También puedes darte un «Capricho» en Navidad

Interior de la bodega / Sandra Santos

El restaurante más famoso de Jiménez de Jamúz ofrece su habitual menú durante este periodo navideño

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Jiménez de Jamúz esconde entre sus calles un lugar de culto para los amantes de la carne de buey. Jiménez de Jamúz esconde entre sus calles El Capricho. Una bodega escavada en la tierra hace casi cien años por el abuelo de José Gordón, alma del restaurante y con una decoración rústica y austera que tiene enamorado a medio mundo.

Porque las paredes de El Capricho guardan uno de los secretos mejor guardados del mundo. Las paredes de El Capricho han visto entrar y salir a miles de personas con una misma inquietud. En las paredes de El Capricho se han forjado los mimbres del éxito con mayúsculas. En El Capricho se vive por y para un solo manjar: la carne de buey. Y es que El Capricho nació por la pasión de José Gordón por este animal y que ha logrado convertirse en un lugar de peregrinaje para la gente que busca encontrar la mejor carne del mundo.

Un éxito que viene de la mano del trabajo, la constancia y una labor de investigación constante por parte de un equipo que lleva más de 30 años luchando para convertir al restaurante El Capricho en un referente mundial. Porque su pasión por los bueyes se traduce en un trabajo exquisito de maduración puesto que es una carne muy bien cuidada, «hemos sabido elegir o descifrar cuales son las mejores razas, las más auténticas y hemos entendido cada animal como uno solo» afirma Gordón.

Porque la excelencia en el criado de los bueyes viene de la mano del lugar en el que lo hacen, una finca propia «donde no hay ruidos, no hay antenas, no hay líneas eléctricas» que puedan perturbar la tranquilidad de estos animales, asegura José Gordón. Además, trabajan con ganaderos de todo el país, seleccionando las razas y los individuos concretos que les interesan dentro de cada raza. Una vez seleccionados, los llevan hasta la finca y les proporcionan una alimentación adecuada y esperan pacientemente hasta que los animales se modifican, tanto su carácter como su morfología.

Jiménez de Jamúz esconde en El Capricho un lugar de peregrinaje, un lugar de culto a la carne que ha llevado a miles de personas de todo el mundo a visitar un lugar difícil de olvidar. E igual que aman la carne, aman el vino, tanto es así que José ha recuperado una pasión familiar, el vino. Y tanto es así que el restaurante cuenta con una amplia bodega sin complejos con casi mil referencias de todo el mundo.

Y es que por sus vinos, sus carnes y su innovación culinaria han conseguido consolidar unas jornadas gastronómicas que se celebran cada febrero y en las que fusionan los sabores de diferentes países con el sabor de El Capricho. Este año, tendrán en Asia su principal foco de atención.

A nivel internacional

Una pasión que ha traspasado las fronteras nacionales e incluso ha llegado a cruzar el charco. The Guardian, The Wall Street Journal o la revista Times son algunos de los medios de comunicación que se han hecho eco de este rincón leonés y que no hace más que poner la bodega El Capricho en el mapa gastronómico mundial.

Y es que cada vez son más las personas que se dejan seducir por El Capricho en cualquier época del año, cada vez son más las personas que durante unas horas se adentran entre las paredes de este restaurante ya convertido en un verdadero lugar de culto para disfrutar de su exquisita carne de buey y saborear sus deliciosos vinos.