Kevin De Bruyne: la magia del 'diablo rojo' con cara de ángel

Criado entre África y Europa, tuvo que marcharse a Alemania para convertirse en una estrella tras los rifirrafes que sufrió con José Mourinho durante su época como jugador del Chelsea

De Bruyne, una de las estrellas de la potente selección belga.//Efe
De Bruyne, una de las estrellas de la potente selección belga./ / Efe
IBAN GARBAYO

Hay futbolistas que tienen que entrenar durante toda una vida para llegar a ser grandes sobre el césped. Sin embargo, hay otros que gozan de un talento natural desde su infancia. El internacional belga Kevin De Bruyne estaría en el segundo grupo. El futbolista del Manchester City nació en Drongen, submunicipio de la ciudad de Gante, el 28 de junio de 1991. Desde que era niño pasó largas estancias en África. Su madre nació en Burundi porque su abuelo era un importante inversor petrolero. También en Londres, donde residía la familia de su madre. A los cuatro años comenzó a jugar al fútbol en su ciudad natal. A la edad juvenil ya era visto como una de las grandes promesas del fútbol belga. De Bruyne debía dar un paso al frente y entre todas las ofertas que disponía sobre la mesa se decantó por la prestigiosa academia del KRC Genk.

No fue un periodo fácil. Con 14 años tuvo que abandonar su hogar y solo podía visitar a su familia los fines de semana. Sin embargo, aprendió a manejarse solo rápidamente y a gestionar lo poco que ganaba. Una anécdota cuenta cómo su padre -que siempre ha velado por los intereses de su hijo- tuvo que entrar a un campo de fútbol durante su etapa juvenil para obligarle a salir del mismo tras perder un torneo de fútbol. Pese a su cara de niño y de no haber roto un plato, De Bruyne siempre ha sentido una especial obsesión por la pelota y una ambición sin límites.

Poco a poco se fue abriendo paso por las categorías inferiores del Genk hasta que llegó a debutar en mayo de 2009 en un encuentro de la Primera División belga frente al Royal Charleroi. Sufrió una contundente derrota por 3-0, pero no importaba. El relevo generacional belga -tan necesario- estaba ya en marcha y su nuevo elenco de estrellas (Eden Hazard, Thibaut Courtais…) comenzaban a asomar la cabeza.

Tras más de tres temporadas en el Genk y bajo la lupa de numerosos ojeadores hizo las maletas y puso rumbo a Alemania. Concretamente al Werder Bremen. Su gran temporada en el conjunto belga llamó la atención de los todopoderosos -económicamente hablando- clubes ingleses. El Chelsea se hizo con sus servicios en enero de 2012 a cambio de ocho millones de euros y lo dejó al año siguiente a préstamo en el club germano. Su gran año en Alemania le abrió definitivamente las puertas de los 'blues', pero cuando parecía que todo era un camino de color de rosas su suerte cambió. De Bruyne no tuvo éxito en el Chelsea y apenas gozó de oportunidades. Los enfrentamientos dialécticos -principalmente de su padre- con José Mourinho tampoco ayudaron a enderezar la situación y el futbolista tuvo que abandonar el Chelsea a mitad de 2014.

Sus cualidades nunca fueron un problema para no encajar en el conjunto londinense. Excompañeros como Juan Mata o César Azpilicueta lo definen como un jugador «que cuando aterrizó tuvo un gran impacto. Llegador, con una gran capacidad de pase, con gol, con capacidad física y sacrificio para defender también cuando lo necesita el equipo». En conclusión, un futbolista con todas las cualidades necesarias para ser una estrella a nivel mundial.

Entonces De Bruyne ficha por el Wolfsburgo en un traspaso de más de 20 millones de euros. Con todo el futuro por delante, la temporada 2014-2015 se destapa como la gran sensación de Alemania. Se convierte en el máximo asistente y es nombrado mejor jugador de la Bundesliga. No se sabe en qué estaría pensando el Chelsea. Más aún cuando hace las maletas y vuelve a Inglaterra de la mano de Pep Guardiola y el Manchester City tras pagar unos 75 millones de euros. «En Alemania creció muchísimo. Cambió un poco la posición y su forma de interpretar el juego. Cuando vino al City explotó definitivamente», explica Juan Mata.

Callado y tímido

Dejando lo futbolístico de lado, Kevin De Bruyne es una persona callada -puede parecer tímido- que pasa bastante desapercibido en el día a día. Uno de sus momentos más difíciles se produjo tras verse envuelto en un sonado 'lío amoroso'. Thibaut Courtois (entonces en el Atlético de Madrid e íntimo amigo de Kevin) tuvo un romance con la que fuera novia de este, Caroline Lijnen. En teoría ambos ya no estaban saliendo y la joven tuvo una relación con el portero como venganza tras la publicación de una biografía del media punta belga donde desvelaba que le había sido infiel con una amiga suya de la infancia. Los cimientos de la selección belga temblaron.

En la actualidad, De Bruyne está casado con Michele Lacroix, con la que tiene un hijo. Es un hombre familiar al que le gusta escaparse y disfrutar de la vida en familia, lejos de la burbuja del mundo del fútbol y el show mediático que implica. Además, muestra una gran implicación en apoyar a personas con problemas de discapacidad mediante grandes donaciones. A su vez, tiene una marca de ropa en asociación con la firma 'Cult Eleven'. Bajo el nombre de 'KDB' destina parte de las ganancias a una organización que se llama 'Specials Olympics', una organización deportiva internacional que organiza eventos deportivos con personas con discapacidad intelectual.

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