Igea: «Hemos venido a cambiar las cosas, no a decepcionar a la gente«

El candidato de Ciudadanos a la Junta de Castilla y León, Francisco Igea, posa en un puente de hierro de la línea férrea Valladolid-Ariza./Leticia Pérez
El candidato de Ciudadanos a la Junta de Castilla y León, Francisco Igea, posa en un puente de hierro de la línea férrea Valladolid-Ariza. / Leticia Pérez

El candidato de Cs a la Presidencia de la Junta afirma que el 26 de mayo llegará la primavera a Castilla y León para transformar la suerte de la gente

S. CALLEJAValladolid

Con el férreo compromiso de que no utilizará la confianza de los ciudadanos como moneda de cambio y la convicción de que la política es capaz de transformar la historia de los pueblos, Francisco Igea, al que le gusta la música de Händel, que se define como un tipo normal, de palabra y terco, muy terco, está seguro de que la «primavera» llegará, aunque tarde, a Castilla y León el próximo 26 de mayo.

El candidato de Ciudadanos a la Presidencia de la Junta no tiene miedo al pacto -todos consideran ya a la formación naranja como el partido llave del próximo Gobierno-, pero sabe que no será a cualquier precio. A unos les pide «arrepentimiento, confesión de los pecados y propósito de la enmienda», entre otras cosas, y a otros les informa de que no está aquí para apoyarlos.

Nunca dice no, dice «tampoco no», y lo que quiere es procurar una metamorfosis tranquila que saque a esta tierra de la melancolía y la tristeza. Tiene miedo del tipo más peligroso de su vida, que es él mismo, y de equivocarse y decepcionar, pero sabe que en esta aventura será difícil porque cuenta con su propio 'Igea team', gente que, dice, pone pasión, con convicciones, ilusionada, dispuesta a trabajar sin descanso y felices porque están «viviendo el sueño de poder cambiar el futuro».

¿Por qué ha elegido el puente de Bocos de Duero de la vía férrea Valladolid-Ariza para la fotografía?

Siempre me ha gustado el patrimonio industrial, las harineras del Canal de Castilla, las esclusas y los puentes de hierro, que tienen su simbología. La gente que avanza construye puentes, la gente que es cobarde o que se retira los destruye. También, porque el valle del Duero es un sitio precioso, el río de Castilla, y me encantaría hacer de esta vía férrea una vía verde en la que la gente pueda pasear, disfrutar y hacer turismo de calidad. Es un sitio en el que se disfruta de la naturaleza, del ruido del río, de los pájaros, del agua... Es la paz absoluta; todo lo contrario a la política.

Se presenta como un hombre de palabra en tiempos de medias verdades, ¿qué significa este contrato verbal para Igea?

Significa todo. En esta tierra la gente hacía tratos en los soportales de Medina dándose la mano, que significaban lo mismo que un papel firmado. Cuando esto se recupera en política, de verdad entiendes que lo que dices es un contrato con los votantes y los ciudadanos, y te cuidas mucho de hacer promesas que no vas a poder cumplir. Eso hace que la política se acerque mucho más a los ciudadanos, y cuando la gente confía en ti la política se convierte en un ejercicio de mucha más responsabilidad que cuando todo es 'vamos a vender el mensaje'. Hoy los políticos se ocupan más de seguir las encuestas que de cambiarlas. Eso es lo que nosotros tenemos que procurar, que nuestras convicciones muevan las encuestas, no que las encuestas muevan nuestras convicciones, y que la gente se fíe de nosotros.

¿Francisco Igea, es un tipo normal?

Sí, un tipo normal, bastante mediocre y terco, básicamente terco. Con pocas convicciones, pero intensas, y un médico con mucha afición a su profesión. Hay pocos hombres extraordinarios en la vida que dejen huella en la historia. La gente deja otra huella que no se ve, la que deja en el corazón de los suyos, que es de lo que tiene que preocuparse, y no de que le pongan su nombre a una calle.

¿Y el 'Igea team', cómo es?

Un lujo de gente con convicciones, ilusionada, comprometida con la verdad, dispuesta a trabajar sin descanso, y un grupo de gente normal, en el que hay de todo, desde catedráticos hasta amas de casa, padres de familia… Son personas que están viviendo el sueño de poder cambiar su entorno, su tierra y el futuro de sus hijos. Son a las que debo estar aquí, gente a la que nadie conocerá, pero a la que los ciudadanos deberán muchas cosas si esta tierra cambia.

¿Qué le llevó a abandonar después de 25 años la Medicina y afiliarse primero en UPyD y luego en Cs? ¿Supuso cumplir un sueño o fue casi una pataleta?

Siempre me ha gustado la política. Estuve en el primer comité de la Dirección Nacional de UPyD, y disfruté mucho. Fue cuando se abrió la política tradicional a una nueva fórmula de hacer política. A UPyD se le deben muchas cosas, sobre todo, en el diagnóstico. Abandoné la Medicina por un conflicto muy intenso, en 2013, durante la crisis, que me llevó a estar doce días trabajando mañana, tarde y noche. Siendo jefe de Digestivo, nos quitaron a un profesional y veía que su falta incrementaba la lista de espera y perjudicaba a los pacientes. En mitad de aquella bronca, cuando al gerente se le acabaron los argumentos me dijo: 'Esto es la voluntad popular'. Se me abrieron los ojos y entendí que estaba intentando solucionar algo donde no se puede. Decidí dar el salto, volver a estar activo en UPyD y luego opté por pasar a Cs cuando Luis Garicano apareció como redactor del programa. Pensé, qué haces en un partido al que no vas a votar, porque donde esté Luis sé que estaré yo.

En el tiempo en que lleva en política, ¿cuál ha sido su mayor decepción?

Es bastante evidente.. (ríe) Cuando crees firmemente en un proyecto y te encuentras a personas a tu lado que piensan que la política es una carrera personal. La política es una vocación colectiva de cambiar las cosas y la suerte a la gente. El objetivo no es siempre la victoria. Ganar también es muy importante, porque es la manera de cambiar las cosas, pero el objetivo no es ganar, es cambiar las cosas. No me gusta la gente que piensa que se puede ganar a cualquier precio y que usan cualquier artimaña. La política tiene que ser coherente, que no quiere decir que no sea dura y tenga sus reglas, que a veces tengas que ser crítico, irónico o mordaz, pero tienes que intentar ser coherente con tus principios. En todo este lío, alguien me dijo: 'Paco es que tú eres el único político que se empeña en que triunfe la verdad'. No, en este partido hay muchísima gente, muchísima, que está superconvencida de lo que hace, desde miembros de la Ejecutiva a afiliados, que es por eso por lo que estamos aquí. Y no defraudar ese espíritu es muy importante. En política lo que más te defrauda es el intrigante. Hay que tener un trabajo al que puedas volver, que es lo que te garantiza ser libre. Cuando uno no tiene otra cosa con la que ganarse la vida y no tiene otras expectativas, sólo se puede ser dos cosas o un esclavo o un intrigante, y las dos me deprimen bastante.

Los hombres también lloran ¿Igea llora? ¿por qué llora?

Soy un abuelo bastante llorón. Me emocionan las cosas. Lloro viendo películas; en algunas que he visto dos o tres veces, ya lloro antes de que pasen las cosas. Eso es bueno, tener emociones; disfrutar de la vida, reír, vivir con intensidad y poner el corazón en las cosas. En política como en Medicina, esto sólo tiene un secreto -se lo decía a los residentes que pasaban por el servicio-, que es ponerse en el lugar del otro, en el señor que está con una bata, delante de un fluorescente, pensando en si al día siguiente va a estar vivo. Y en política es lo mismo, ponte en el lugar de la gente que está trabajando, que se esfuerza, que quiere pagar sus impuestos, que quiere que cambien sus condiciones. Eso no se hace si no tienes capacidad de empatía y de emocionarte y de compadecerte con los demás. Lo resume la frase de Rubalcaba cuando dijo que el día que fuera impasible ante el sufrimiento de los demás abandonaría la política. Eso es lo que tiene que mover a un político, a un médico, a una persona de bien. Una persona que no es buena persona nunca será un buen político. Puede ser un político eficaz, pero nunca será un político de los que cambian las cosas.

¿Qué quiere ser de mayor?

Me gustaría ser un escritor retirado y poder sentarme a ver la puesta de sol leyendo y disfrutando de las cosas con tranquilidad. Dejar de estar durante un tiempo siendo protagonista o comprometido con las cosas, y ser simplemente un espectador que disfruta de sus nietos y de su familia.

De los miedos nacen los corajes y de las dudas las certezas, ¿de qué tenía miedo aquel 24 de febrero un Igea que se veía ya volviendo al Congreso y que optó por presentarse a las primarias para la Presidencia de la Junta?

No he tenido miedo personal, no había tanto de heroico, lo único que podía pasar es que volviera a la Medicina. Tenía miedo de que decepcionáramos a la gente. Me presenté porque era un mensaje incomprensible, porque íbamos a decepcionar a nuestros votantes y militantes, porque entendíamos que no había manera de hacer compatible aquella candidatura con nuestro mensaje. Por eso decidí presentarme.

¿La rabia que sintió cuando se vio vencido fue directamente proporcional al orgullo cuando fue designado vencedor?, ¿se sintió menospreciado a lo largo del proceso por el aparato?

No sentí ninguna rabia. El momento en el que he estado más contento fue cuando pensábamos que habíamos perdido, cuando estábamos allí en el Campo Grande. Ese día me di cuenta de la buena gente que eran todos los que estaban allí, gente que aceptó la derrota con elegancia. Respecto al aparato, no existe; son personas que toman decisiones. En la Ejecutiva hay 40 personas, la inmensa mayoría muy buena gente, que se portaron muy bien conmigo, y luego hay gente que hace lo que hace porque entiende que es lo mejor para el partido y el país. Puedo compartirlo o no, pero me parece lícito. Lo que sí es decepcionante es la trampa, la mentira y la manipulación. Durante el nazismo había que trabajar en la dirección del führer, y no era tan peligroso lo que decía el führer como lo que hacían aquellos que trabajaban en su dirección. Esa es la gente peligrosa, que trabaja para halagar y ser reconocido, y no pensando en la colectividad.

Es consecuente hasta el final. ¿Se puede interpretar como un gesto de amor propio o de cabezonería?

Igea es muy terco y cabezón. Mi madre siempre me lo decía, era tan terco que un día me encontró durmiendo de pie apoyado en la cama, porque no quería irme a dormir. Siempre me recuerda, 'tú nunca decías no, decías tampoco no'. Pero Igea no es siempre coherente, se equivoca y falla como todo el mundo, y tiene las mismas debilidades. Lo que sí tiene es un concepto muy importante de la responsabilidad. Mi padre siempre me enseñó que hay circunstancias en las que no se puede mirar a otro lado, si no te haces cómplice. Mirar para otro lado no es una opción. Esto es una herencia paterna y jesuítica también.

Palabras textuales suyas: «Castilla y León no tiene porqué resignarse a la melancolía y a la tristeza de la España Vaciada», ¿cuál es la fórmula maestra?

No hay una fórmula maestra. Hay trabajo, políticas públicas, hay que mirar lo que ha funcionado en otras partes del mundo en situaciones similares. Esto también es cuestión de estudio, comparación y medición; la política tiene que ser mucho más científica. Los territorios desérticos en Europa, que los hay, han implementado políticas que han resultado eficaces. A parte de estas medidas, hay que considerarlos un territorio fiscal especial, apostar por las universidades, por generar el valor añadido del patrimonio y del sector primario. Todas estas cosas no son originales de Ciudadanos, son políticas públicas que han funcionado en otros sitios. Muchas veces cuando oyes hablar de Castilla existe esa resignación, esa melancolía un poco machadiana, como si hubiera una maldición sobre esta tierra, y no es verdad. No hay nada escrito. Los países nórdicos era un sitio pobre, corrupto en el siglo XIX y ahora son un ejemplo de virtud, de crecimiento y de valores democráticos. Nada está escrito. La política es capaz de cambiar la historia de los pueblos, lo ha demostrado una y mil veces, lo que hay que saber es cuáles son las medidas adecuadas para cambiar esta situación.

¿Se ve presidente de la Junta? ¿A lo Borjen?

Para eso trabajo. No trabajo para ser presidente, trabajo para que este partido esté en la posición mejor para poder cambiar las cosas. El objetivo no es ser presidente, es garantizar lo más posible que los cambios que son necesarios se lleven a cabo, y eso se hace más, cuanto más poder tienes.

Ha dicho que apuesta por el cambio después de 30 años. Eso se interpreta como un apoyo al PSOE si fuera necesario en la investidura. ¿Es correcto?

Lamento informarle al PSOE que no estoy aquí para apoyarle, estoy aquí para cambiar las cosas, que es distinto. Y cambiar las cosas no es poner al Partido Socialista que ha hecho las mismas cosas que ha hecho el PP. Nosotros queremos una cosa diferente, que la política no invada la administración; que la libre designación no sea el sistema de elegir y promocionar a los funcionarios; creemos en la independencia de los medios, no queremos que los planes de medios tengan que servir para premiar a quien te ensalza y castigar a quien te persigue. Creemos en otra cosa completamente diferente, que no es lo que propone el PSOE. Cambio no es el cambio de color, es el cambio de políticas. Nosotros haremos eso con quien esté más dispuesto a adoptar estas medidas que son las esenciales. El cambio es una forma de hacer políticas distintas.

¿Qué tiene que hacer el PP para conseguir sus votos si fuera necesario?

Un acto de contrición, que incluye muchas cosas, a parte del arrepentimiento, la confesión de los pecados y el propósito de la enmienda. Vamos a tener unas semanas muy intensas en las que la gente va a ver que hay una manera diferente de hacer las cosas. No nos vamos a sentar a negociar tu dame esta consejería, tú coge esta otra, tú esta vicepresidencia y tú este sitio en la mesa. Esa no va a ser la negociación. Vamos a ver cuánto queremos de verdad cambiar la Comunidad. Porque si no fuera así, igual sería más fácil que PP y PSOE alcanzaran un pacto. Es otra opción. Ciudadanos lo que pretende es cambiar el curso de las cosas y eso es lo que vamos a hacer. Queremos entrar en la Administración, no queremos permanecer fuera otros cuatro años, pero hemos venido a cambiar las cosas, no a decepcionar a la gente y no a ser consejeros, no es mi objetivo en la política.

¿A Igea le duele la Sanidad?

Mucho. Mucho porque cuando conoces las soluciones, no de forma teórica, sino porque las has practicado, te duele. He sido muchos años jefe de un servicio – ahora va a conocer al Igea vanidoso (ríe)- que funcionaba muy bien, tenía unos magníficos resultados, era un servicio modélico en toda España, tenía el nivel de endoscopia digestiva de los mejores del país, y sabes cómo se hace, cómo se estimula a la gente, qué piden y necesitan los profesionales para prestar un buen servicio. Y ves que sistemáticamente esto no se hace por desidia y porque lo que importa en política es dar un buen titular y ganar las elecciones. Aquí se ha hecho tanta política sanitaria a base de ladrillo, de cortar cintas, a base de lo que llamo la bolsa de caramelos de la política... La sanidad española tiene cosas muy buenas y grandes profesionales, pero tiene una gestión muy, muy, muy mejorable. Y eso pasa por la transparencia, la medición y el cumplimiento de resultados de calidad, y por rendir cuentas públicamente, en el Parlamento regional, para que la gente sepa que la sanidad nos la tomamos en serio.

¿El 26 de mayo llegará la primavera a Castilla y León?

Un poco tarde, pero va a llegar. Estoy convencido.

Tres compromisos para los 100 primeros días

Asunto complejo. El primero, que formaremos un gobierno de acuerdo a las premisas de lograr un cambio radical de la política, de la regeneración y la transparencia. El segundo, que nadie de la Administración tendrá que temer porque no invadiremos ni permitiremos que se invada ni que se tomen decisiones por el color político de los trabajadores. Y tres, buscaremos a los mejores para estar en el Gobierno, independientemente de su adscripción política. Ninguno de ellos cuesta dinero, así que podemos prometerlo.

Recomiende un libro

Si fuera de política, 'Fuego y cenizas' y 'El retorno de los chamanes', y de literatura, me gustan mucho los autores británicos de la generación de Julian Barnes y la novela policíaca, de Patricia Highsmith, como 'El Cuchillo'. Luego, el libro que me recomendó por primera vez mi padre cuando era adolescente, del siglo XIX, 'Sascha Yegulev, La historia de un asesino'.

¿Qué piensa de cada uno de sus 'oponentes'?

Alfonso Fernández Mañueco es una representación de la política tradicional; de un estilo de hacer política que toca su fin. Tudanca es un poco en la línea, pero del Partido Socialista. Ninguno de ellos son personas que generen ilusión, y lo peor que te puede pasar es hacer política sin ganas y con la nariz tapada. Ambos son hombres de partido, que no es malo, pero un candidato político tiene que ser algo más. Son un poco grises. Pablo Fernández es una persona con mucha capacidad de oratoria; mucha personalidad. Es un buen candidato, pero le estropea su marca. Y José Sarrión es un buen orador, se notan sus estudios en la Universidad de Salamanca en Filosofía. Tiene su punto y por lo demás es un comunista a la antigua usanza, de los que ya casi no quedan.

Un sitio para perderse

Siempre procuro perderme en el Canal de Castilla andado en bicicleta, donde paso dos horas oyendo música, dando pedales y disfrutando de la naturaleza en solitario. Me gusta esa hora de intimidad. Salgo solo porque es cuando me relajo y me dedico a pensar, y porque no tengo edad de deporte competitivo y, por alguna razón, cuando más de tres hombres se ponen en bicicleta, siempre hay uno que trata de demostrar su buen estado de forma y no es mi caso.