Beitia es única

Beitia celebra su triunfo. /
Beitia celebra su triunfo.

La cántabra, campeona una vez más, primera saltadora de altura que gana tres medallas de oro en unos Europeos

FERNANDO MIÑANA

Ya hace un tiempo que Ruth Beitia es la mejor atleta española de todos los tiempos. Pero no se ha detenido. Impulsada por su deseo casi enfermizo de agarrar una medalla olímpica antes de darle la espalda a la colchoneta, ha seguido avanzando devorando todo lo que se pone a su alcance. Ya sea un trofeo con forma de diamante, lo nunca visto en España, o un tercer título europeo al aire libre, lo que no había logrado nadie jamás, ni hombre ni mujer, en el salto de altura.

La santanderina, esta vez sin tener en la grada a Ramón Torralbo, el entrenador que la programa cada temporada con la precisión de un relojero, no tembló en una final extraña, sin rivales con historia con las que compartir la presión. Ella había ganado los dos últimos títulos y ella era la favorita. Pero no titubeó con ese nulo sobre 1,93. A partir de ahí se puso la capa de Super Beitia y no dio más concesiones: superó el 1,93 al siguiente intento, el 1,96 a la primera y el 1,98 (cinco centímetros por encima de su marca del año) a la primera.

Ese último salto fue definitivo. Beitia, plantada a nueve pasos de la colchoneta, estiró el brazo derecho, oteó el camino hacia el listón mientras movía los dedos de la mano con la velocidad de un pianista, un gesto que repiten los espectadores, y esbozó una sonrisa mientras le hablaba a su mente, mientras se convencía de que ahí estaba un nuevo triunfo, la medalla número 13 entre Europeos y Mundiales. No falló. En el estadio olímpico de Ámsterdam, donde hace quince años se proclamó campeona de Europa sub-23. Ya sólo le queda la medalla olímpica. Pero eso tendrá que ser en Río dentro de un mes.

Un vistazo rápido haría pensar que no tenía rivales. Pero no es así. Beitia llegaba con la novena marca en una temporada en la que no se han asomado por el ranking las rusas, que no podían competir en Ámsterdam, o Vlasic. Sólo faltó la polaca Licwinko. Y las dos contrincantes que aguantaron sin nulos hasta el 1,98, donde frenaron en seco, la búlgara Demireva (26 años) y la lituana Palsyte (23), son las atletas del presente y del fúturo. Ambas son subcampeonas del mundo júnior.

La cántabra tiene mucha más edad, 37, y empieza a tener una relación casi maternal con muchas compañeras, encantadas de lanzarse a los brazos de la simpática atleta española. Beitia nació 19 años antes que una de las finalistas, la checa Hruba, pero adora el atletismo y la competición. Y el deporte le devuelve tantos años de entrega de manera tan generosa que la saltadora ya casi lleva una 50% de efectividad: trece medallas en 27 finales.

Beitia, la madurez hecha atleta, abraza su tercera medalla de oro en los Europeos, como las leyendas, como sólo han sido capaces de hacer 20 deportistas más en 82 años de historia de la competición: trece hombres y siete mujeres. Ya lo dijo la víspera, no tenía miedo al trece. Me encanta. Con mi madre juego el 11.113».

Hortelano puede con todo

Bruno Hortelano ha llegado desde Estados Unidos, desde Ithaca, en el estado de Nueva York, donde vive después de licenciarse con un expediente sobresaliente como ingeniero biomédico, para arrasar con algunos de los complejos que conserva el atletismo español. El velocista acabó primero con ocho años de historia del récord de España de los 100 metros de Ángel David Rodríguez y en dos días en Ámsterdam derribó otro mito y se convirtió en el primer español en una gran final en la prueba más mediática.

Su cabeza privilegiada le volvió a ayudar sobre el tartán. Hortelano es un competidor magnífico y lo demostró en la final. Corrió durante 70 metros entre los tres primeros y acabó en un meritorio cuarto puesto con un tiempo de 10.12 (el tercero mejor de su vida), a cuatro centésimas del bronce de Vicaut, el favorito que se vio derrotado por el holandés Churandy Martina.

Hortelano no acaba aquí su labor de 'cazafantasmas'. Este viernes vuelve a la carga en la prueba, los 200 metros, que en realidad ha preparado esta temporada. Por la mañana disputó las series a lo grande. «He hecho una salida bastante progresiva, he corrido del 70 al 150 y luego me he encontrado muy cómodo, me he visto primero y lo he dejado». El plusmarquista de 100 y 200 no tiene miedo a esta sucesión de carreras. «(En Estados Unidos) he doblado bastantes veces, incluso más pruebas. He llegado a hacer seis carreras en dos días». Este viernes espera estar en la final (20:35 horas, Teledeporte y Eurosport) para ganar una medalla y batir el récord de España.

El chasco, Ureña

No todo fueron alegrías. La segunda jornada de los Europeos también dejó momentos tristes. El más agrio fue el momento en el que Jorge Ureña, que iba a ritmo de medalla y mínima olímpica en el decatlón, hizo tres nulos en el lanzamiento de disco. El atleta de Onil había empezado la segunda jornada con su mejor marca en los 110 metros vallas (13.95 con -1.0 m/s), un resultado que le aupaba al segundo puesto provisional. Pero ya lo dice el mítico Antonio Peñalver, el decatleta que ganó una medalla en los Juegos de Barcelona: «La transición más complicada es de las vallas al disco».

Su paisano y amigo Eusebio Cáceres también probó el amargo trago de los tres nulos. El saltador no quiso especular en la final de longitud que volvió a ganar el invencible Greg Rutherford (campeón de Europa, del mundo y olímpico) y arriesgó, sin éxito, en busca de la mínima para Río.

La murciana Úrsula Ruiz acabó décima en la final de peso (17,24), el mejor resultado de siempre para una española en esta prueba. Y dos españoles más lograron meterse en una final: Sergio Fernández, que ganó su semifinal de los 400 m vallas (49.20), y David Bustos, que entró en la repesca en los 1.500.