La eutanasia en la palestra

La eutanasia en la palestra
MIGUEL GUTIÉRREZ FRAILECatedrático de Psiquiatría

Con cierta periodicidad suceden hechos que impactan en la sociedad. El suicidio asistido, protagonizado por una enferma crónica grave e irreversible, de larga evolución, y por su marido, ha ocupado primeras páginas de noticiarios y programas televisivos. Además ha sido motivo de fuerte confrontación política. Tenemos, de nuevo en la palestra la eutanasia.

A veces, casos de sufrimiento causado por dolores físicos y/o mentales, sufrimientos intensos hacen que se apele a la eutanasia o al suicidio asistido, sin contemplar que la medicina paliativa, incluso cuando ello pudiera implicar un acortamiento de la vida, resulta muy eficaz a la hora de abordar la mayoría de los casos.

Es muy débil la línea que separa la sedación paliativa integral de la eutanasia. Una política decidida y eficaz -queda mucho por hacer en este sentido- requiere una importante inversión en cuidados paliativos y probablemente, si esto se diera, las solicitudes de eutanasia serían limitadas. Por eso -se ha dicho muchas veces ante otro tipo de sucesos- legislar o polemizar en base a casos extremos y dramáticos, es inadecuado y se corre el riesgo de generalizar el criterio de que lo normal es solicitar la eutanasia ante un diagnóstico de enfermedad incurable que genera sufrimiento. La buena praxis médica incluye el respeto a la voluntad expresada por el paciente, o quien le representa.

Es preciso asegurar que las personas que hacen una solicitud de eutanasia hayan recibido la información y el ofrecimiento de estos cuidados paliativos y solo cuando esto esté resuelto en nuestro país, que no lo está, plantearse, si acaso, la regulación de la eutanasia a través de una ley de máximas garantías.

Finalmente señalar que en el mejor o peor de los casos, según se quiera mirar, debe ser una forma excepcional de terminar la vida sin que pueda convertirse en forma habitual de «terapia terminal».