Análisis

Zidane comienza a enseñar la puerta de salida

Gareth Bale, sentado en el banquillo de Butarque. /EP
Gareth Bale, sentado en el banquillo de Butarque. / EP

Bale, que sólo disputó nueve minutos ante el Leganés, se cae del casting del marsellés, que tampoco endereza su relación con Ceballos y Marcos Llorente

Óscar Bellot
ÓSCAR BELLOTMadrid

Tomarle el pulso a la plantilla y preparar la revolución con cierto sosiego, además de tenderle un capote a Florentino Pérez, fueron las razones por la que Zinedine Zidane aceptó regresar en marzo al Real Madrid en lugar de en verano, como hubiese sido lógico para un técnico tricampeón de Europa. Once partidos para elaborar la lista de altas y bajas, testando las debilidades del plantel a la vez que se peinaba el mercado en busca de la voracidad competitiva perdida. Un casting en toda regla, por mucho que el francés desdeñe la expresión, que se aproxima a su ecuador con algún que otro actor principal y varios secundarios cada vez más fuera de los planes del director, que dejó varios señalados en la visita a Butarque que terminó con un nuevo tropiezo de un equipo desinflado sin objetivos a la vista.

Por el estadio del Leganés pasó como un fantasma Gareth Bale, al que Zidane dejó en el banquillo de inicio por segunda vez desde su retorno. Titular en los dos primeros duelos de la nueva legislatura del marsellés, que disputó íntegros, el '11' ha visto declinar su presencia en los tres últimos. Suplente en la derrota del Real Madrid en Mestalla, relevó en el minuto 64 a Marco Asensio con su equipo obligado a una remontada que no pudo culminar. Regresó al once frente al Eibar, con el Santiago Bernabéu cebado una vez más con él, intrascendente hasta que en el minuto 77 dejó su puesto a Kroos. En Butarque, vuelta al banco, con media hora de calentamiento de un futbolista al que no le gustó que Zidane eligiese a Lucas Vázquez para el primer cambio. Una diana ante el Celta es el magro balance del galés desde que cruzó de nuevo su camino con el del francés, que le perdió la fe en su anterior periplo como timonel.

Zidane se pasó sus dos primeras temporadas defendiendo a capa y espada la hoy extinta 'BBC', pero en la tercera sentenció a Bale, harto de las desconexiones del futbolista llamado a tomar el testigo de Cristiano Ronaldo. Una lesión de la que se recuperó días antes le había facilitado la labor a la hora de dibujar el once de la final de Cardiff. El galés reconoció que no estaba para jugar 90 minutos en su ciudad natal y sólo disputó el tramo final cuando relevó a Isco. Pero la grieta no hizo sino agrandarse el curso siguiente, cuando el ex del Tottenham dejó de ser intocable. Suplente de nuevo en la final de Kiev, su irrupción por Isco resultó determinante para abrochar la 'decimotercera' con un doblete. Zidane le quería fuera del equipo, pero Florentino Pérez, que por entonces reivindicaba su acierto al pagar 101 millones por el extremo cinco años antes, le blindó. Fue el galo el que se marchó y el club le asignó el lugar en el escalafón del fugado Cristiano.

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Consumada la marcha del francés, Bale le envió varios recados. «No diría que Zidane y yo éramos los mejores amigos», manifestó en febrero. «Gareth quería jugar de una manera y Zidane quería jugar otra. Esa fue la causa y con el tiempo empeoró», explicaba mientras tanto su agente, que una vez conocida la vuelta de Zizou reivindicaba el deseo de su protegido de permanecer en el Real Madrid. No será así. Bale encabeza la lista de estrellas con las que hacer caja a que aludió su entrenador la víspera del choque con el Leganés.

Falta de sintonía

Tampoco ha variado el panorama para otros dos futbolistas que lo pasaron mal en la anterior estancia de Zidane como técnico del Real Madrid. Dani Ceballos y Marcos Llorente ni saltaron al césped de Butarque. El utrerano abrió con buen pie su nueva etapa al servicio del galo, con 27 minutos frente al Celta y 90 ante el Huesca, partido este último en el que incluso hizo un gol. «El cambio de entrenador parece que ha funcionado», dijo tras el triunfo ante el conjunto gallego, resaltando la «confianza» que le había dado ese día. Meses antes se había descolgado con una rajada sobre el preparador, reprochándole la falta de oportunidades en una primera etapa en la que apenas disputó 899 minutos repartidos en 22 encuentros. «Si seguía Zidane estaba claro que buscaría una salida», indicó un centrocampista por entonces feliz al servicio de Julen Lopetegui. Pero desde aquel partido ante el Huesca, Ceballos no ha vuelto a contar para Zidane, que tampoco le dio la alternativa en Butarque, escenario de uno de los episodios más cuestionados de la anterior campaña cuando tuvo que pedirle perdón por meterle a falta de 29 segundos para que concluyese un duelo contra los pepineros.

Al igual que su compañero en la medular, Marcos Llorente meditaba su salida del Real Madrid cuando supo de la marcha de Zidane el pasado 31 de mayo. No congeniaron en los tiempos del Castilla y tampoco contó mucho para el preparador en el curso 2017-2018, pese a que venía de completar una extraordinaria temporada en el Alavés. 21 partidos y 1.154 minutos para un mediocentro que vivió sus mejores días con Santiago Solari, que sí vio en él a un pivote de jerarquía capaz de pelearle el puesto a Casemiro y al que las lesiones frenaron en el peor momento, justo después de ser elegido el mejor jugador de la final del Mundial de Clubes, con gol incluido. Desde que se reencontró con Zidane, sólo ha jugado 79 minutos, ante el Huesca, y las palabras del técnico antes de viajar a Butarque dejaron entrever una posible salida del hijo de Paco Llorente: «Necesita jugar más porque eso le va a venir bien». Otro que parece caerse del casting como Mariano, fuera de la lista ante el Leganés al igual que Brahim, cuya juventud aconseja una cesión.