de la Seminci?

Pues, cómo no, muy sorprendido, sobre todo porque fue muy pronto, a escasas semanas de haber enviado el corto para la selección. Aún sigo sorprendido, es un gran privilegio representar a España en un festival de tal categoría y además en mi Comunidad. Mejor estreno imposible.

¿Cuándo se podrá ver la película en Veguellina y en León?

Aún no tenemos fechas definitivas, pero queremos hacerlo en noviembre, al menos en León. Puede que a Veguellina lo llevemos un poquito más tarde, a principios de año, pero aún está por estipular. No obstante, y aparte del estreno en Seminci mañana, el día 28 se estrenará en el Cine Capitol de la Gran Vía Madrileña, en el contexto de Cortogenia, donde también ha sido seleccionado.

¿Qué proyectos tiene en el horizonte?

Este mismo mes de noviembre rodaré un documental sobre el Reino de León titulado ‘El último rey de León’. Para primavera espero comenzar el cortometraje de mi compañero Juan Ferro, con el que voy a cambiar posiciones, esta vez él dirigirá y yo produciré. Y, cómo no, el largo, al que todos aspiramos. Se trata de una historia ambientada en El Bierzo en los años 90, también de género, pero esta vez es un western moderno, una de mafias y violencia; aún está en proceso de escritura pero espero poder llevarlo a cabo pronto.

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