Los zafarrones 'espantan' el invierno

Riello rememora la tradicional mascada de invierno, declarada de Interés Turístico Provincial, donde las máscaras se difuminan con el fuego

Los zafarrones de Riello. / Raúl Redondo
A.C..
A.C..Riello

Hablar de Carnaval en Riello es hablar de tradición, de folclore, de carácter popular, de acervo, de historia. Es hablar de antruejo, esos festejos que han perduran con el paso del tiempo a través de las máscaras que evocan las creencias autóctonas y las costumbres más arraigadas de celtas y romanas evolucionadas durante siglos.

Una historia que Riello ha vuelto a escribir este sábado un nuevo capítulo. Cae la noche y el sonido seco de los cencerros se escucha en la lejanía mientras una pira de leña de roble comienza a arder.

Son los «zafarrones» con su indumentaria de caretas de piel de cabrito, enaguas blancas, pieles y zamarras, que representan el caos invernal y el mal con sus manos retorcidas y ramas de Urz y que se han abierto camino por las calles de la localidad.

Forman parte de un antruejo que completan media docena de «gitanas» y un torero vestido de luces, quien pretende continuamente frenar, con pases de muleta, a un toro de madera cubierto con una sábana y pequeña cornamenta, típico en las mascaradas leonesas.

Un morlasco que asusta a todos alrededor de la hoguera en la plaza mayor del pueblo, sobre todo a las mozas. Una mascarada de invierno con el que a golpe de cencerro se espantan los malos espíritus y se da la bienvenida a la primavera.

Tradición que, un año más, ha dejado su huella en el presente y que ha permitido a Riello volver a ser uno de los protagonistas de los Carnavales de León.

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