Talento semiaprovechado

Zlatan Ibrahimovic. /
Zlatan Ibrahimovic.

La indisciplina ha impedido que la carrera de Ibrahimovic tuviera el rango que merecía

PEDRO LUIS ALONSOMálaga

A sus 34 años Zlatan Ibrahimovic aún parece peleado con el mundo. Su imagen rebelde y sus actos de indisciplina han lastrado una carrera que de otra forma le hubiera colocado entre los más grandes de la historia de este deporte. El líder de la selección sueca, criado en Malmoe, aunque de orígenes bosnio-croatas, será recordado posiblemente por ser el futbolista de más de metro noventa (1,95, en su caso) que mejor coordinación ha demostrado para la práctica de este deporte.

El delantero del París Saint-Germain puede presumir de haber ganado ligas con cinco clubes distintos (Ajax, Inter, Milan, Barcelona y, ahora, en Francia) y de haber generado desembolsos que suman la friolera de 170 millones de euros con los sucesivos traspasos vividos en su carrera. Sin embargo, existe una opinión generalizada de que podría haber llegado a más, a la vista de sus portentosas cualidades. Su pasado como cinturón negro de taekwondo le ha dado una habilidad innegable para intentar maniobras y controles casi imposibles con el balón lejos del piso, y su calidad técnica en otra suerte de ejecuciones y la potencia de su golpeo es asombrosa. Pese a ello, ha sufrido enfrentamientos personales con muchos entrenadores (quizás el caso más sonado con Pep Guardiola, en su etapa de azulgrana) y ha convivido mal en vestuarios en los que no se siente el líder indiscutible.

No es el caso de la selección de Suecia, donde está dejando cifras históricas de partidos (111) y goles (62), con un promedio realizador casi excelente, de algo más de una diana cada dos encuentros. Desde 2002 y, con la excepción de los dos últimos Mundiales (2010 y 2014), ha estado presente en todas las fases finales (tres Eurocopas y dos campeonatos del mundo) sin pasar del techo de los cuartos de final, logrados en Portugal 2004). El combinado nórdico pende de su talento y se construye orientado a potenciar sus virtudes.

Amante de los coches de lujo y asiduo todos los años a la lista del Balón de Oro (nunca uno de sus tres finalistas), durante los últimos meses han sido continuas las especulaciones acerca del futuro profesional de Ibracadabra, ya que acaba contrato con el PSG, donde parece haber cubierto un ciclo. Si reemplazan la Torre Eiffel por mi estatua, me quedaré, lo prometo, ha llegado a afirmar en su habitual tono jocoso, aunque su indisciplina a los sistemas de juego y su edad hacen ya difícil que pueda recalar en otro grande europeo.