Testimonio

Violaciones y golpes: el calvario de una antigua promesa del tenis surcoreano

Kim Eun-hee. /Jung Yeon-je (Afp)
Kim Eun-hee. / Jung Yeon-je (Afp)

Kim Eun-hee denuncia los abusos sexuales sufridos en silencio por los deportistas surcoreanos

JUNG HAWON (COLPISA / AFP)SEUL

A los 10 años, cuando Kim Eun-hee soñaba con ser una estrella del tenis, su entrenador la violó por primera vez. Hoy renuncia a su anonimato para denunciar los abusos sexuales sufridos en silencio por los deportistas surcoreanos.

La entonces alumna de primaria no sabía lo que eran las relaciones sexuales. Pero sí era consciente del miedo que la invadía cuando su entrenador le ordenaba ir a su habitación. Conocía el dolor y la humillación. «Me han hecho falta años para darme cuenta de que aquello era una violación», señala a la AFP Kim Eun-hee. «Y durante dos años, no dejó de violarme, me decía que era un secreto entre él y yo», añade.

A sus 27 años la joven habla por primera vez a un medio internacional, dejando a un lado su derecho al anonimato para denunciar las agresiones sexuales infligidas a deportistas por sus entrenadores. Corea del Sur, conocida por la alta tecnología y sus estrellas del K-pop, es también una potencia deportiva, uno de los dos países asiáticos en haber albergado ediciones de los Juegos Olímpicos de invierno y de verano.

Es un país relativamente pequeño, pero regularmente figura entre las diez primeras naciones del medallero, gracias al tiro con arco, el taekwondo o el patinaje de velocidad short-track. Pero la sociedad se mantiene profundamente patriarcal y jerarquizada, con un esquema deportivo fundamentalmente masculino. Los vínculos personales son tan importantes como el rendimiento para tener una carrera de éxito.

Territorio fertil para los abusos

Con un enfoque basado en la competencia, donde ganar es lo más importante, muchos jóvenes deportistas renuncian a la escuela y dejan sus familias para vivir varios años en dormitorios junto a compañeros y entrenadores. El sistema de campos de entrenamiento, parecido al modelo comunista existente en China, es reputado y ha permitido a Corea romper sus límites deportivos. Pero es también un territorio fértil para los abusos, particularmente hacia los menores, cuyas vidas están estrictamente controladas por los técnicos.

«El entrenador era el rey de mi mundo, dictaba toda mi vida cotidiana, desde la manera de hacer los ejercicios al momento en el que tenía que dormir y lo que debía comer», explica Kim, que recibió golpes en el marco de «su formación». Finalmente el técnico fue despedido cuando los padres se quejaron «del comportamiento sospechoso», pero simplemente cambió de centro de entrenamiento sin ninguna persecución judicial.

Gran parte de las víctimas guarda silencio sobre estas situaciones porque hablar significa decir adiós a sus sueños de éxito. «Los que hablan caen en el ostracismo y son agredidos por 'traidores' que han cubierto al deporte de vergüenza», subraya Chung Yong-chul, profesor de psicología del deporte en la Universidad Sogang de Seúl.

Un estudio realizado en 2014 por el Comité Olímpico y Deportivo de Corea mostró que una deportista de cada siete había sufrido abusos sexuales el año precedente, pero que el 70% no había solicitado ayuda. «Los padres de numerosas víctimas menores renuncian a denunciar porque normalmente un jefe deportivo es normalmente amigo del agresor y dice: '¿Usted quiere destruir el futuro deportivo de su hijo?'», explica Chung Hee-joon, comentarista especializado en cuestiones deportivas. Paralelamente las organizaciones deportivas intentan disimular los abusos. «Cierran los ojos porque los agresores son capaces de producir deportistas que rinden, permanecen ciegos en la búsqueda de la medalla. Sus abusos se consideran como un precio insignificamente a pagar», añade.

En 2015 el antiguo campeón de patinaje de velocidad sobre pista corta convertido en entrenador Lee Joon-ho recibió únicamente una multa por haber manoseado a patinadores en la ciudad de Hwaseong y haber acosado sexualmente a un niño de 11 años. Choi Min-suk, entrenador del equipo de curling en los Juegos de Invierno 2014, dimitió después de haber sido acusado de acoso sexual por las jugadoras. Pero a continuación fue contratado por otro equipo.

Agresiones físicas

También son moneda corriente las agresiones físicas. Shim Suk-hee, patinadora de velocidad sobre pista corta, ganadora de cuatro medallas olímpicas, entre ellas el oro en relevos en los recientes Juegos de Pyeongchang, acusó a su entrenador de haberla golpeado decenas de veces. Tuvo que recibir tratamiento médico durante un mes. Cho Jae-beom reconoció haberle pegado, como a otros miembros del equipo nacional, «para mejorar su rendimiento».

Kim Eun-hee ganó el bronce en el festival nacional del deporte surcoerano, pero los gritos de los deportistas en la pista le recordaban a su violador y le daban naúseas. Continuó jugando a tenis, pero se cruzó con su agresor hace dos años, lo que le hizo resurgir su traumatismo. «Estaba horrorizada de ver que mi violador había continuado entrenando jóvenes jugadoras de tenis durante más de diez años como si nada hubiera pasado», cuenta. «Me dije 'no voy a dejar que continúe agrediendo a niñas'», añade y presentó una denuncia contra su agresor, contra el que se abrió un proceso.

Kim y cuatro de sus amigas han presentado testimonio sobre los abusos sexuales que sufrieron. Cuando el agresor fue condenado a diez años de cárcel en octubre, ella esperaba fuera del tribunal. «No paraba de llorar, me invadía la emoción, la tristeza y la alegría», recuerda.

Actualmente retirada de la competición, enseña a tenis en un polideportivo municipal. «Cuando las escucho reír y divertirse jugando al tenis, me ayuda a curarme», dice.

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