Entrenamientos

El regreso de Alonso a la F1, tan difícil como la lluvia en el desierto

Fernando Alonso y Carlos Sainz, en el circuito de Shakir. /EFE
Fernando Alonso y Carlos Sainz, en el circuito de Shakir. / EFE

El asturiano, al volante del McLaren, participa en los test de Baréin, donde el agua y la presencia en pista de Mick Schumacher con Ferrari copan el protagonismo

DAVID SÁNCHEZ DE CASTRO

El mono aún le valía, y el habitáculo está todavía con las formas y hechuras que dejó hace cuatro meses. Todo estaba listo para el regreso de Fernando Alonso a una pista de Fórmula 1 al volante del McLaren MCL34 cuando, aunque parezca increíble, se puso a llover. Y es que el escenario no hacía presagiar, ni mucho menos, que fuera a producirse un chaparrón como el que marcó el primer día de trabajo de test en Baréin.

Fue un chaparrón que impidió a todos rodar en condiciones, tal y como habían previsto. Sin embargo, después del preceptivo parón para comer, el cielo se despejó y casi todos se pusieron al trabajo, como estaba previsto. Y cuando toca ponerse el mono de 'currar', pocos más propicios que Fernando Alonso. El asturiano dedicó el día a ensayar con los compuestos Pirelli de la temporada 2020, ya que esa era su labor, y dio un total de 64 vueltas.

El tiempo marcado es absolutamente irrelevante, por tanto. El 'feedback' que puede dar el español (que acabó 11º en la tabla de tiempos) es mucho más importante para el devenir de la Fórmula 1 que el tiempo en sí que marque. El asturiano se sentía como en casa, y desde el principio destacó la clara mejoría del MCL34 con respecto al MCL33 que dejó en noviembre.

Y es que, pese a la lluvia, hubo muchos que vieron con ojos golosos volver a montarse a Alonso en un Fórmula 1. El ansiado regreso del español a la competición es una pregunta recurrente, y este ha aprendido a que, como le pasó con su vuelta a McLaren, nunca se puede decir de esta agua no beberé.

«No me tienta volver. Lo que tenía que conseguir en la F1 o incluso más de lo que había soñado nunca, ya lo logré», dijo, pero como ha hecho en los últimos días, dejó entreabierta la puerta al regreso. «Si algún día vuelvo, cosa que dudo porque mi decisión de dejar la F1 es firme, es para ganar el Mundial. Acabar séptimo, sexto o cuarto no es tentador todavía», comentó tras acabar el día.

Alonso sí destacó que, con respecto al monoplaza del año anterior, este «tiene buena base». «Hay un buen programa de evolución y creo que va a ser una temporada mucho mejor. El año pasado empezamos bien, pero luego paramos la evolución en mayo o junio y eso nos hizo sufrir hasta Abu Dabi», aseguró el asturiano, que volverá a probar este miércoles.

McLaren tuvo a sus tres pilotos en pista, ya que Lando Norris estuvo media jornada en pista y Carlos Sainz la otra media, lo que les dejó la lluvia. El británico dio un total de 22 vueltas y marcó el tercer crono del día, mientras que el madrileño, que le tocó la pista mojada de la mañana, no pasó del noveno crono y con neumáticos más duros. Dio un total de 32 giros.

Schumacher vuelve a rodar en Ferrari

Si la imagen de Alonso subiéndose al McLaren de nuevo llamó la atención, no fue tanto como lo ocurrido en el box de Ferrari. Era la foto que todo el mundo añoraba desde hace años: Mick Schumacher, hijo del piloto más exitoso de todos los tiempos en la Fórmula 1, se vestía con el mono rojo de la Scuderia en la que su padre fue el rey para estrenarse al volante del SF90. Con su madre Corinna mirándole orgullosa desde el muro, y copando el protagonismo total de los fotógrafos, el joven piloto de F2 dio 56 vueltas en su primer día con un F1 en sus manos.

Tras acabar la jornada, Schumacher afirmó sentirse «como en casa». El día estuvo lleno de recuerdos e ironías, ya que el mejor tiempo fue para Max Verstappen, hijo del compañero de Michael Schumacher en Benetton en 1994, y el ingeniero que ayudó al Mick en el día de su bautizo de rojo fue Jock Clear, que en 1997 estaba en el equipo Williams con Jacques Villeneuve, uno de los grandes rivales del 'kaiser'.