Primera baja en el BCE por la nueva carga expansiva de Draghi

Sabine Lautenschlaeger. /Reuters
Sabine Lautenschlaeger. / Reuters

La consejera alemana Sabine Lautenschläger abandona la ejecutiva por la reapertura del programa de deuda con un alcance de hasta 20.000 millones al mes

SALVADOR ARROYOCorresponsal en Bruselas

Mario Draghi lo dijo sin decir el pasado 12 de septiembre tras lanzar la última batería de medidas anticrisis. Por primera vez en meses, el italiano eludía el término «unanimidad» a la hora de referirse al respaldo que ese paquete de estímulos monetarios había obtenido del Consejo de Gobierno del BCE. Lo cambió por «consenso amplio y suficiente». Era la señal que confirmaba un secreto a voces: los 'halcones' (partidarios de políticas menos acomodaticias) no compartían la última carga contra la ralentización económica que lideraba el presidente y, en especial, una de las armas del nuevo arsenal: la reapertura del programa de compra de deuda (20.000 millones de euros mensuales sin fecha límite).

Y esa divergencia ha derivado en la primera salida precipitada del comité ejecutivo. Sabine Lautenschläger (55 años) ha abierto la grieta más visible en la cúpula del Banco Central Europeo al anunciar por sorpresa que no concluirá su mandato, que expiraba en enero de 2022. Se va ya, el próximo 31 de octubre, según confirmó la propia institución la noche del miércoles a través de un escueto comunicado en el que no se hace referencia a los motivos.

Ese mismo 31 de octubre termina el mandato de Draghi, que cederá su despacho a la francesa Christine Lagarde. Y también se marchará, aunque ya en diciembre, otro miembro crítico de la ejecutiva, Benoit Coeuré, para cuyo puesto se ha presentado esta misma semana un candidato: el italiano Fabio Panetta.

La renuncia de Lautenschläger es, en cualquier caso, la más 'explosiva' por su relevancia a los mandos del BCE. Formaba parte de la Junta Ejecutiva y del Consejo de Gobierno desde el 27 de enero de 2014. Además fue vicepresidenta de la Junta de Supervisión del Mecanismo Único de Supervisión (MUS), que entre otros cometidos tiene el de vigilar a todos los bancos de la zona euro para garantizar su solvencia. «El presidente Mario Draghi le agradece su papel para ayudar a establecer y dirigir la supervisión bancaria en toda Europa, un pilar clave de la unión bancaria, así como su compromiso inquebrantable con Europa», concluye el comunicado de la entidad.

Esta alemana natural de Sttutgart, que fuera vicepresidenta del Bundesbank (2011-2014), también ha sido una voz crítica, alineada con ese sector duro del BCE que era reacio a abrir la mano en estos momentos con más estímulos por el temor a que la institución pueda quedarse sin recursos ante un hipotético escenario de deflación. Lautenschläger, como Jens Weidmann, presidente del Bundesbank, no había ocultado su disconformidad con el último movimiento expansivo de Draghi.

10 de 25

La representante alemana lo dijo, de hecho, cuando esas últimas medidas aún se barruntaban. Apenas dos semanas antes de que el italiano anunciara la rebaja de los tipos de interés a la facilidad de depósito (en diez puntos, hasta el -0,5% actual) y el relanzamiento del programa de compra de deuda pública, ella expresó su disconformidad. «Me preocupa establecer incentivos equivocados a los gobiernos si reiniciamos el programa de compra de activos y adquirimos más bonos soberanos», aseguró. Era más partidaria de que los países ahondasen en «reformas estructurales para fomentar el crecimiento sostenible».

En concreto, 10 de los 25 miembros del comité ejecutivo del BCE, según AFP, se opusieron a ese instrumento, a la compra de 20.000 millones de euros mensuales decidida en la reunión del día 12. Alemania, Holanda, Austria... Pero también lo hizo el gobernador del Banco Central de Francia, Francois Villeroy, que aseguraba esta misma semana desde París que no estaba a favor de reanudar las adquisiciones de activos «porque pienso que son innecesarias en este momento por los bajos niveles de los intereses a largo plazo y las primas de riesgo».

Fuerte desaceleración en el PIB de EE UU

La economía estadounidense parece perder fuelle de manera importante a causa, fundamentalmente, de la guerra arancelaria con China. Según confirmó este jueves el departamento de Comercio del Gobierno federal, su ritmo de crecimiento anual entre abril y junio fue del 2%, un punto menos que el 3,1% registrado en el primer trimestre. Es su avance más moderado desde principios de 2017, e incluso una décima menos de lo que se estimó hace un mes. Aunque el gasto interno subió -un 4,6% entre los consumidores, que suponen dos tercios de la actividad económica-, bajaron las exportaciones y las inversiones empresariales (-1,4%).