El empleo resiste el envite de la desaceleración, ¿un espejismo?

La construcción es el sector que más empleo ha destruido en la crisis, aunque ahora crece cuatro veces más que la industria./Roberto Ruiz
La construcción es el sector que más empleo ha destruido en la crisis, aunque ahora crece cuatro veces más que la industria. / Roberto Ruiz

Los expertos creen que los buenos datos son un efecto rebote del turismo pero que en octubre habrá una «mala sorpresa»

Lucía Palacios
LUCÍA PALACIOSMadrid

En medio de un panorama de inestabilidad, tanto a nivel nacional con la incertidumbre de cómo se conformará el próximo gobierno, como mundial, con el 'Brexit' acechando, a la mayor parte de expertos e incluso al propio Ejecutivo les está sorprendiendo el buen comportamiento que sigue manteniendo el empleo en estos primeros meses del año. Todo hacía presagiar que los síntomas evidentes de la desaceleración económica iban a hacer mella en un mercado laboral que todavía sigue castigado por los efectos de la crisis y, sin embargo, por el momento no ha sido así.

Los salarios tampoco crecen como antes de la crisis, aunque ahora están al nivel de 2009

Primero fue la Encuesta de Población Activa (EPA) la que arrojó buenas noticias, mucho mejores de las que se esperaban. Curioso que el hecho de que se destruyeran 93.400 puestos de trabajo durante el primer trimestre resulte alentador, pero es que supone 30.600 menos que un año atrás, cuando precisamente se esperaba que la cifra fuera superior a la de 2018, más cuando los beneficios de la Semana Santa no se computan aquí pues cayó en abril. El lado más positivo llegó de los datos anuales: en los últimos doce meses se sumaron casi 600.000 trabajadores más al mercado, la cifra más elevada de los últimos años. De esta forma, el ritmo de creación superó –­y con holgura–­ la barrera del 3%: ascendió hasta el 3,2%, marcando la segunda mayor tasa desde que comenzó la crisis. «No solo no se ve una ralentización, sino que la tasa se ha acelerado en el último semestre y se aproxima a la de la fase más alta de la recuperación», presumió la ministra de Economía, Nadia Calviño.

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El respaldo a estos buenos datos llegó esta semana de la mano de la afiliación: abril terminó con casi 190.000 afiliados más a la Seguridad Social, lo que supone el segundo mejor registro para este mes de toda la serie histórica, solo superado por los récords que se marcaron en 2017, un año único para el empleo. Bien es verdad que da la sensación de que el paro resulta cada vez más difícil de rebajar, pese a que en abril hubo 91.500 desempleados menos, también el segundo mejor dato en este mes de toda la serie. Sin embargo, el ritmo interanual se reduce al 5,17% y la previsión es que mantenga la contención, puesto que si en la actualidad la tasa de paro se sitúa en el 14,7%, la intención del Gobierno –­tal y como explica en el Plan de Estabilidad remitido recientemente a Bruselas–­ es que a final de año disminuya hasta el 13,8%, lo que supondría apenas una reducción de 0,65 puntos en un año, casi una cuarta parte de lo que venía rebajándose los dos anteriores, cuando la caída superaba el 2%. Y habrá que esperar a 2022 a que el nivel de desempleo sea inferior al 10%, aunque por la mínima, lo que aún supone dos puntos más que en 2007.

Pese a todo, la mayor parte de organismos y economistas alaban la robustez que ha mostrado el mercado laboral en estos primeros meses del año. La pregunta es: ¿cómo es que la ralentización de la actividad económica no está teniendo por el momento eco en el empleo? Hasta ahora existía una variable bastante estable que es la elasticidad del empleo al PIB, es decir, que se crea empleo en términos porcentuales por cada crecimiento porcentual de la economía. PIB y empleo se mantienen siempre en una evolución similar. Así ha sido en los últimos tres años, pero en la actualidad la economía ha caído hasta el 2,4% y el empleo, en cambio, ha pisado el acelerador hasta el 3,2%.

«El empleo hasta ahora está resistiendo muy bien», admite el director del centro de estudios Randstad Research, Valentín Bote, quien no obstante apunta a que puede ser un simple efecto rebote de la fuerte desaceleración que hubo a final del año pasado, aupado además en un turismo que aún no ha tocado techo –­tal y como se pensaba–­ y en un sector público que crece al 3,5%. «Pero esta desaceleración del empleo la vamos a ver en 2019 y en la segunda mitad del año estaríamos en el entorno más lógico de los 400.000 nuevos ocupados y en un crecimiento del 2%», predice.

Menos dinamismo laboral

Ya lo dice además la Comisión Europea, que aunque admite que «el crecimiento del empleo ha seguido superando todas las expectativas, se espera que la creación de empleo siga siendo sólida pero que se ralentice a medida que la demanda final se modere y por el aumento del salario mínimo». En esta línea se manifiesta también el profesor emérito del IESE José Ramón Pin: «En octubre nos llevaremos una sorpresa, una mala sorpresa, porque el descenso en la creación del empleo y el aumento del paro será bastante molesto». Reconoce también que este primer trimestre ha sido mejor en las cifras generales, pero no tanto si se mira «el fondo». A este respecto, alerta de que ha habido una menor contratación de jóvenes ante su primer trabajo y de mujeres, que son las personas más vulnerables al salario mínimo, lo que significa que «se ha producido un parón en la entrada en el mundo del trabajo de estos dos colectivos». A su vez, alerta de que por primera vez en mucho tiempo el índice que mide el dinamismo laboral (trabajadores que cambian de trabajo, bien en su propia empresa o a otra) empieza a descender, lo que es un síntoma inequívoco de que el mercado laboral se ralentizará en los próximos meses. «Ahora esto no se refleja porque tenemos esto del turismo, un chute de cocaína que de repente nos pone eufóricos a mitad de año, pero que luego nos da el susto».

De cualquier forma, aún se está lejos de los niveles de empleo de antes de la crisis. Es verdad que desde el mínimo alcanzado en febrero de 2013 se han recuperado ya tres millones de puestos de trabajo, pero todavía faltan por integrar en el sistema a más de 260.000 cotizantes, si se tiene en cuenta que en julio de 2007 la Seguridad Social sumaba más de 19,49 millones de personas en alta. Además, el empleo no es el mismo y ahora todos los expertos apuntan hacia una precarización del trabajo. Pese a que la tasa de temporalidad ha caído, algo lógico pues en tiempos de crisis lo primero de lo que se prescinde son de los trabajadores eventuales, el número de contratos con fecha de caducidad son nueve de cada diez y un 38% de todos los firmados en 2018 tenía una duración inferior a un mes. A su vez, los ocupados a tiempo parcial se han incrementado en más de 600.000 respecto a 2007.

Otra cosa que ha cambiado son los salarios, tal y como resalta el profesor Pin, que señala que no han crecido al ritmo que estaban creciendo antes de la crisis, aunque no se ha notado tanto como podría ya que «afortunadamente» la inflación no se ha disparado. La buena noticia es que en lo que llevamos de año las remuneraciones pactadas por convenio registran subidas del 2,2%, el nivel más alto desde 2009, y el Gobierno ha manifestado a Bruselas en su Plan de Estabilidad su deseo de que suban los salarios.