Mundiales de Doha

El show de Lyles acaba con fuegos artificiales

Noah Lyles celebra su título mundial en 200 metros. /EP
Noah Lyles celebra su título mundial en 200 metros. / EP

El nuevo icono del atletismo gana su primer oro mundial en el 200, aunque lejos del amenazado récord de Bolt

MIGUEL OLMEDAMadrid

Hay talentos que no se pueden entrenar, se nace con ellos y punto. En un atletismo que mira con lupa los impactos, 'hashtags' y 'trending topics', el carisma es una mina de explotación obligatoria. Un salvoconducto hacia el público milenial que consume lo que quiere, donde quiere y cuando quiere, que vive pendiente del último bailecito viral. Por eso mismo, Noah Lyles, el primer gran icono postBolt, es una bendición para el atletismo. Y además es el mejor velocista del planeta.

Con 22 años, Lyles ha agarrado con fuerza el testigo de Usain Bolt como imagen de este deporte: en Estados Unidos, y desde este martes en el resto del globo, es el 'selfie' que todo el mundo quiere. Y él, que lo sabe, lo provoca con naturalidad, una manera infalible de conectar con el aficionado.

En el módulo cubierto de Doha, unos enormes cascos marcaban el calentamiento de Lyles a golpe de rap. Desatado, hiperactivo y feliz ante su primera final de un Mundial, se motivaba soñando consigo mismo y ese disco que lanzará antes de los Juegos de Tokio, en los que buscará la doble corona de la velocidad. Lleva el pelo teñido emulando a Goku y los calcetines con la bandera de Estados Unidos. El kit completo para correr un 200 en menos de 20 segundos.

Lyles comparte tacos de salida con alguna que otra leyenda frustrada, como el canadiense Andre De Grasse, a quien las lesiones le cortaron una progresión imparable en 2017. También se ajusta los clavos el campeón Ramil Guliyev, un juvenil talentoso que se perdió durante años hasta volver a ganar. Pero todos temen al estadounidense, que en julio paró el cronómetro en 19.50, la cuarta marca de la historia.

Suena el disparo y Lyles no arranca tan cómodo de costumbre, corre menos suelto de lo que desearía y sale mal posicionado de la curva, pero aun así le sobra. Tiene una zancada tan fluida y natural que en el último 50 es casi imposible de ganar. Y le salen 19.83, lo que ninguno de sus rivales en la final ha corrido este año, pero lejos de los 19.19 de Bolt que promete un día sacará.

De Grasse fue plata (19.95) y junto a su bronce en el 100 vuelve a acercar al que fue; mientras que Álex Quiñónez, el ecuatoriano del Barcelona, se conforma de muy buena gana con un bronce (19.98) histórico para su país, que solo había ganado cuatro medallas, todas en la marcha.

Brazier se come el mundo en dos vueltas

El 800 seguía huérfano de estrellas tras el adiós de Rudisha, que oficialmente nunca lo fue pero nadie le espera ya, y para muestra un botón: de la final de Londres 2017 no repetía ni un solo en la de Doha, aunque esta vez el favorito al oro parecía capacitado a dominar las dos vueltas durante mucho tiempo. A Donavan Brazier le salió la carrera con la que llevaba soñando toda la temporada: rápida, a ritmo de mitin, con todos en fila y sin codazos, con él colocado al hombro del líder a la espera de asestar el golpe definitivo. Así llegó el primer oro de Estados Unidos en la historia del 'ocho'.

El puertorriqueño Wesley Vázquez estiró el grupo desde el inicio como si fuera una liebre. Buscaba el desgaste del personal, pero llegó después que el suyo. A falta de 280 metros Brazier le quitó las pegatinas y se fue disparado a por el récord yanqui, que también es ahora el de los campeonatos: 1:42.34. Luego llegarían el bosnio Amel Tuka y el keniano Ferguson Rotich para bajarle del podio, e incluso el estadounidense Bryce Hoppel, que cierra 2019 con 41 carreras, el título universitario y un cuarto puesto mundial.

Una pértiga de infarto

Armand Duplantis y Sam Kendricks protagonizaron un concurso de pértiga para ver con palomitas embelesado ante el televisor. Primero el norteamericano había tenido que esperar hasta el último intento para franquear 5.87 y seguir en la pelea por el oro. Después fue el sueco, con 19 años y ya campeón de Europa, quien sobrepasó 5.92 en su tentativa definitiva. En 5.97 los dos sufrieron para pasar sin más oportunidades. Y en 6.02, ya exhaustos, se limitaron a aplaudirse cuando derribaron por tercera vez el listón. Kendricks ganó su segundo oro por la diferencia de nulos totales, Duplantis estrenó su palmarés mundialista con la plata y Lisek, que pudo con 5.87 pero no con 5.92 ni 5.97, se llevó en forma de bronce su tercera medalla mundial.

La pesadilla de Huihui Lyu

La china Huihui Lyu llegaba a Doha como favorita al oro tras batir por varias veces este año el récord de Asia y lanzar la jabalina por encima de 67 metros con relativa facilidad. Incluso en la clasificación había sobrepasado esa barrera, que debía valerle al fin el primer Mundial de su carrera, tras casi diez años peleando por el podio con el mayor éxito de una plata en Pekín 2015. Pero en la final, una vez más, la presión el jugó una mala pasada y Lyu volvió a quedarse muy lejos de su nivel, sin pasar siquiera de 66 metros (65.49), viendo como su compatriota Shiying Liu se colgaba la plata (65.88) y la australiana Kelsey-Lee Barber el oro (66.56).