Análisis

Muguruza paga su agotamiento mental

Garbiñe Muguruza se seca el sudor durante su partido ante Qiang Wang en Hong Kong. /Vivek Prakash (Afp)
Garbiñe Muguruza se seca el sudor durante su partido ante Qiang Wang en Hong Kong. / Vivek Prakash (Afp)

La española afronta los últimos coletazos de un decepcionante 2018 en el que ni su tenis ni su cabeza han pasado por el mejor momento

ENRIC GARDINERMADRID

Después de un 2017 en el que se coronó como campeona de Wimbledon y ascendió al número uno del mundo, el 2018 de Garbiñe Muguruza aspiraba a consagrarla como la mejor tenista del momento y por qué no, a soñar con amasar algún gran torneo más.

Solo las semifinales en Roland Garros, 'Grand Slam' que conquistó en 2016, y el pequeño entorchado en Monterrey (México) sobresalen en un año marcado por los traspiés continuos y la falta de regularidad. Un elemento ya habitual en la carrera de la española y que toma más dimensión cuanto mayores son los éxitos que consigue.

Nestor Marco, psicólogo deportivo de la Academia Juan Carlos Ferrero en Alicante, explica a Colpisa que la carga mental al conseguir determinados triunfos aparece y que el llegar a alcanzar un sueño puede desembocar en un «¿y ahora qué?» que lastre al jugador.

«Pasas tu vida deportiva queriendo alcanzar algo y cuando lo alcanzas puede llegar el '¿y ahora qué?'. Además, pasas a ser el rival a batir y, cuanto más ganas, más puntos defiendes al año siguiente. Generas unas expectativas de desempeño y resultados altísimas en mucha gente y a menudo en ti mismo. Aquí se hace buena la máxima de que llegar es difícil, pero lo es mucho más mantenerse», aseveró Marco, quien trabaja en la academia con jugadores y jugadoras de todas las edades, desde la promesa Carlos Alcaraz, de 15 años, a Pablo Carreño, número 24 del mundo.

«A menudo es más sensato pulir detalles que una revolución»

Muguruza, que este sábado cedió en semifinales de Hong Kong, encadenó por primera vez desde París tres victorias consecutivas en el circuito. Un resultado que aun así no le ha servido para alcanzar la tercera final del año ni acercarse al 'top ten' mundial. Actualmente, es la duodécima raqueta de la WTA.

«Si se entiende el error y la derrota como parte del juego y la vida, es mucho más probable que la respuesta a una mala racha sea basada en buscar soluciones y analizar constructiva y objetivamente qué es lo que no está funcionando. Pero eso conlleva un grado de madurez deportiva y personal que no todo el mundo alcanza. Dependerá mucho del trabajo mental del o la deportista y de su entorno deportivo y social. A menudo lo más sensato en alto rendimiento es pulir detalles más que ir de revolución en revolución metodológica», reflexiona Marco.

En el caso de Muguruza, la revolución no ha llegado. Sigue trabajando con Sam Sumyk, quien la entrena desde 2015, y el único cambio fue el breve paso de Conchita Martínez por su equipo entre febrero y marzo de este año. Ante esto, Marco no entra a valorar si es necesario un cambio o no de técnico, pero sí apunta a la normalidad como una de las «mejores armas» que un deportista de alto rendimiento puede tener.

«Me refiero al trabajo desde la humildad, a seguir con la misma línea que te ha hecho llegar a dónde estás, a conseguir aislarte de medios y opiniones externas. Competir pensando en quién eres, lo que has ganado o lo que la gente espera de ti acaba siendo una losa muy pesada si no se sabe lidiar con ello. También considero que el entorno es crucial una vez más. Que se siga trabajando con la misma normalidad que siempre, se mantenga el entorno social y familiar de toda la vida creo que no son casualidad en el éxito, por ejemplo, de Rafa Nadal», sopesa.

El 2018 ha dejado claro que Muguruza ya no es la sorpresa que puede ganar un 'Grand Slam' de la noche a la mañana, sino que sus rivales ya la conocen, radiografían su estilo de juego y, en estos momentos, son varias las tenistas que, en una encarnizada batalla, pelean contra ella por repartirse el preciado pastel de la WTA. El ejemplo más reciente es que se ha quedado fuera del torneo de Maestras que reúne en Singapur a las ocho mejores tenistas del mundo.

Ante esa carga mental que parece arrastrar Muguruza, Marco no rechaza que la jugadora ocupe su tiempo libre con actividades totalmente alejadas con el tenis, que le ayuden a regenerar fuerzas y a aislarse de la dureza de la competición.

«Si atravesamos un momento adverso, creo muy necesario el ocio y el descanso, sin descuidar el entrenamiento. Hay jugadores y jugadores. Hay quien respira tenis las 24 horas del día y hay quien necesita su espacio y tiempo de desconexión entre prácticas y partidos. No creo que realizar otras actividades a modo de desconexión alejen del tenis. Es más, a menudo lo acercan, pues generan un descanso mental idóneo para volver con las pilas cargadas», puntualiza el psicólogo.

 

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