El FMI avisa: la banca aún no es inmune por completo a una nueva crisis

La directora gerente del FMi, Christine Lagarde. /E. C.
La directora gerente del FMi, Christine Lagarde. / E. C.

Señala que, una década después de Lehman, han surgido más vulnerabilidades ante las que no está probada la resistencia del sector

José María Camarero
JOSÉ MARÍA CAMAREROMadrid

Diez años después de la caída de Lehman Brothers –el inicio de la crisis financiera más aguda que ha vivido la economía mundial en las últimas décadas–, los bancos aún no las tienen todas consigo para hacer frente a otra nueva etapa recesiva que pueda impactar en sus cuentas y balances. A pesar de la mejora experimentada por la mayor parte de las entidades en sus estructuras –las que no lo han logrado han sido absorbidas o, directamente, liquidadas en los últimos años–, el sector se enfrenta a «nuevas vulnerabilidades», tal y como anticipa el último informe del sector financiero elaborado por el Fondo Monetario Internacional (FMI).

En realidad, no sería un contexto novedoso, porque los riesgos reaparecen cíclicamente. El problema es que «la resistencia del nuevo sistema bancario» ante posibles desavenencias que impacten en la economía «continúa sin estar probada». Es decir, que el organismo, cuya directora gerente es Christine Lagarde, no puede asegurar que las turbulencias que surjan en los mercados internacionales no vayan a hacer daño a las estructuras de las entidades financieras, a pesar de que ahora se encuentran mejor preparadas para hacer frente a esas contingencias que en 2008.

El informe del FMI huye de cualquier tipo de autocomplacencia en materia bancaria, y solo se limita a señalar una realidad sobre la que las propias entidades son conscientes: el sistema «se ha fortalecido durante los últimos diez años», como consecuencia precisamente del 'crack' protagonizado por la bancarrota de Lehman, a la que le siguieron las de otras grandes firmas financieras. Además, señala que «el progreso hacia un sistema financiero global más seguro es innegable»;que «la calidad y la cantidad de su capital han aumentado constantemente»;o que se han introducido normas regulatorias en todo el mundo, que han mejorado la supervisión financiera, así como pruebas de estrés «ampliamente adoptadas» en favor del sistema bancario de cada país.

Sin embargo, el informe del FMI puntualiza que «mirando hacia el futuro, aparecen nubarrones» en el horizonte. En buena medida, estas circunstancias adversas que se atisban a medio plazo se deben a la coyuntura en la que se mueven los mercados internacionales en estos momentos. Son varios los riesgos que acechan a las economías, desde el incremento del proteccionismo comercial, pasando por decisiones como el 'brexit' o el fin de las políticas de estímulo que han ayudado al crecimiento europeo en los últimos años.

El informe se refiere precisamente al riesgo de que la inflación comience a repuntar, provocado sobre todo por el auge del precio del petróleo. En caso de que ese indicador suba, «los bancos centrales pueden acelerar el ritmo de la normalización de la política monetaria». Para el FMI, esta circunstancia «podría conducir a un repentino endurecimiento de las condiciones financieras globales» para unas cuentas públicas y unos presupuestos domésticos aún «muy endeudados».

El epicentro, en emergentes

Pero donde más peligro ve el FMI para la calma financiera que por ahora impera en el mercado es en los países emergentes. «Las divergencias económicas entre esos territorios y otros más avanzados ha crecido en los últimos meses», avisa la institución monetaria. De hecho, apunta que estas economías han sufrido más en su crecimiento desde mediados de abril, por un mayor coste de financiamiento externo, por el aumento de los riesgos o por la escalada de la tensión comercial.

Para afrontar esta etapa, el FMI aconseja proseguir con la reforma regulatoria financiera para completarla e insta a no revertir las medidas que se han ido tomando durante los últimos años. «La supervisión debe ser utilizada de manera más proactiva», recomienda también el FMI en su informe. Para ello, los estados deben hacer valer sus herramientas «macroprudenciales, incluyendo las medidas anticíclicas» para evitar que otra crisis se lleve por delante lo conseguido desde 2008.

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