China creció en 2018 al menor ritmo de los últimos 28 años

Vista a´erea de Pekín,/AFP
Vista a´erea de Pekín, / AFP

En un escenario global complicado, el alza del 6,6% se interpreta como algo positivo, aunque el cuarto trimestre fue el peor desde 2009

ZIGOR ALDAMAShanghái

Las previsiones se han cumplido: China creció un 6,6% en 2018 y su PIB marcó un récord de 90,03 billones de yuanes (11,5 billones de euros). A pesar de que ayer Ning Jizhe, jefe del Buró Nacional de Estadísticas, subrayó durante la presentación de las cifras oficiales que «el entorno internacional es complicado y severo», y que la economía de la segunda potencia mundial «todavía sufre una presión a la baja», el país más poblado cerró airoso el pasado ejercicio y superó en una décima la previsión que el Gobierno había hecho a principios de año. No en vano, el crecimiento de China fue el mayor de las cinco principales economías mundiales --duplicó holgadamente el previsto para España- y contribuyó un 30% a la expansión de la riqueza global.

La renta per cápita de los 1.400 millones de habitantes del país también se comportó de forma positiva, aunque aumentó un poco menos que la economía: un 6,5%. Así, esa variable queda en 28.228 yuanes (3.618 euros). La diferencia entre el ámbito urbano y el rural se reduce sensiblemente, pero continúa siendo muy acentuada. La renta de las ciudades aumentó un 5,6% hasta los 39.251 yuanes (5.032 euros) mientras que la del campo creció un 6,6% hasta los 14.617 yuanes (1.873 euros), aunque estos datos no son nominales, sino que tienen en cuenta la diferencia de los precios en los dos ámbitos.

Pero no todo son buenas noticias. El ritmo de crecimiento de 2018 es el más lento de los últimos 28 años y dos décimas menor que el 6,8% registrado en 2017. Además, la presión a la baja a la que aludió Ning se notó sobre todo en el último trimestre, cuando la expansión del PIB chino se redujo al 6,4% -una décima menos que entre julio y septiembre- y fue la más modesta desde los primeros tres meses de 2009, cuando la crisis global sacudió a China y Pekín tuvo que poner en marcha el mayor plan de estímulo económico de su historia.

La producción industrial continuó creciendo en 2018 con solidez (un 6,2%), pero cuatro décimas por debajo que el año anterior. Y las ventas de bienes de consumo aumentaron un 9%, muestra de que el consumo interno continúa siendo un potente motor económico, pero también redujeron su ímpetu en 1,2 puntos. Por su parte, el paro, uno de los asuntos que más preocupa en Pekín por cómo su aumento puede ser proporcional al del descontento social, se mantuvo bajo control entre el 4,8% y el 5,1%.

A pesar de todo ello, Ning se mostró optimista y, con la falta de concreción típica de los funcionarios chinos, avanzó que este año «China mantendrá un ritmo de crecimiento razonable». No obstante, reconoció que hay nubarrones en el horizonte, y que los más oscuros son los creados por la guerra arancelaria que enfrenta al gigante asiático con EE UU. Los efectos de ese conflicto han comenzado a notarse ya en los datos del comercio exterior chino y, si no se llega a un acuerdo tras las negociaciones en curso, podrían terminar lastrando también el crecimiento económico.

En cualquier caso, el Gobierno parece que tiene ya entre manos nuevas medidas de estímulo económico para evitar que el crecimiento caiga rápidamente y lograr así que el aterrizaje sea suave.

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