El empeño familiar por ahorrar en depósitos aunque cuesten dinero

Clientes en una oficina bancaria./R.C.
Clientes en una oficina bancaria. / R.C.

Los hogares guardan un 40% de su riqueza en estos productos clásicos, aunque no rinden y ante la posibilidad de que la banca les cobre por ellos

José María Camarero
JOSÉ MARÍA CAMAREROMadrid

Hace mucho tiempo que dejar los ahorros en una cuenta a plazo o un depósito no resulta rentable. Tanto tiempo como los cinco años que han transcurrido desde que el Banco Central Europeo (BCE) pusiera en marcha su maquinaria para evitar que la crisis arrasara con la zona euro. A la bajada inicial de tipos hasta el 0% se unió la penalización que la institución aplica al dinero que los bancos depositan cada noche en el eurosistema. Ahora, esa especie de tasa (en realidad, un interés negativo) pasará del 0,4% al 0,5%. Y los depósitos y cuentas de los clientes seguirán sin ver casi un céntimo al final de cada año en concepto de intereses generados.

A pesar de esta realidad, el patrimonio de los ciudadanos acumulado en este tipo de productos no ha parado de crecer a medida que el interés bajaba del 0,17% de 2014 hasta el mínimo del 0,03% del pasado mes de julio, según la última estadística del Banco de España. No solo es que rindan poco, muy poco; es que, si se aplican las comisiones oficiales publicadas por las entidades en concepto de mantenimiento, por ejemplo, ahorrar en el banco ya le cuesta dinero a los hogares.

El producto bancario por excelencia -el depósito- aún no ha encontrado rival en el mercado que le llegue a hacer sombra, ni siquiera en un contexto de tipos de interés tan bajos que deberían haber propiciado -teóricamente- una apuesta por la diversificación en otro tipo de activos que, con mayor o menor riesgo dependiendo del perfil de cada familia, ofrecen rentabilidad.

Solo los fondos de inversión han logrado captar una parte de la cuota de mercado de toda la riqueza financiera de los hogares. El ahorro en cuentas o depósitos del primer trimestre representaba un 39,7% del patrimonio de los ciudadanos frente a poco más del 40,2% de 2015. El dinero invertido en fondos ha pasado de representar un 12,5% al 14,2% actual, según el Banco de España.

El segundo producto preferido por los españoles para invertir siguen siendo las acciones y participaciones en Bolsa. Pero su peso se ha ido reduciendo en los últimos cinco años desde el 27,6% hasta el 26% del total, superando los 607.000 millones de euros. Por su parte, los planes de pensiones siguen una línea muy estable, sin grandes altibajos, pero sin llegar a captar gran parte de los ahorros. Y tampoco lo han hecho los seguros y derivados.

Los clientes ya han comenzado a ver en los últimos meses cómo todas esas medidas aprobadas por el organismo presidido por Mario Draghi no les benefician. Los de perfil ahorrador, eso sí. Porque los depósitos apenas se remuneran desde hace varios años. Tener el dinero en un producto de estas características es dejarlo que se lo coma la inflación, aunque sea baja. Para encontrar algún producto atractivo «es necesario correr riesgos y no todo el mundo está dispuesto a ello», reconoce Antonio Pedraza, presidente de la Comisión Financiera del Consejo General de Economistas.

La escasa propensión histórica de los hogares a ahorrar a través de productos de inversión ha coincidido con una etapa en la que el mercado no se ha comportado de forma boyante. La rentabilidad media de los fondos de inversión en los últimos cinco años ha sido del 0,94%. En lo que va de año, ese comportamiento sí que ha sido mejor aproximándose, de media, a una revalorización cercana al 5%, según los últimos datos de la patronal Inverco.

El principal problema que pueden llegar a plantear los depósitos como primera opción a la hora de ahorrar es que el sector financiero no ha descartado de forma tajante que pueda llegar a cobrar a los particulares por tener esos productos. El razonamiento que hacen es claro: si el BCE cobra al banco por el dinero, ¿por qué no trasladar ese coste al cliente doméstico?

O todos o ninguno

La respuesta no es fácil ni digerible para la banca, cuya imagen se vería aún más perjudicada si el conjunto de los ciudadanos vieran cómo les cobran por dejar su dinero en cuentas o depósitos al uso. «Se trata de una cuestión muy compleja que no se materializará de forma individual por parte de una entidad», explican fuentes financieras.

Es decir, o todos los bancos se ponen de acuerdo en esa estrategia comercial de cobrar por los depósitos, o ninguno lo hará diferenciándose de la competencia. Por eso, apuntan esas mismas fuentes, la banca insiste en medidas de recorte de las redes y ajustes de personal, las dos variables donde más pueden actuar para hacer frente a una nueva etapa monetaria cada vez más parecida a la de Japón, donde viven con los tipos al 0% desde hace dos décadas como fórmula para evitar crisis.

Las grandes corporaciones ya saben lo que es pagar a las entidades: un 0,10%

El presidente de la Asociación Española de Banca (AEB), José María Roldán, ya reconoció antes del verano que los tipos de interés negativos son «un contradiós» y que en la remuneración de los depósitos a la clientela «el límite es cero». «No nos planteamos la posibilidad de cobrar por estos depósitos», apuntó cuando el Banco Central Europeo (BCE) ya anticipaba nuevos estímulos monetarios y la exigencia de una mayor tasa a la banca por depositar los ahorros.

No pueden decir lo mismo los grandes clientes de la banca, las empresas, corporaciones o multinacionales cuya tesorería ya les cuesta dinero por tenerla guardada en las entidades financieras. Las entidades ya han comenzado a aplicar de forma generalizada ese cobro a sus sumas millonarias. «No hay otra posibilidad», explican desde el sector financiero al reconocer que, al menos con este tipo de clientes, sí pueden cobrar por el dinero.

Las estadísticas así lo reflejan. Desde que comenzó el año, las corporaciones han cambiado radicalmente su política comercial con los grandes grupos aplicándoles una tasa que, según el último Boletín Estadístico del Banco de España, se encontraba en el 0,10% para los depósitos a un año de plazo o menos.

A lo largo de estos meses, hasta el verano, la tasa ha ido modificándose desde el 0,19% con la que partió en enero hasta el 0,08% que se cobraba en abril y mayo. Sin embargo, los anuncios realizados por el presidente del BCE, Mario Draghi, en julio activaron las alertas en los bancos, que volvieron a incrementar el cobro por los depósitos empresariales. Y con las últimas decisiones tomadas en firme por el consejo de gobierno del supervisor, las previsiones apuntan a que esos cobros a corporaciones irán a más en los próximos meses.

Prácticamente desde el año 2016, la mayor parte de las grandes entidades españolas llevan aplicando esta política, aunque hasta ahora lo hacían de forma muy limitada. Ha sido en los últimos meses cuando dicha estrategia se ha extendido con mayor énfasis. Sus clientes institucionales han ido recibiendo poco a poco comunicaciones oficiales en las que los bancos les informaban del coste de mantener sus cuentas. En concreto, lo hacen «según los saldos de las empresas, sobre todo si son a plazo y limitando los saldos transaccionales en la medida en que a nosotros nos cuesta dinero ese exceso de liquidez».