BBVA, condenado a romper con Francisco González para evitar dañar más su reputación

Francisco González y Carlos Torres, en la última junta de accionistas del BBVA celebrada la pasada primavera en Bilbao./Reuters
Francisco González y Carlos Torres, en la última junta de accionistas del BBVA celebrada la pasada primavera en Bilbao. / Reuters

El consejo de administración del banco analiza esta semana la situación creada por los supuestos espionajes encargados a Villarejo

MANU ÁLVAREZ

La versión oficial es que el consejo de administración del BBVA se reunirá este jueves en sesión ordinaria -la habitual que celebra cada mes el órgano de gobierno de la entidad financiera- con el objetivo principal de aprobar la cuenta de resultados de 2018. La realidad, sin embargo, es que el consejo tendrá sobre la mesa una difícil papeleta, en un momento crucial: ¿Qué hacer para detener la hemorragia que se ha producido en la reputación de la entidad, después de conocerse que, presuntamente, su expresidente, Francisco González, contrató durante años servicios de espionaje poco ortodoxos? Unas tareas que fueron encomendadas al excomisario José Manuel Villarejo y que se sustanciaron en seguimientos a empresarios, a altos cargos de la Comisión Nacional del Mercado de Valores e incluso a ministros y otros responsables del Gobierno. Romper amarras entre el banco y su expresidente se intuye ya como la primera y urgente medida para evitar un deterioro adicional en la reputación del BBVA, aunque nadie garantiza que eso se vaya a producir esta semana.

Los tímidos cortafuegos que la entidad ha puesto hasta ahora, apenas han surtido efecto. El actual presidente del banco, Carlos Torres, envió a mediados de enero una carta a todos los empleados, unos días después de que se filtrasen algunos escabrosos detalles de los trabajos realizados por Villarejo para la entidad. En concreto, el seguimiento y las escuchas realizadas desde noviembre de 2004 al grupo encabezado por el presidente de la constructora Sacyr, Luis del Rivero, que junto a Juan Abelló pretendía asumir el papel de primer accionista, hacerse con el control del banco y apartar a Francisco González de su presidencia.

Si los trabajos encargados al excomisario resultan 'singulares', puede que incluso delictivos de confirmarse, las facturas que cobró son brutales: más de cinco millones de euros en pago por sus servicios, entre los años 2004 y 2018.

El banco se inclina por esperar a que PwC termine el trabajo de investigación para tomar decisiones

Torres, en su carta a los empleados, se confesaba «escandalizado» por las informaciones que habían comenzado a difundirse, confirmaba que en los registros contables del banco aparecía nítidamente la huella de los pagos a las sociedades mercantiles tras las que se parapetaba la actuación del excomisario y reconocía, también, que desde el verano de 2018 había una investigación en marcha en el seno de BBVA. «De ser ciertas -se refería Torres a las informaciones en torno al espionaje realizado por Villarejo- se trataría de conductas indudablemente muy graves, deplorables, diametralmente opuestas a lo que somos y a lo que todos nosotros representamos; y, en definitiva, a los valores de BBVA que nos mueven día a día».

Pero desde entonces poco o nada más, pese a que Francisco González se mantiene como presidente honorífico del BBVA y, quizá más importante, como máximo responsable de su fundación cuyos patronos son, precisamente, los miembros del consejo de administración.

«El consejo de administración tiene una difícil papeleta porque, tome la decisión que tome, no va a conseguir zanjar la polémica», asegura un exalto cargo del BBVA. Desde algunos sectores se reclama ya una actuación decidida del banco, que pasaría en primer lugar por romper amarras con ese turbio pasado. No son pocas las voces que estiman que la cúpula del BBVA no ha sabido actuar con la celeridad y la contundencia que merece una situación como esta, más aún en un negocio que está basado precisamente en la reputación y en que los clientes tengan la máxima confianza en quienes gestionan sus ahorros o sus riesgos financieros. Aunque las declaraciones oficiales brillan por su ausencia en este tipo de asuntos espinosos, todo apunta a que el Banco Central Europeo ha animado al BBVA a tomar decisiones urgentes, línea en la que también coincidiría el Gobierno de Pedro Sánchez.

Para los consejeros la situación es complicada. Todos deben su puesto a Francisco González

Pero, al menos hasta ayer, BBVA parece apostar por quemar etapas de forma más pausada, tras considerar que cualquier precipitación es mala. Así, apuntan fuentes próximas al banco, la idea inicial es mantener el carácter «ordinario» de la reunión del consejo de administración y no adoptar decisiones en torno al 'caso Villarejo' hasta que finalicen los trabajos de investigación interna. Para reforzar un primer encargo realizado a la firma de abogados Garrigues se ha sumado ahora un contrato con PwC quienes, teóricamente, tienen la obligación de escudriñar en las 'tripas' del banco -documentos, emails, etc.-, para intentar tener una visión certera de lo sucedido.

Y así, frente a quienes reclaman de BBVA una ruptura con Francisco González, que se traduciría en su cese como máximo responsable de la fundación y la retirada de la presidencia de honor de la entidad, la cúpula actual prefiere esperar. «Hay que conocer el resultado de la investigación interna antes de tomar alguna decisión», apuntan en el entorno del consejo de administración.

Decisiones difíciles

Tampoco hay que olvidar que para el consejo de administración actual del BBVA, cualquier actuación contra el expresidente González supone morder la mano de quien les aupó hasta esa posición de prestigio social y remuneración anual elevada. «Son conscientes de que las decisiones que tomen -apunta un exdirectivo de la entidad- pueden tener una clara trascendencia en el proceso judicial que puede venir a continuación».

No hay que olvidar que el juez de la Audiencia Nacional Manuel García Castellón tiene abierta una investigación sobre las actuaciones presuntamente ilegales del excomisario Villarejo, instrucción por la que se le mantiene en prisión. De momento, el consejo no está presionado por la cotización bursátil del BBVA que, lejos de hundirse, ha experimentado un notable repunte en el último mes. Desde el 9 de enero, fecha en la que se filtraron las supuestas actividades de espionaje encargadas a Villarejo, las acciones del banco han experimentado un alza de casi el 8%.

Pero, cotizaciones al margen, el asunto ha despertado no pocos fantasmas del pasado. «Sabíamos y éramos conscientes de que Francisco González no respondía a los criterios éticos que pregonaba -asegura un exconsejero del banco, del grupo procedente del BBV que fue expulsado por el propio González a finales de 2001-, pero nunca pensamos que podía llegar a determinadas cotas».

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