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La 'antítesis' del futbolista moderno

Julen Colinas se despide este viernes de la Cultural, un club en el que, en apenas año y medio, ha logrado hacer historia y marcharse por la puerta grande, dejando un profundo cariño en toda la afición leonesa

Julen Colinas. /Peio
Julen Colinas. / Peio
DANIEL GONZÁLEZ
DANIEL GONZÁLEZ

Ni peinados extravagantes, piernas sin depilar y con botas negras, las de toda la vida. Y, además, sus redes sociales apenas tiene actividad. Julen Colinas no es el prototipo de futbolista moderno. Es un jugador diferente, ni mejor ni peor, pero que ama el sabor del fútbol añejo, del de antes.

Pese a ser natural de San Sebastián, Julen se ganó el corazón de todo León y de toda una afición a base de casta, esfuerzo y entrega. Y ese es el futbolista que hoy se ha despedido de la Cultural con cierto 'secretismo', con una rueda de prensa convocada a toda prisa, sin que el aviso llegara a algunos medios, como el que están ustedes leyendo, y sin posibilidad para que la afición pudiera despedirse de él.

Quizá se merecía un adiós mejor. Porque no era uno más. Julen era uno de esos jugadores que todo el culturalismo conocía y adoraba. Era una de las figuras en las que siempre había consenso: siempre en el equipo. ¿Y cómo ha logrado ganarse tanto cariño en un momento en el que en el fútbol se ven tantas excentridades? Simplemente, con naturalidad.

Naturalidad dentro y fuera del campo. Porque en el campo nunca buscaba su protagonismo, buscaba el bien común, sin dar una voz más alta que la otra, sin protestar ni una sola vez. Era la naturalidad hecha futbolista, un jugador que se preocupaba de luchar con el alma cada balón. Fuera del campo, era el mismo. Un tipo entrañable, agradable y que no escatimaba en saludos ni palabras para nadie, algo muy de agradecer en los tiempos actuales.

El fútbol el debía una y a una persona tan honesta se la acabó devolviendo. Aquel 28 de mayo, después de haberse quedado a una tanda de penaltis de ascender el año anterior, logró ascender a la Cultural a los cielos de la Segunda, logró que León tocara la gloria con un golpeo poco ortodoxo pero efectivo. Como es él, un jugador que no es un 10, salvo en esfuerzo, pero es un 8 en todo.

Creo que nadie olvidará a Julen Colinas en León. Y creo firmemente que ha entrado de lleno en la historia del club. En solo un año y medio, después de aquel culebrón veraniego para forzar su salida del Lleida, Julen se ha ganado el corazón de León, algo nada sencillo. Por ello, todo lo bueno que le ocurra provocará una pequeña sonrisa también en la afición de la Cultural. ¡Agur, Julen!

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