España se pone en lo peor y asume que es inevitable la guerra comercial de Trump

Reyes Maroto, ministra de Industria, Comercio y Turismo./Patricia Torres (Efe)
Reyes Maroto, ministra de Industria, Comercio y Turismo. / Patricia Torres (Efe)

La ministra Reyes Maroto admite que «hay pocas razones para ser optimista» y pide llevar a EE UU ante la OMC por gravar la aceituna negra

ADOLFO LORENTEBruselas Corresponsal

Si había alguna semana para reunirse con la comisaria europea de Comercio, sin duda, era esta. La nueva ministra de Industria, Comercio y Turismo del Gobierno español, Reyes Maroto, ha debutado hoy en el universo de Bruselas manteniendo un encuentro con Cecilia Malmstrom a escasas horas de que tome un avión rumbo a la Casa Blanca, donde acompañará a su jefe, Jean-Claude Juncker, en la decisiva reunión que mantendrá con Donald Trump para intentar evitar una guerra comercial temida por casi todos.

«La interlocución con Trump está en un punto de no retorno. Hay pocas razones para ser optimista», admitió Maroto en declaraciones a los medios a su salida de la sede de la Comisión, donde también se reunió con la comisaria de Industria, la polaca Elzbieta Bienkowska. España es uno de los países que más está sufriendo la obsesión proteccionista de la nueva Administración norteamericana ya que hoy, salvo sorpresa, entrarán los nuevos aranceles definitivos del 34,75% a la aceituna negra.

Tras matizar que tanto la UE como España «estudiarán la letra pequeña de la decisión final» antes de adoptar una respuesta. Nada de reacciones en caliente, porque lo último que debe hacer Bruselas es actuar como Trump, siempre con el gatillo de Twitter humeante. «Nosotros, como país, hemos defendido ante la Comisión la importancia de ir a la Organización Mundial de Comercio (OMC). Nos parece un ataque de forma indirecta a la Política Agraria Común (PAC) y la forma de defendernos es ir a la OMC y así se lo hemos solicitado», recalcó la ministra.

Ojo porque ahora estamos hablando de la aceituna negra y mañana del conjunto de la PAC, una de las joyas de la corona de la Unión. Si el argumento de Washington es cuestionar que los productos hortofrutícolas comunitarios reciben ayudas de las arcas públicas europeas, el festival de aranceles puede ser interminable. De ahí la necesidad de cortar el grifo cuanto antes y marcar el terreno a EE UU.

Pendientes de Juncker

El momento geopolítico es delicadísimo. Con el acero y aluminio, el daño ya está hecho. En concreto, desde el pasado 1 de junio, cuando Trump dejó de amagar con imponer aranceles del 25% y el 10%, respectivamente. Ya son una realidad, como también lo son las represalias aprobadas por la UE contra productos americanos por valor de 2.800 millones. Ojo por ojo, arancel por arancel.

Pero todo esto es un juego de niños con lo que puede llegar en cuestión de semanas. Donald Trump está a un clic de meterle un gravamen del 20 ó el 25% a la industria automovilística europea, una amenaza que se produjo hace ya varias semanas y que está provocando sudores fríos en Alemania. El presidente americano tiene entre ceja y ceja a Alemania, sobre todo a su «amiga» Angela Merkel. No soporta su superávit comercial de decenas de miles de millones anuales y sus pocas ganas de gastar.

Para evitar lo más parecido al caos, el miércoles se celebrará una reunión clave en la Casa Blanca entre Juncker y Trump. El presidente de la Comisión buscará un alto el fuego y tenderá la mano para buscar puntos de encuentro que evitar la madre de todas las guerras comerciales. Pase lo que pase, la UE lo tiene muy claro: responderá con la misma moneda.

Según la Comisión y sobre la base de la investigación al sector automovilístico y de recambios, las medidas restrictivas al comercio de EE UU podrían resultar en un volumen muy significativo de las exportaciones afectadas, estimadas en 294.000 millones de dólares (el 19% del total de sus exportaciones en 2017). De ellos, 58.000 corresponden a los Veintiocho. Un pico, sí.

 

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