Caja Madrid se quedó 2.500 millones del FROB destinados a reforzar el capital de Bankia

José Ignacio Goirigolzarri (izquierda) y Rodrigo Rato, en la sucesión presidencial de Bankia. / EFE
José Ignacio Goirigolzarri (izquierda) y Rodrigo Rato, en la sucesión presidencial de Bankia. / EFE

Así lo admite el ex interventor general de su matriz, mientras que un inspector del Banco de España afirma que «no era tan bonito todo como nos decían»

José Antonio Bravo
JOSÉ ANTONIO BRAVOMadrid

Caja Madrid, la mayor de las siete entidades de ahorros que realizaron una fusión 'fría' en 2010 (a través del denominado Sistema Institucional de Protección, SIP) para alumbrar Bankia, se quedó con cerca de 2.500 millones de euros que estaban destinados a reforzar la posición de capital del grupo. Así lo reconoció este martes el que fuera interventor general de su matriz, el Banco Financiero y de Ahorros (BFA), Antonio Román, durante su declaración como testigo en el juicio por la controvertida salida a Bolsa de la entidad.

Esos fondos, explicó, procedían de la primera inyección de 4.465 millones de euros que el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) realizó en Bankia -que al final terminaría beneficiándose de un total de 22.424 millones de euros en ayudas públicas- en septiembre de 2012, una vez que ya había sido intervenido el banco, removido Rodrigo Rato de la presidencia y sustituido por José Ignacio Goirigolzarri. Esos fondos también tenían como objetivo asegurar el acceso del grupo a «diversas fuentes de financiación».

Pero más de la mitad del dinero -que se iba a reconvertir en acciones, una vez transformadas las participaciones preferentes de BFA que tenía el FROB- se destinaron a sanear Caja Madrid, entidad que Román conocía bien porque entró en ella en 1983. Sin embargo, dijo desconocer quién lo ordenó ni los entresijos de la operación, más allá de que el propio mecanismo de ayudas públicas asumía de forma implícita que «había obviamente riesgos». Ello, no obstante, contrasta con un informe del Banco de España de junio de 2010 -apenas medio año antes de materializarse la fusión- donde se hablaba de las siete cajas de ahorros como «entidades fundamentalmente sólidas» y de su proyecto de crear BFA-Bankia como «consistente u viable».

«Problemas de futuro»

No pensaban igual los inspectores del supervisor que revisaron sus cuentas en los meses previos a su estreno bursátil en 2011, cosa que hicieron «lo mejor que se pudo con la información que teníamos». En concreto, no les «gustaba nada» la estructura de doble banco -Bankia de un lado con el negocio, y BFA por otro con «todos los activos peores, Banco de Valencia, muchas preferentes…»-, pues «se estaba viendo que podía traer problemas de futuro». Así lo testificó también este martes uno de ellos, Pedro Bravo, quien de forma gráfica declaró que «no eran tan bonito todos como nos decían» y que las propias cajas de ahorros «no estaban para tirar cohetes».

Las dificultades, señaló, ya vinieron de inicio con su proceso de integración, que calificó de «locura» porque hacían falta «muchísimas autorizaciones». Después fue al revisar sus números: había «muchos extraordinarios» que hacían que las cuentas de Bankia «fueran un poquito menos malas», pero su capacidad recurrente de generación de ingresos era «poco común». La fiscal le preguntó entonces si compartía la conclusión de su entonces jefe de equipo, José Antonio Casaus, de que BFA no sería viable a medio plazo, pero la presidenta del tribunal impidió que contestará y remitió a que se hiciese la pregunta al propio aludido cuando declare la semana próxima.