Maialen cumplió su promesa con Ane: ya es oro

Ane saluda a su madre. /
Ane saluda a su madre.

A los 33 años, tres después de ser madre, consigue cambiar el bronce de Londres por el oro de Río

ÍÑIGO ARISTIZABAL

21 años después de aquel cursillo de verano logró su sueño. Maialen Chourraut, natural de Lasarte-Oria, encontró en Río, a los 33, el oro olímpico. Dominó de modo autoritario la final de K1 de piragüismo slalom y demostró que podía ser madre y mantener su gen campeón ante el presidente del COI, Thomas Bach; y José Perurena, presidente de la Federación Internacional de Piragüismo. Y así, en el día grande, no falló para cumplir la promesa que le había hecho a Ane, su hija. Sería medallista en Río. La pequeña Etxaniz, fruto de su matrimonio con su entrenador y marido, Xabi, que le hacía indicaciones cerca de Ane; Raquel, la cuidadora de la pequeña; y sus padres, Txelo e Iñaki, en la grada.

Por tercera vez consecutiva, Maialen Chourraut comparecía en unos Juegos Olímpicos. «He conocido el fracaso y la gloria, a ver cómo se da esta vez», anticipaba. En Pekín 2008 se saltó una puerta y cayó eliminada, con lo que ocupó la decimosexta posición. En Londres 2012 consiguió la medalla de bronce y en Río 2016 logró el oro, ese que con el que soñaba. En la serie clasificatoria tuvo un susto en la primera bajada: se saltó una puerta y puso en peligro seguir en Río el primer día, algo que enmendó en el segundo descenso. Autoconfianza y una promesa por cumplir.

A la palista guipuzcoana nunca le tembló el pulso o la voz en los días previos al estreno. «Aspiro a oro, luego no sé si lo conseguiré o no, porque el slalom es un deporte en el que puede pasar de todo. Es el sueño y lo que nos motiva, pero decir que voy a por el oro no significa que lo vaya a conseguir. El circuito es exigente, la competición será muy apretada y hay muchas candidatas que también han entrenado duro», aseguró. Sus últimos resultados respaldaban que era «posible» un oro. «En los dos últimos años en casi todas las pruebas he conseguido medallas», avisó. En las pruebas de Copa del Mundo, seis medallas de ocho participaciones desde 2014 -con tres triunfos-, el título de campeona de Europa el año pasado y además fue quinta en el Mundial. «Estoy segunda en el ranking internacional, igual que estaba antes de los Juegos de Londres», afirmó.

Y eso que Maialen ha sufrido un cambio importante, ya que fue madre en 2013 con Etxaniz. «Este ciclo olímpico ha sido completamente distinto. A nivel de organización cambia todo, aunque la preparación ha sido la misma y se ha visto que estoy en el buen camino», explicó.

Entrenando embarazada

Prolongó sus entrenamientos lo máximo posible durante el embarazo. Después de la maternidad ha recuperado el máximo nivel y recuerda otros ejemplos sin necesidad de salir de su deporte: «Cuando Jessica Fox tenía dos años, su madre fue bronce en Atlanta. Hilgertova fue madre con dieciocho años y después ganó en Atlanta y Sídney. Oblinger-Peters tiene dos hijos y por poco no se ha clasificado... Se puede competir y hacerlo bien, aunque organizarse no es fácil».

En la semifinal salió quinta, aseguró plaza sin arriesgar mucho pero logrando el tercer crono con 101.83, tan solo superado por la austríaca Corinna Kuhnle y la británica Fiona Pennie. En la final completó una bajada portentosa de poderío y precisión con un crono de 98.65. «No tengo ni idea de lo que hecho. No tuve buenas sensaciones, pero creo que era por la tensión», explicaba tras fundirse en un abrazo con algunas de sus rivales y amigas. Faltaban por salir dos contrincantes, pero parecía imposible que le quitaran el primer puesto del cajón. Sacó más de tres segundos a la sorprendente plata, la neozelandesa Luuka Jones (101.82); y a la australiana Jessica Fox (102.49), subcampeona en Londres y la gran favorita como ella misma decía en los días previos: «Es mi rival directa. Este año en todas las bajadas ha estado entre las tres primeras. Hace poco ganó el Mundial sub 23 en K-1 y C-1, tiene ya diez títulos del mundo. Está fuerte, es rápida y tiene la cabeza muy bien amueblada».

Ni siquiera ella pudo robarle su premio. Con el oro colgado al cuello dijo: «Aún no lo he asimilado, no me lo creo. El objetivo era la final, lo hemos hablado en casa. Ha salido el plan». «Hubo mucha tensión estos días. No me lo puedo creer. Ahora toca disfrutar del momento y de la familia que tanto ha sufrido», decía con un ojo mirando a Ane, a la que le dio incluso un pequeño bocadillo entre pruebas. Madre de oro, sin duda.